Más de ocho millones de húngaros acudirán a las urnas este domingo para elegir a los 199 integrantes del nuevo Parlamento, el cual -a su vez- definirá al primer ministro del país. Quien ha detentado esa posición por 16 años, Viktor Orbán, se enfrenta a una difícil prueba, con varias encuestas poco auspiciosas para su partido, el Fidesz.
Siguiendo una tendencia que se arrastra hace meses, en su último reporte 21 Research Institute le da 37% de las preferencias a la oficialista Unión Cívica Húngara (su nombre en español), mientras que se queda con un contundente 56% el Tisza, partido formado en 2020 y actualmente liderado Péter Magyar (de 45 años), quien dejó las filas orbanistas apenas en 2024.
La competitiva elección ha captado ls atención internacional. De hecho, en medio de duras negociaciones por la guerra en Medio Oriente, esta semana visitó Budapest el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, para respaldar a una de las figuras clave de la derecha populista a nivel mundial.
Un viejo amigo de Putin
Orbán (de 62 años) -quien se reunió con José Antonio Kast como Presidente electo en febrero pasado- es uno de los principales aliados de Donald Trump en Europa, donde -por cierto- preocupan más sus sólidos vínculos con la Rusia de Vladimir Putin, que condicionan las posturas de su país respecto a la guerra en Ucrania.
“Las elecciones son importantes para la dinámica interna de la Unión Europea. Hungría ha utilizado repetidamente su posición para retrasar o modificar decisiones colectivas, en particular sobre el apoyo financiero a Ucrania. Esto ha generado fricciones dentro de la UE , donde la unanimidad sigue siendo necesaria en cuestiones clave de política exterior”, señala el director de los programas para Europa, Rusia y Eurasia en Chatham House, Grégoire Roos.
De acuerdo al experto, “una victoria electoral de Orbán probablemente intensificaría los llamamientos de Alemania y otros países para introducir el voto por mayoría cualificada en la UE , con el fin de minimizar el poder de decisión de Budapest”, mientras que “un cambio de liderazgo podría reducir los bloqueos húngaros”.
En una línea similar, el think tank Stockholm Centre for Eastern European Studies señala en un informe la relevancia geopolítica de la elección de este domingo. “Una clara victoria de la oposición ofrece perspectivas para restablecer una participación constructiva de Hungría en la política de la UE respecto a Ucrania”, aseveran.
Referéndum del modelo
En la interna, se juga la extensión por dos décadas, hasta 2030, del modelo “iliberal” de Orbán.
Fue en un discurso de 2014 que el primer ministro húngaro adoptó ese concepto -acuñado por el politólogo Fareed Zakaria en 1997-como eje de su proyecto político. Con él, defiende un Estado fuerte, con valores nacionales y un rol más activo en la economía, sobre todo en sectores estratégicos.
Tal modelo, que también enarbola la soberanía y la resistencia a las restricciones externas, ha mostrado sus limitaciones, según Roos. “Las presiones económicas se han hecho más evidentes. La inflación ha mermado el poder adquisitivo y las finanzas públicas están más ajustadas que en ciclos electorales anteriores”, explica.
En ese marco, el Tisza de Magyar se presenta como una alternativa de restauración institucional. Para ello, propone reconstruir los contrapesos democráticos y reducir la influencia política sobre la economía.
Su programa enfatiza además la transparencia, el fortalecimiento del Estado de derecho y la normalización de relaciones con Bruselas, alejándose de la retórica soberanista confrontacional de Orbán.