La guerra en Medio Oriente se vincula a un escenario más amplio de rivalidad entre Estados Unidos y China, contexto donde la energía juega un rol fundamental, de acuerdo con la estratega de geopolítica y transición energética del Instituto Berggruen, Olivia Lazard.
En una entrevista por escrito con DF, tras exponer en el programa Transformación 2026 de Boma Chile, la experta que ha trabajado para la ONU y la Unión Europea plantea que la seguridad energética y la cobertura serán clave para navegar en un escenario marcado por la geopolítica y el cambio climático.
- ¿Qué lectura hace de la guerra y la tensión en torno a recursos estratégicos como el petróleo?
- Estados Unidos es un petroestado que intenta rivalizar con la creciente preeminencia de China como electroestado. Estamos en medio de una profunda rivalidad de época respecto de modelos económicos, tecnológicos y sociales representados por estos dos polos. La guerra entre EEUU e Irán puede leerse de distintas maneras. Para Estados Unidos, se trata de obtener el mayor control posible sobre los mercados de hidrocarburos, para asegurar su posición dominante como proveedor energético y como actor cuyas acciones pueden moldear las fluctuaciones de precios a nivel mundial.
Hay otro aspecto en juego: Venezuela e Irán son dos proveedores clave de hidrocarburos para China. Atacarlos tiene efectos disruptivos indirectos para China. EEUU está respondiendo a la instrumentalización por parte de China de las cadenas de suministro de minerales generando disrupciones en las cadenas de suministro de hidrocarburos.
Pero, en general, lo que el conflicto está revelando es que la confianza en los hidrocarburos está disminuyendo. Las tecnologías renovables, la energía nuclear y la geotermia se están convirtiendo en fuentes preferidas de provisión energética.
En Chile, “en términos de su propia seguridad energética, el alza del precio del Brent hace más favorable la inversión en tecnologías de redes y transiciones dentro de sus sectores minero y de transporte”.
-¿Estamos entrando en una fase donde la seguridad de suministro pesa más que la eficiencia económica en la industria energética?
- Seguridad energética es el nombre del juego. En un mundo caracterizado por la rivalidad entre sistemas, la lógica heredada de cadenas de suministro globalizadas orientadas a la eficiencia económica es solo un factor a considerar. Anticipar riesgos, activación de cuellos de botella e instrumentalización de las cadenas de suministro es esencial. Eso requiere comprender las reglas y lógicas ocultas de la rivalidad sistémica actual.
- ¿Los países y empresas buscarán depender menos de los hidrocarburos?
- La historia nos dice que los mercados y políticas energéticas cambian radicalmente tras shocks de esta magnitud. Se anticipa una carrera de corto plazo por hidrocarburos seguida de una ola de reorganización energética, tanto en términos de mercados como de matrices y tecnologías.
El impulso hacia las energías renovables y otras fuentes energéticas ganará velocidad y racionalidad económica rápidamente. Los hidrocarburos generan externalidades ecológicas; además, desperdician enormes cantidades de energía durante su uso, aunque anteriormente tenían competitividad en términos de precio. Ese ya no es el caso.
Los argumentos ecológicos, económicos y de negocios están cuestionando la lógica de los hidrocarburos en la economía global. La clave sigue siendo acelerar la innovación para sectores difíciles de descarbonizar, como la industria pesada. Espero que eso también se acelere.
-¿Habrá cambios en infraestructura y rutas comerciales?
- La lógica de cobertura y resiliencia están de vuelta. Las rutas logísticas se volverán más diversificadas. Las reservas energéticas están siendo reconstruidas. La refinación podría recibir nuevas formas de inversión en cuencas distintas al Golfo y Asia.
En lugar de racionalizar el sistema global por razones de eficiencia de costos, distintos países y regiones buscarán cómo construir resiliencia mediante estrategias de cobertura. El mundo se volverá más volátil por razones geopolíticas y también vinculadas al cambio climático.
El lugar de Chile
- Por un lado, Chile es importador neto de petróleo y, por otro, tiene potencial y ha venido avanzando en energías renovables. ¿Cómo evalúa su posición?
- Un país como Chile seguirá ganando preeminencia debido a un impulso más rápido hacia las energías renovables y la digitalización. Y en términos de su propia seguridad energética, el alza del precio del Brent hace más favorable la inversión en tecnologías de redes y transiciones dentro de sus sectores minero y de transporte.
Aprovechen este momento para su propio país, pero también para la región en general. Las tecnologías renovables requieren una mirada distinta sobre la seguridad energética, fortaleciendo el argumento a favor de inversiones y tecnologías regionales y conectivas, en lugar de enfoques únicamente basados en cada país.
- ¿Cómo ve a Chile en el marco del reordenamiento geopolítico?
- La presión sobre Chile aumentará porque es uno de los corazones palpitantes de las transiciones gemelas debido a sus industrias del litio y del cobre. La demanda del mercado crecerá, pero ya no es un campo ampliamente abierto. Las potencias establecidas podrían intentar generar presiones por razones políticas y competitivas que no tienen nada que ver con los propios intereses de Chile.
Por eso, es interés de Chile activar conversaciones con otras potencias medias como Europa, Canadá, Japón y otros actores para explorar cómo crear un polo de potencias medias, pese a las diferencias. Se necesita una nueva forma de diplomacia tras las rupturas geoestratégicas y las consecuencias del conflicto que emanan de ellas.