Los comicios presidenciales llevados a cabo en Perú el pasado 12 de abril aún esperan por su desenlace definitivo. Aunque la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, aseguró rápidamente su cupo en el balotaje, la incógnita respecto a quién sería su rival quedó abierta.
La incertidumbre la generaron entre 5.300 y 5.600 actas observadas, equivalentes a más de un millón de votos, en circunstancias en que el postulante de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, y el representante de Renovación Popular, Rafael López Aliaga, han estado separados por menos de 100.000 sufragios en diferentes momentos del conteo.
El panorama se ha comenzado a despejar esta semana, cuando el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) comenzó las proclamaciones descentralizadas de los resultados, paso previo a la proclamación nacional que tendrá lugar a más tardar este viernes 15 de mayo.
En el proceso en curso, y hasta el cierre de esta edición, Fujimori alcanzaba el 17,18% de las preferencias, seguida de Sánchez con el 12,01%. Relegado a la tercera posición, quedó el exalcalde de Lima, con el 11,91%.
“El proceso ya está prácticamente concluido y la diferencia estadística y matemáticamente es irreversible, a favor del candidato Roberto Sánchez en relación con el señor López Aliaga”, detalló a DF el académico de ciencia política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Alonso Cárdenas.
Dejando atrás a otros 36 postulantes, la cifra más alta registrada en Perú, la carrera al Palacio Pizarro no asoma fácil para sus dos competidores.
De cara a la segunda vuelta del 7 de junio, Ipsos muestra en su más reciente sondeo un empate técnico entre Fujimori y Sánchez, con un 38% de intención de voto para cada uno.
Ante ese panorama, los protagonistas del balotaje enfrentan desafíos de distinta naturaleza.
38% marcan ambos candidatos en la más reciente encuesta de Ipsos.
Conquista de Lima
Por un lado, Sánchez llega respaldado por el voto de regiones. Como se esperaba, obtuvo un buen resultado en el sur, mientras que sorprendió su positivo desempeño en el norte, destacando en esa zona “la sierra de la Libertad y la de Piura, donde el voto de izquierda era prácticamente inexistente”, indicó Cárdenas.
Así, la estrategia de campaña del candidato izquierdista está focalizada en la conquista de Lima, donde mostró mayor debilidad, quedándose apenas con el 4% de los votos en primera vuelta, resultado insuficiente para ganar los comicios del 7 de junio.
El avance del seguidor del expresidente Pedro Castillo es visto con preocupación por el mercado. La confianza empresarial a corto plazo cayó en abril a su nivel más bajo en casi dos años, según un informe del banco central publicado este mes. Los bonos y la moneda de Perú también han tenido un desempeño inferior al de sus pares en las últimas semanas, según lo consignado por Bloomberg.
“Se ha producido un marcado deterioro, impulsado principalmente por la incertidumbre electoral y el temor a un cambio radical en la forma en que se gobierna el país”, declaró el exministro de Hacienda, Luis Miguel Castilla.
Reducir el antivoto
En la vereda del frente, Keiko Fujimori debe encarar al antifujimorismo.
“Su estrategia es ir reduciendo el antivoto. La señora Fujimori es muy resistida por la gran mayoría de los peruanos. En las tres últimas elecciones ella perdió en segunda vuelta por lo que se denomina como antifujimorismo”, indica Cárdenas, quien agrega que en esta ocasión juega a su favor el hecho de que hubiera una candidatura más a la derecha, como era la de López Aliaga, lo que contribuyó a posicionarla como una postulante más cercana al centro político peruano.
Cabe recordar que la representante de Fuerza Popular llega por cuarta vez consecutiva a una segunda vuelta.
En 2011, frente a Ollanta Humala, aparecía en un escenario competitivo e incluso liderando algunas mediciones finales con 41% versus 39%, aunque terminó perdiendo por poco más de dos puntos. En 2016 alcanzó su mejor posición histórica: llegó al balotaje contra Pedro Pablo Kuczynski con 52,6% de intención de voto y como clara favorita, pero finalmente fue derrotada por apenas 0,24 puntos porcentuales.
En tanto, en 2021 partió en desventaja frente a Pedro Castillo -31% versus 42%- aunque logró acortar significativamente la brecha durante la campaña antes de volver a caer por un margen mínimo.
Se diluye la denuncia de fraude
En medio de la definición electoral, López Aliaga ha insistido en que hubo un fraude electoral. Incluso este domingo aseguró que detrás del complot había agentes internacionales, incluida “la gente de Boric”, refiriéndose al expresidente chileno.
Sin embargo, el exalcalde de Lima no ha sido capaz de presentar pruebas de su denuncia, mientras que observadores internacionales, de la Unión Europea y de la Organización de Estados Americanos (OEA), han descartado esa alternativa.