Tal como anticipaban las encuestas, Tisza -el partido del opositor Péter Magyar-, se corornó como el ganador de las elecciones en Hungría, poniendo fin al mandato de Viktor Orbán tras 16 años en el poder.
Con el 60% de los votos escrutados, el partido de Magyar estaría obteniendo 136 escaños, frente a 56 para Fidesz -la formación de Orbán-. De confirmarse, Magyar lograría la ‘"supermayoría" parlamentaria, es decir, más de dos tercios del Parlamento, lo que le permitirá gobernar sin depender de alianzas.
De acuerdo con medios locales, la alta participación ya apuntaba a dicho resultados, pues según los últimos datos disponibles, a media hora del cierre de las urnas, se registró una participación de 77,8% del total de 7,5 millones de electores registrados.
"Somos optimistas y tenemos cautelosas esperanzas", señaló Magyar en un primer discurso ante miles de sus seguidores, quien también agregó que "Hungría ha vuelto a hacer historia; según los últimos datos de participación, más de 6 millones de húngaros han votado", ante el récord histórico de participación.
Tras los resultados, el ahora exprimer ministro reconoció su derrota en las elecciones legislativas y felicitó por la victoria a su rival. "Para nosotros el resultado es doloroso pero ha dejado claro que no nos otorgado la responsabilidad de gobernar", dijo ante sus seguidores y agregó "no se nos ha confiado la responsabilidad y oportunidad de gobernar. Felicito al partido ganador".
Cambios para Hungría
Si los resultados se terminan de confirmar, el fin del mandato de Orbán tendrá importantes implicaciones tanto para Hungría como para la Unión Europea (UE) y Ucrania.
Probablemente, supondrá el fin del papel antagonista de Hungría dentro de la UE, lo que podría abrir el camino a un préstamo de 90.000 millones de euros (US$ 105.000 millones) a Ucrania, que había sido bloqueado por Orbán.
También podría significar la eventual liberación de los fondos de la UE a Hungría que el bloque había suspendido debido a lo que Bruselas calificó como la "erosión de los estándares democráticos" por parte del primer ministro.
A su vez, la salida de Orbán privaría al Presidente ruso, Vladímir Putin, de su principal aliado en la UE y causaría conmoción en los círculos de la derecha occidental, incluida la Casa Blanca.
En el mismo país, el resultado podría allanar el camino para unas reformas que, según Tisza, tendrían como objetivo frenar la corrupción y poner fin al retroceso democrático del que la UE lleva tiempo acusando al primer ministro.
Sin embargo, el alcance de dichas reformas dependerá de si finalmente Tisza consigue la mayoría constitucional de dos tercios necesaria para revertir gran parte del legado del actual líder.