La opción de subir la tasa de interés estuvo en la mesa de la reunión monetaria que sostuvo en marzo el consejo del Banco Central y tras la cual se decidió por unanimidad no hacer cambios.
Así lo evidenció la minuta con la descripción del análisis que se hizo en dicho encuentro, marcado por un escenario internacional de guerra en Medio Oriente y el fuerte aumento de los precios de la bencina y el diésel en el mercado local.
De hecho, algunos consejeros plantearon que la inflación subiría rápidamente hasta cifras de 4% anual justo tras haber finalizado un período prolongado en que había estado por sobre la meta.
Un cuadro, indicaron, que podía tener asociados riesgos que afectaran la persistencia del proceso inflacionario más allá de lo contemplado en el escenario central del banco, que asume una inflación hacia diciembre subiendo hasta 4%.
Un consejero afirmó que un alza preventiva podría contribuir a contener ese contexto de mayor persistencia, “pero que podría ser una medida prematura y costosa en un escenario tan incierto como el actual”. Otro integrante de la máxima instancia manifestó que discutir la opción de subir la TPM “debía ser interpretado como una forma de transmitir que, frente a un alza significativa y rápida de la inflación, los riesgos no estaban completamente balanceados”.
Sin embargo, agregó que la opción de mantener la TPM era la coherente con el escenario de incertidumbre que se enfrentaba, visión que se impuso al final del encuentro liderado por la presidenta del ente emisor, Rosanna Costa, e integrada por el Vicepresidente Alberto Naudon, Luis Felipe Céspedes, Claudio Soto y Kevin Cowan.