Que Nigel Farage, arquitecto del Brexit, aliado de Donald Trump y líder del partido que encabeza las encuestas, pase el verano discutiendo con un tacho de basura es un guion sólo posible en Inglaterra.
Los residentes de Clacton-on-Sea, en Essex, tendrán que elegir el próximo 13 de agosto a su nuevo representante en el Parlamento después de que Farage renunciara a su curul sólo para postularse nuevamente. Hasta ahora su único contrincante en la papeleta es el “Count Binface”, o “Conde Tacho de Basura”.
Hasta ahí el episodio es novedoso, pero no imposible en un país con larga tradición de sátira política. El caso tomó otra dimensión desde que la candidatura de Binface comenzó a ganar terreno en las encuestas. Un sondeo de Ipsos publicado el 10 de julio reveló que 33% de los ingleses prefiere que gane Binface -que propone recortar el precio de los helados y eliminar el VAR del fútbol- versus un 21% a favor de Farage.
Es un duro golpe para el hombre que hace unos meses se perfilaba como próximo primer ministro, apenas colapsara el gobierno laborista. ¿Cómo pasó Farage de arrebatar el dominio de la derecha al histórico Partido Conservador a competir contra un tarro de basura?
La historia arranca con un problema de plata. Farage está bajo investigación del comisionado parlamentario de estándares por no declarar un regalo de £5 millones de un multimillonario de las criptomonedas radicado en Tailandia, además de presuntos regalos a Reform UK de un financista con antecedentes penales.
Farage niega haber cometido irregularidades. Harto del escrutinio decidió apostar por su capital político. Renunció a su escaño -lo que obliga a llamar a una nueva elección para llenarlo- bajo la idea de convocar a los electores de Clacton a ser “los jueces de sus actos”. En 2024 ganó ese distrito con el 46% de los votos.
Pero su estrategia no contaba con la respuesta de la oposición. Laboristas, conservadores, demócrata-liberales, verdes y hasta el más nuevo de los movimientos, Restore Britain (más a la derecha de Reform), boicotearon la elección por considerarla una “farsa”.
Entra en escena el Conde Binface. El alter ego del comediante Jon Harvey es un “guerrero espacial intergaláctico de 5 900 años del planeta Sigma IX” cuyo casco es un tarro de basura y cuyo lema es “Make Earth Great Again”. Lleva años postulando con propuestas como obligar a los ciclistas infractores a andar en monociclo. Su argumento de campaña en Clacton es simple: “No soy Nigel Farage”.
El propio Binface reconoce que tiene bajas probabilidades de ganar. El electorado de Clacton sigue identificándose, dicen las encuestas, con la agenda de derecha nacionalista de Reform. Pero cada voto que le quite a Farage debilitará más su apuesta futura a liderar el gobierno.
El timing no podría ser peor. Reform lidera las encuestas sin interrupción desde abril de 2025 y arrasó en las municipales de mayo. Pero su ventaja se redujo en siete puntos, quedando apenas dos sobre los laboristas, ante el ascenso de Andy Burnham, el “Rey del Norte”. El exalcalde de Mánchester se alista a suceder a Keir Starmer como líder laborista y primer ministro: su contundente victoria en la elección legislativa del 18 de junio lo perfiló como la esperanza del centro y la izquierda para desafiar a Reform en las urnas.
Además no hay que descartar un futuro político para Binface. Como recuerda Richard Toye, profesor e historiador de la Universidad de Exeter: “Hay otra ironía en la elección en Clacton. El propio Farage pasó gran parte de su carrera política siendo tildado de político marginal o excéntrico antes de convertirse en una de las figuras más influyentes de la política británica moderna”.