Financiamiento, el talón de Aquiles de las scaleup chilenas
Actores del ecosistema local concuerdan en que falta mayor interés de los inversionistas en apostar por emprendimientos de alto impacto, obligando a estas empresas a buscar financiamiento en el extrajero.
Por: Álvaro Vergara
Publicado: Lunes 7 de diciembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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De acuerdo con un estudio realizado por Endeavor y el Centro de Innovación UC, las scaleups -emprendimientos que crecen a tasas de 20% anual- han aportado un 40% del empleo creado en Chile en los últimos tres años, pero representan sólo el 1% del total de las empresas del país.
Realidad que para los actores del ecosistema pasa por un factor en especial: las dificultades en el acceso a financiamiento.


Las scaleups tienen “una ventaja única, son grandes generadores de empleo en el corto plazo, y a la vez, son capaces de dinamizar y diversificar la matriz productiva de nuestro país”, dice el vicepresidente ejecutivo de Corfo, Pablo Terrazas.
Añade que el acceso a financiamiento “es clave” para su crecimiento, porque les permite escalar e impactar en el desarrollo de Chile”.
El término scaleup fue acuñado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para referirse a empresas que han crecido a un ritmo anual superior a 20% en número de empleados o facturación durante los tres anteriores ejercicios, y que vendrían a ser el siguiente paso de las startups que tienen como objetivo esencial el escalamiento a mercados internacionales.
Para el director de Endeavor Research, Joao Melhado, los bancos locales tienen dificultades para entender qué es una scaleup, y como estas empresas generalmente no tienen garantías físicas para entregar, a diferencia de otras firmas tradicionales, “las condiciones para obtener créditos en general son malas”.

Melhado también observa que la industria de venture capital (capital de riesgo) chilena aún no alcanza grados importantes de madurez, ya que cuenta con pocos y pequeños fondos de inversión. Por eso, las empresas que logran escalar exitosamente en su mayoría están respaldadas por fondos extranjeros.
SoyMomo
Es el caso de SoyMomo, firma que partió en 2016 con la idea de adaptar y crear tecnología 100% pensada para niños. A la fecha ha logrado crecer a más del doble durante todos sus años de operación, incluyendo presencia en España y Alemania.
Su financiamiento inicial provino de los emprendedores y de aportes de Corfo a través de un capital Semilla. “Con eso pudimos comenzar los desarrollos y fabricación de los primeros dispositivos”, cuenta su fundador, Aníbal Madrid.
Añade que a medida que fueron creciendo, lograron levantar más capital y convertirse en una empresa rentable capaz de trabajar con deuda de los bancos.
Pero advierte que para llegar ahí “hay harto trabajo por hacer a nivel país”, ya que la banca generalmente no “presta plata” a los emprendimientos en etapas iniciales, y cuando prestan es muy poco. “Nosotros hemos visto limitado nuestro crecimiento en algún minuto por la dificultad de acceso a financiamiento”.

Madrid señala que hoy, existir como empresa en Chile es fácil, hay caminos para partir un proyecto, “pero el desafío real viene a la hora de hacer que una startup pase de vender
$2 millones a vender $5 o $10 millones”, afirma. Y ahí, cree que el rol del Estado tiene que estar enfocado en impulsar que inversionistas extranjeros inviertan en las firmas chilenas, “lo que se puede hacer mediante incentivos tributarios o con apalancamientos con los fondos de inversiones chilenos”.
SimpliRoute
La scaleup, que incorpora inteligencia a la logística mediante un software de modelos matemáticos para gestionar flotas de vehículos y que este año ha crecido 2,5 veces en ventas, ha tenido una experiencia similar en materia de acceso a financiamiento.
Partieron en 2015 con un paso por Start-Up Chile de Corfo, que les aportó US$ 40 mil para comenzar a validar la idea. Luego, a medida que empezaron a crecer, llegaron a Estados Unidos donde lograron levantar US$ 500 mil en dos ocasiones, “y este año llegamos a hacer nuestra serie A por US$ 3 millones con inversionistas de Miami, principalmente”, cuenta el CEO, Álvaro Echeverría.
Desde su visión, el acceso a financiamiento “es un poco más fácil”, ya que el ecosistema chileno “está mucho más maduro que hace cinco años. Hay redes de inversionistas ángeles más consolidadas y Corfo está mucho más integrado con su capital Semilla y Start-Up Chile”.
Pero repara en que aún sigue siendo un ecosistema pequeño, y en ese sentido, cree que el rol del sector privado es “clave” para la siguiente etapa. “Si miramos a Estados Unidos, nunca ha habido aporte público, es el privado el que constantemente apuesta por comprar y vender participación en distintas startups. Para los inversionistas iniciales genera una cantidad de capital adicional muy alta en ventas, y eso los motiva”.
Zippedi
En 2017 Zippedi desarrolló un robot autónomo para monitorear el estado de las góndolas en supermercados a través de la captura de imágenes que luego se transforman en datos. Su financiamiento inicial provino de sus fundadores y de aportes del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), y de Corfo que les entregó cerca de $200 millones en total.
Con presencia en Colombia y EEUU, y un crecimiento de 80% en ventas durante 2020, su cofundador, Ariel Schilkrut, ha podido observar que para que una scaleup funcione debe lograr la internacionalización. “Es muy difícil crecer a esos ritmos dentro de Chile, y el nivel de inversión que se necesita para entregar a los financistas el retorno que esperan requiere sí o sí de capitales extranjeros”, sostiene Schilkrut.
Dice que el capital para partir las ideas generalmente está, ya sea por parte de actores como Corfo o los fondos de inversión de venture capital que entran en etapas tempranas del desarrollo de las empresas, “pero cuando se necesita reunir montos más grandes para competir a escala global, del orden de US$ 10 o US$ 20 millones, es casi imposible conseguirlo en Chile”.
Para avanzar hacia un mayor desarrollo del ecosistema local, señala que debe haber mayor interés del sector privado.
“Las inversiones institucionales de las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones), por ejemplo, están muy restringidas a activos más tradicionales, cuando en el extranjero suelen ser aportantes de fondos de venture capital”, dice.
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