Las posibilidades de un conflicto de corta duración, con un efecto transitorio en la economía mundial, comienzan a diluirse. El estancamiento de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, en medio de un alto al fuego pero con un persistente bloqueo del estrecho de Ormuz, está conduciendo a una modificación del escenario de consenso, que hasta hace poco coincidía con la perspectiva de Donald Trump acerca de un “pronto” final de la guerra.
Moody’s Analytics fue uno de los primeros en asumir un cambio en el rumbo de las perspectivas. En un informe publicado la semana pasada, cuando propuestas y contrapropuestas para un acuerdo de paz quedaban descartadas, señaló: “Nuestro nuevo escenario central asume una disrupción prolongada y significativa en el estrecho de Ormuz durante el otoño (boreal)”.
El reporte liderado por el jefe de estrategia de crédito de la clasificadora, Ning Loh, planteó que “existen pocas perspectivas de un acuerdo rápido y duradero entre Estados Unidos e Irán” y, con ello, “la disrupción del transporte marítimo a través del estrecho se ha transformado en una restricción estructural de oferta para los flujos globales de energía, más que en un shock temporal de suministro”.
“Revisamos nuestra proyección para el petróleo y ahora esperamos que el Brent permanezca sobre US$ 100 por barril incluso después de la reapertura del estrecho, promediando finalmente US$ 96 por barril en 2026”, indican en JPMorgan.
En ese marco, también consignaron que “incluso si el paso seguro por el estrecho se restableciera dentro de los próximos seis meses, el mercado petrolero seguiría restringido por la oferta, con precios de la energía persistentemente más altos y volátiles y efectos colaterales más amplios sobre costos, demanda y condiciones de financiamiento para prestatarios expuestos”.
Particularmente, estiman que “con unos precios sostenidos del Brent de entre US$ 90 y US$ 110 por barril, estimamos reducciones del crecimiento del PIB real de entre 0,2 y 0,8 puntos porcentuales para varias de las principales economías”.
El viernes JPMorgan hizo lo propio, señalando que “persisten restricciones físicas y sigue habiendo escasa visibilidad sobre la reapertura del estrecho de Ormuz”. Aunque el mayor banco estadounidense sigue apostando por un desbloqueo relativamente cercano de la vía marítima, señalan que esta probabilidad se ve favorecida por el deterioro que está generando su cierre.
“Nuestro escenario base es que la acelerada caída de inventarios petroleros forzará la reapertura del estrecho en junio, aunque el mercado requerirá un anuncio creíble y ratificado conjuntamente, como una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”, se lee en el reporte encabezado por el jefe de Estrategia Multiactivos de JPMorgan, Fabio Bassi.
“Revisamos nuestra proyección para el petróleo y ahora esperamos que el Brent permanezca sobre US$ 100 por barril incluso después de la reapertura del estrecho, promediando finalmente US$ 96 por barril en 2026”, agregan.
Cruda realidad
La Agencia Internacional de Energía (AIE), que tempranamente calificó la situación como “la mayor crisis energética de la historia”, en su más reciente reporte mensual -también publicado la semana pasada- indica que “las reservas mundiales de petróleo ya se están reduciendo a un ritmo récord”, por lo que “es probable que se produzca una mayor volatilidad en los precios antes del período de máxima demanda estival”.
De acuerdo a un reporte de UBS, citado por CNBC, las reservas de petróleo, que a finales de febrero alcanzaban máximos de una década en 8.000 millones de barriles, a fines de abril cayeron a 7.800 millones, mientras que calculan que se reducirán a mínimos históricos de 7.600 millones a fin de mes.
Este lunes, el jefe de investigación de materias primas y derivados de Bank of America (BofA) señaló a Bloomberg que su mejor escenario contempla que el precio del petróleo Brent promedie US$ 90 durante el resto del año, añadiendo que podrían haber más alzas si persiste el estancamiento de las negociaciones entre EEUU e Irán o si se reanudan los ataques.
Para el experto de BofA, hay un problema matemático evidente: “Nos faltaban entre 14 y 15 millones de barriles al día, un 14% o un 15%, de lo que necesitamos para que los precios se estabilicen y bajen a US$ 60 o US$ 70 el barril”, referenciando el valor del crudo previo al inicio del conflicto el 28 de febrero.
Ante este escenario, un reporte de Societe Generale (SocGen), publicado este comienzo de semana, indicó que los mercados petroleros están operando bajo una “apariencia de estabilidad”, aunque el sistema subyacente sigue estando “sumamente sometido a presión”.
En el reporte liderado por el jefe de investigación de FIC y materias primas, Mike Haigh, precisó que “los inventarios están disminuyendo rápidamente”, agregando que aun cuando Ormuz reabriera a inicios de junio, las complejidades de las cadenas de suministro para poner en marcha más petróleo -que incluye el tránsito de buques cisterna, la descarga, el refinado y la distribución- implicaría un retraso adicional para una normalización de al menos 52 días.
Por supuesto, la situación podría empeorar. “Un escenario de ‘escalada’, en el que los precios del petróleo superen los US$ 150 por barril, implicaría escasez física, interrupciones en la cadena de suministro y consecuencias recesivas”, señaló un informe de Morgan Stanley citado por el Financial Times.