Steinert, 54 días después
El mismo lío con la PDI que no la soltó y apuró su caída, ahora la sacó de su silencio, aunque sea por escrito. Y nos la trajo de vuelta porque pocazo se conocía de en qué estaba, con quiénes conversa, si hay diálogo o no con La Moneda, y qué va a ser de ella.
Por: Sebastián Minay
Publicado: Sábado 11 de julio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Las pesquisas hasta ahora arrojan que durante las siete semanas y cinco días que han pasado desde que debió dejar el Ministerio de Seguridad Pública, Trinidad Steinert Herrera ha intercambiado palabra al menos en dos ocasiones con la primera dama, Pía Adriasola. Se alternaron para iniciar cada uno de ambos diálogos.
No hay pistas que indiquen que haya vuelto a hablar con el Presidente José Antonio Kast.
La última vez que los vimos juntos fue ese 19 de mayo. El ritual de despedida y agradecimiento del mandatario luego de que ella y la ex vocera Mara Sedini perdieran sus carteras. Las elogió porque enfrentaron situaciones y asumieron cargos “difíciles”. También les dijo cosas como “Trini y Mara, tengan siempre claro que van a contar con este Presidente, con este gabinete”, o “sigan siempre teniendo claro que aquí estamos y que contamos con ustedes también”.
Después él la aludió una vez, durante la ronda de entrevistas televisivas del fin de semana de la Cuenta Pública. Lejos de asumir errores de ella o suyos, cuando le preguntaron por qué la había sacado arguyó una “situación muy álgida de debate político que impedía avanzar” y que “si estábamos discutiendo si la ministra podía exponer un PowerPoint o no, o si estaba citada una y otra vez al Parlamento, no nos dejaba concentrarnos”.
La cuestión de cuándo volverán a conversar a fondo -y para qué- está atada a la interrogante del futuro laboral de Steinert. Es uno de sus focos por estos días.
El otro es salir airosa del trance en que sigue envuelta a raíz de uno de los hilos rugosos que la atraparon durante casi todos sus 69 días en el cargo: su rol en la cadena de hechos aún no totalmente despejados en derredor de la destitución de la prefecta general Consuelo Peña, subdirectora de Inteligencia, Crimen Organizado y Seguridad Migratoria de la Policía de Investigaciones.
Saga que -no nos perdamos- se inició cuando se supo que a los dos días de asumida como ministra (13 de marzo) pidió al director de la PDI Eduardo Cerna un detallado informe que fundamentase por qué la prefecta general (r) había retirado a efectivos de la Brigada Antinarcóticos y contra el Crimen Organizado de una investigación para desarticular al Clan Chen, organización criminal china acusada de estafa y lavado de dinero en la Zona Franca de Iquique.
Fin del flashback: Steinert estaba trabajando con esos policías de su confianza cuando era fiscal regional de Tarapacá, y cuando los trasladaron intercedió infructuosamente ante el fiscal nacional, su entonces superior. Luego se vino del norte al ministerio, inquirió a Cerna vía el ahora famoso Oficio Reservado N°28; la respuesta la redactó Peña. El 20 de marzo la ministra se reunió a puertas cerradas con el director y el 22 se hizo oficial el despido de la subdirectora.
El mentado oficio es ahora pieza en disputa luego de que la Contraloría (CGR) dictaminara el pasado 1 de julio (ver línea de tiempo) que la entonces ministra actuó fuera de sus atribuciones legales. En disputa porque mientras parte de la oposición mostraba apetito por acusarla constitucionalmente, la abogada que Kast fichó a última hora y sin un robusto plan para una de sus promesas programáticas masticó el golpe, se sentó el fin de semana pasado a redactar 24 páginas enrostrándole de vuelta a Dorothy Pérez “errores de derecho” y otros tantos reproches (partiendo por la afrenta de no haberla notificado) en un escrito en que pide anular el fallo.
Dicho texto lo conocimos el martes 7. Steinert está decidida a tratar de dar vuelta este lance jugando en la cancha del derecho, que domina más que la política y las comunicaciones. Pero como ella no va a dejar pasar que hayan afectado su honra, no cejará en impugnar la ilegalidad de sus actos, y por otro lado se ve improbable que la CGR reconozca que se equivocó porque eso no le saldría gratis a Pérez… según esto avance la exministra podría terminar recurriendo de protección.
Con ella de vuelta en circulación pasan cosas. Una: las crecientes críticas de sus aliados en la derecha a Pérez. Dos: a diferencia del Presidente, varios de sus ministros y subsecretarios se han visto de un día para otro en la tesitura de mencionar seguido a Steinert, cuidando la distancia para no involucrarse en el lío con la CGR. Tres: mientras ella calibra la amenaza acusadora, a la oposición le faltan datos para resolver si (a) no lo hacen y se concentran en cobrar responsabilidades al Gobierno citando a una larga lista de nombres a una comisión especial investigadora, o (b) si hacen ambas cosas.
Mientras, la protagonista de esta nota ha sobrellevado en estos casi dos meses la resaca de su trastabillante paso por Teatinos 220. Un tagadá de episodios, planes que quedaron a medio camino, apuestas, errores, críticas, apoyos, emociones, sinsabores y algunas amarguras. También lecciones.
Remar sobre una tabla
Volvamos a las secuelas del 19 de mayo en el Salón Montt Varas. Pero antes: esos momentos en que con la primera dama -sentada entre ella y Sedini- se tomaron de las manos y se quedaron así mientras el Presidente hablaba. Adriasola le agradecía y le decía que contara con ellos, que mucha fuerza. Después le relataría eso a su gente, recordando que la esposa de Kast es el corazón de La Moneda.
Corte. Testigos rememoran que el impacto de su caída le golpeó fuerte. Pero que se recompuso rápido, ha mantenido la entereza. La describen serena pero preocupada de la tranquilidad humana y económica de sus hijas. Las circunstancias son las que son; venir de donde venía en marzo y salir de donde salió en mayo menguó su baraja de alternativas. Lo sabía desde antes.
“Ella tenía una carrera brillante, le quedaban seis años como fiscal regional. Asumió por un compromiso patriota”, explica alguien que la conoce bastante bien.
Asumido también ese alto riesgo de quemar sus naves, lo conversó con el Presidente cuando aceptó el ministerio. Después circularon versiones de que o él le había garantizado no dejarla atrás o que ella le había puesto esa condición. Más que compromiso o no, el punto no se pasó por alto.
Temprano quedó descartada una idea del Consejo de Defensa del Estado -independiente de sus méritos, entre sus consejeros hay ex autoridades de gobiernos anteriores- porque no toca pronto recambio. Volver al Ministerio Público se asume iluso, aunque entendidos recalcan su cercanía con el fiscal de Arica y Parinacota, Mario Carrera. En dicha unidad aún la recuerdan en muy buenos términos.
Sí ha circulado como alternativa casi desde el comienzo una agregaduría especializada en alguna misión en el extranjero. Esta posibilidad la han refrendado en privado en diversos momentos distintos conocedores con asiento en el aparato oficialista. Pero con la prevención de que toma tiempo. En los últimos días hay quienes suben un peldaño y ven que sería bien prudente esperar hasta el 19 de agosto, cuando ella quede fuera del alcance acusador constitucional de los tres meses.
En estas semanas Steinert ha podido recapitular, evaluar, reponerse y tomar aire. Es que casi no paró desde sus últimos días como fiscal, dicen amistades suyas que recuerdan con humor escenas como esta. Cuando acompañó a Kast a El Salvador -antes del cambio de mando- fue todo tan rápido que apenas alcanzó a llevar lo poco que tenía a la mano en Santiago, recién llegada del norte. Desde acá bromeaban con ella que el clima tropical del Planeta Bukele le clamaba por otra indumentaria.
Muy poco después de entregarle el cargo a Martín Arrau, se fue a pasar cinco o seis días en el departamento de sus padres en Zapallar. Por entonces o luego, su sucesor comenzó a remover a los restos de su equipo y borrar casi toda huella suya. Casi un damnatio memoriae. Su primer jefe de gabinete, Francisco Chambi, volvió a Iquique. Su ex jefa de asesores, Nicole Acuña, a Arica. Sigue en contacto con algunos de su ex equipo, no con todos.
Además de ocuparse de su futuro, en la capital ha estado acompañada de su familia, algunas amistades y un reducido anillo de confianza, entre los que se cuenta su ex subsecretaria de Prevención del Delito, Ana Victoria Quintana (PNL), quien también fue fiscal. Y habla seguido con su principal sostén político, el presidente del Partido Republicano, senador Arturo Squella. A él le tiene gratitud, la ha apoyado y aconsejado. Lo tiene por muy leal.
Cuando el fin de semana último se sentó a teclear el escrito en el que pide a Dorothy Pérez anular el dictamen del que se había enterado por la prensa porque no la notificaron (“omisión no es un descuido inocuo”, “compromete mi honra”, se lee en un pasaje) la asesoró su ex marido Rodrigo Irrázabal y otras personas de confianza.
Pero en el cotidiano hay poco flujo, se dice, con el grueso del aparato oficialista y el Gobierno. Pistas sueltas: el martes 7 le envió copia de su escrito a la CGR a Jorge Alessandri, presidente de la Cámara de Diputados, aunque no conversaron. Lo hizo después de ver que el día anterior él había inaugurado la temporada de caza a la institución (¿o a Dorothy?), que después siguió Squella.
Steinert venía de un mundo ajeno, sin redes partidistas, sin sus códigos, sin ese perfil que -como siempre pasa en estas cosas- te priva de un blindaje político razonable. Además, se dice que el trabajo de fiscal en zonas como en la que estuvo te puede poner un poco solitario.
A ella le gusta hacer deporte. Durante sus años en la regional Arica y Parinacota se aficionó al stand up paddle (SUP), una variante del surf oriunda de Hawaii: hay que mantenerse de pie sobre una tabla mientras se rema en medio del mar. En Santiago ha aprovechado de salir a caminar harto. A veces, cuando se ha topado en la calle con personas que la reconocen, hay algunas que le agradecen o le dicen que fue duro, que la política es así. Ella retruca: no tiene por qué ser así.
Pasar agosto
Por lo mismo, su gente cuenta que no se esperaba y no descifró a la primera por qué se armó una casi bola de nieve esta semana, por qué su nombre de nuevo atrae atención, si para ella esto es tan simple como haberse ido literalmente para la casa estos dos meses, sin decir nada. Otra voz tercia: ella ha aprendido de todo esto. Partiendo por su autocrítica. Que se equivocó en varias cosas, que debió transmitir mejor lo que estaba haciendo.
O que al final debió haber presentado y predicado el famoso plan de seguridad no más y listo, en vez de hacerle caso al ministro del Interior cuando -reiteran en su ex equipo, aunque hay otras versiones de esto- fueron a esa reunión de comienzos de mayo a exponérselo y salieron sin el vamos para difundirlo. Que eso le pasa por no conocer bien la política, por ser demasiado considerada.
En su círculo hay quien quedó con la impresión de que Palacio la apoyó poco. Y vuelven a recordar esa sesión especial nocturna en la Cámara de Diputados, leyendo un discurso impreso eterno de largo que ella llevaba subrayado y que se prestó para que la selva parlamentaria le terminara de bajar el pulgar.
O van más atrás, al verano. Cuando después de que el Presidente electo le verbalizara qué esperaba de ella al aceptar el cargo, nadie le haya hecho una inducción detallada, algo así como un equivalente a los pendrives de Piñera. Claro que hubo harta reunión en la OPE -dice esta versión-, pero más que nada contactos con las policías y planificar las primeras acciones, como la intervención a Cerro Chuño (Arica).
Ojo. A Steinert no le han escuchado nunca criticar al Gobierno ni menos rencores. Muy por el contrario, le tiene gratitud, incluso pese al corto tiempo y tanta intensidad. Tenía planes con fechas a las que no alcanzó a llegar: uno con el ministro Iván Poduje (Vivienda) para recuperar zonas tomadas, demoliciones, otros con temas portuarios. ¿Lo “otro”? Es parte de la política, si no ve que ha aprendido de lo vivido, pues.
Entremedio sus amistades recuerdan cuando rechazó ante la Comisión de Seguridad del Senado que detrás del Caso Peña se intentara “crear” una “historia paralela desde el punto de vista, digámoslo, amoroso, que nunca ha sido así”. Eso también se lo aclaró a su equipo al comienzo.
Steinert sí le avisó al Gobierno de su solicitud de reconsideración a Contraloría, porque una es y tiene que ser leal. Su meta es que quede claro que -desde su perspectiva- actuó apegada a las normas, que no hubo conflicto de interés, que nunca pidió acceso a la investigación en Iquique sino saber por qué le habían trasladado a los policías y que es inconcebible que el Ministerio de Seguridad no tenga tales potestades porque si no sería un mero coordinador. Si lo que pasó, ejemplifican en su lote, es como si al cirujano le quiten el equipo médico en plena operación a tajo abierto.
Todo eso está por verse. La oposición en la Cámara necesita reunir 62 firmas para echar a andar una Comisión Especial Investigadora (CEI). Su objetivo político es cobrar responsabilidades a La Moneda y que aclaren varias interrogantes. El pulso apunta a pedir que citen a ministros, subsecretarios, al jefe de asesores y el de contenidos del Segundo Piso, a parlamentarios, a Peña y por supuesto a Steinert. Ella ya tiene decidido ir. Cree que le conviene aclarar sus puntos y perspectiva ahí.
¿Suprimiría eso una acusación? Las pesquisas detectaron al menos dos tendencias en la oposición. Unos creen que si ella se ausenta sería un poco inevitable acusarla, pero que si asiste eso se podría diluir. Otros, que no se puede descartar acusarla porque no sabemos si nos toparemos con novedades en el camino.
El trazado de una saga inconclusa
26-27 de marzo
Los diputados Patricio Pinilla (DC), Tatiana Urrutia (FA) y Raúl Leiva (PS) piden oficiar a la Contraloría para que se pronuncie sobre la legalidad de los actos de la ministra Steinert vinculados a la remoción de la subdirectora de Inteligencia de la PDI Consuelo Peña.
6 de abril
El director de la PDI, Eduardo Cerna, asume la responsabilidad por la remoción de Peña. Ante la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputados afirma que fue en uso de sus facultades, alineándose así con el discurso oficial. No responde sobre el oficio reservado de Steinert a la PDI argumentando que era materia de Contraloría. Tampoco de su conversación con la ministra: estrictamente institucional y sujeta a reserva, dice.
7 de abril
En el programa Hablemos en Off de Radio Duna, el periodista Matías del Río revela que con ocasión de esa sesión, Cerna comentó con algunos testigos fuera de micrófono “que en el llamado por teléfono la ministra Steinert explícitamente le pidió que diera de baja a la subdirectora Consuelo Peña”.
10 de abril
Hablemos en Off lee al aire una declaración enviada por la Jefatura Nacional de Asuntos Públicos de la PDI: dichas afirmaciones “son falsas”. Los panelistas Matìas del Río y Nicolás Vergara refrendan -en vivo- que han confirmado el dato con diversas fuentes.
7 de mayo
“Si el informe viene mal, soy una mujer muy respetuosa del derecho”, dice la entonces ministra (Radio Infinita) ante la posibilidad de que el dictamen de la CGR fuese adverso, como ya circulaba a nivel de trascendidos. Pese a que se creía inminente y apuró el cambio de gabinete, eso no ocurriò.
Semana del 8 de mayo
Steinert y parte de su equipo se reúnen con el ministro del Interior. Le entregan un documento impreso de 80 u 81 páginas. Hay dos versiones. Una: era el famoso plan, pero por falta de visto bueno el staff de ella queda atado de manos para difundirlo. Dos: era el mismo texto que la ministra leerá la noche del 12 de mayo en el Congreso, y que antes había que revisarlo a fondo con terceros para no seguir abriéndose flancos.
12 de mayo
Con la presión encima, la ministra asiste a la Sesión Especial de la Cámara de Diputados a presentar su plan. La sala no da unanimidad para que exponga su PowerPoint y ella se resigna a leer un largo discurso escrito. El veredicto político empeora. Parlamentarios oficialistas confiesan en privado que se quedan sin margen para defenderla.
19 de mayo
“No esperaba hacer este cambio de gabinete”, reconoce el Presidente al terminar la ceremonia en que Steinert y Mara Sedini pierden sus cargos. Las reemplazan Martín Arrau y Claudio Alvarado.
26 de mayo
Una semana más tarde, Arrau remueve a casi todo el equipo Steinert: sus ex jefe de gabinete, jefa de avanzada, y dos abogados. Su ex jefa de asesores renuncia. Poco después, parte del escuadrón de abogados que había reclutado la exministra también deja el equipo.
2 de junio
Arrau remueve a la subsecretaria de Prevención del Delito, Ana Victoria Quintana, y al de Seguridad, Andrés Jouannet.
3 de junio
Quintana relata en el podcast Cómo te lo explico que “el plan se le entregó al Ministerio del Interior y ahí quedó”, que “No sé cuál fue el motivo”. Al día siguiente, el biministro Alvarado precisa que “yo también lo recibí y lo leí”, que no puede hacerse cargo de las “interpretaciones que algunos le puedan dar a lo que el ministro Interior hace o no hace”, y descarta que necesitaran de su autorización para darlo a conocer.
1 de julio
La CGR emite su esperado Dictamen D344/2026. Sobre el requerimiento de Steinert a la PDI, concluye “que la actuación analizada no se ajusta estrictamente a las atribuciones y funciones que el ordenamiento jurídico asigna a la autoridad ministerial de que se trata y no se aviene con su deber de abstención”.
2 de julio
Alvarado dice que el Gobierno respeta el dictamen “que reprocha una decisión que se tomó en su minuto por parte de la ministra y que la tomamos como referencia para que hacia adelante tener un actuar más cuidadoso en esta materia”.
3 y 4 de julio
Durante el fin de semana, Steinert redacta su solicitud de reconsideración a la Contraloría.
6 de julio
Comienza la ola contra Dorothy Pérez. El presidente de la Cámara, Jorge Alessandri, advierte que “algunos sienten que se está pasando de sus atribuciones”, citando lo que ha conversado con un algunos abogados entendidos en la materia. “Ojo con la Contraloría”, agrega.
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