Mi madre relata a quien quiera escucharla que algunas semanas después de que ella pariera al hermano que me sigue, me tuvieron que llevar al médico con gran preocupación por una persistente y notoria cojera. Un niño bueno y sano se había transformado de la noche a la mañana en un cojito para angustia de mis padres. Luego de una serie de exámenes y una exhaustiva revisión recibieron un tranquilizador diagnóstico médico: celos. Cuento esto como una forma de reconocer que nadie está libre de realizar acciones buscando desesperadamente llamar la atención. En mi defensa, en ese momento yo tenía sólo 2 años y no era Presidente de la República.
No tienen otra explicación las continuas invectivas de Gabriel Boric contra Donald Trump y en menor medida contra el Presidente electo, José Antonio Kast. En su último intento de llamar la atención trató a Trump y a su administración como alguien que permanentemente vulnera el derecho internacional y la misma dignidad humana. Y de pasadita trató de serviles a quienes buscan congraciarse con el Presidente estadounidense. Independiente de lo que uno opine de Trump y de aquellos que lo felicitaron por la captura del dictador venezolano, es indiscutible que el trato que Boric les da es sumamente ofensivo e inapropiado. Por supuesto Trump no contestó, como nunca ha contestado a los diversos intentos de Boric de entrar en su radar.
Trump puede ser detestable, la mentira permanente a flor de labios, el matonaje contra todo lo que se mueve y un desprecio manifiesto por la democracia y sus formas. Pero es el Presidente de Estados Unidos. Y mientras Gabriel Boric sea el de Chile debe poner los intereses del país antes que los suyos, ya tendrá tiempo para tuitear todo el día si quiere sobre lo humano y lo divino desde marzo en adelante. En este momento nos representa a todos y esa debiese ser su única prioridad. No deja de ser tragicómico que estemos en las postrimerías de su Gobierno y quede tan patente que nuestro Presidente nunca pareció entender de qué se trataba el cargo que detenta.
Nunca es buen momento para cometer un desacierto, pero hay momentos peores que otros. Y este es de los malos. Es totalmente entendible y atendible que el Presidente Boric salga a defender el derecho internacional, el día que las autoridades dejen de hacerlo estará definitivamente muerto (hoy agoniza). Pero una cosa es la hipocresía propia del poder y otra es perder los papeles y el sentido de realidad. La acción de Trump -muy probablemente contraria al derecho internacional- no sólo ha permitido la caída de Maduro y la consiguiente liberación de muchos presos políticos, sino que existe hoy la opcionalidad de terminar con el régimen chavista y recuperar la democracia para Venezuela. Naturalmente esto no está escrito en piedra y hay múltiples escenarios, pero hoy hay una posibilidad y eso es nuevo y esperanzador.
Hay múltiples maneras de defender los principios sin necesidad de exponerse (y exponernos) a una represalia del ideático y visceral presidente norteamericano. Pero para ello hay que levantar un poco la mirada y dejar de lado las pulsiones ideológicas, ambas cosas que a nuestro Presidente le son bien esquivas. Especialmente en momentos en que su poder se evapora y que la cojera de estos últimos dos meses se hace cada vez más evidente cuanto todas las miradas están en Kast. En esto último yo lo entiendo perfectamente al señor Presidente: celos.