Tal como anticipaban las encuestas, Tisza -el partido del opositor Péter Magyar-, se corornó como el ganador de las elecciones en Hungría, poniendo fin al mandato de Viktor Orbán tras 16 años en el poder.
Según la Oficina Electoral de Budapest, con el 90% de los votos escrutados, Tisza contaba con el 69% de los escaños parlamentarios, frente al 28% de Fidesz -el partido de Orbán-. Con ello, obtuvo la supermayoría en el parlamento del país, lo que le permitirá cumplir con las ambiciosas promesas de desmantelar el sistema autodenominado iliberal del ahora exprimer ministro.
De acuerdo con medios locales, la alta participación apuntaba desde un inicio a dischos resultados, pues según los últimos datos disponibles a media hora del cierre de urnas, se registró una participación de 77,8% del total de 7,5 millones de electores registrados.
"Juntos desmantelamos el sistema de Orbán", declaró Magyar ante sus eufóricos seguidores en un escenario tras su victoria. "Liberaremos Hungría y recuperaremos nuestro país", agregó.
Tras los resultados, Orbán reconoció su derrota en las elecciones legislativas y felicitó a su rival por el resultado. "Para nosotros el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos otorgado la responsabilidad de gobernar", dijo ante sus seguidores y agregó "no se nos ha confiado la responsabilidad y oportunidad de gobernar. Felicito al partido ganador".
Cambios para Hungría
Si los resultados se terminan de confirmar, el fin del mandato de Orbán tendrá importantes implicaciones tanto para Hungría como para la Unión Europea (UE) y Ucrania.
Probablemente, supondrá el fin del papel antagonista de Hungría dentro de la UE, lo que podría abrir el camino a un préstamo de 90.000 millones de euros (US$ 105.000 millones) a Ucrania, que había sido bloqueado por Orbán.
También podría significar la eventual liberación de los fondos de la UE a Hungría que el bloque había suspendido debido a lo que Bruselas calificó como la "erosión de los estándares democráticos" por parte del primer ministro.
A su vez, la salida de Orbán privaría al Presidente ruso, Vladímir Putin, de su principal aliado en la UE y causaría conmoción en los círculos de la derecha occidental, incluida la Casa Blanca.
En el mismo país, el resultado podría allanar el camino para unas reformas que, según Tisza, tendrían como objetivo frenar la corrupción y poner fin al retroceso democrático del que la UE lleva tiempo acusando al primer ministro.
Sin embargo, el alcance de dichas reformas dependerá de si finalmente Tisza consigue la mayoría constitucional de dos tercios necesaria para revertir gran parte del legado del actual líder.