Por M. Fajardo/ m. Apablaza
Tras su elección en 2006 y 2009, el presidente Rafael Correa espera imponerse nuevamente este domingo en los comicios que se realizarán en Ecuador. Los sondeos le dan una gran ventaja frente a su principal contendor, el ex banquero Guillermo Lasso, con una ventaja promedio de 35 puntos porcentuales. Podría imponerse en primera vuelta y su Alianza País obtendría mayoría absoluta en el Congreso.
El desempeño económico relativamente bueno del economista contrasta con la inestabilidad política. Correa sufrió un intento de golpe de Estado, está enfrentado con los principales medios de su país y es criticado por su personalismo político.
La ventaja de Correa se avala en las buenas cifras económicas de su período (2007-2012) tales como una expansión continua del Producto Interno Bruto, aumento del salario mínimo, baja inflación, y un descenso en la pobreza y desempleo.
En contraste, han caído las reservas internacionales, la inversión extranjera y la exportación de petróleo, principal producto del país, en medio de altos precios del crudo.
Durante la administración de Correa, el desempleo ha caído de 8,8% a 5,8%. Sin embargo, según cifras oficiales, la mitad de la población económicamente activa (PEA) está en desempleo o labores informales (en Latinoamérica la informalidad alcanza el 47%, según la OIT).
La pobreza, en tanto, bajó entre 2007 y 2011 de 36,7% a 28,6%, mientras el salario mínimo real mensual subió de US$ 105 a US$ 144, según datos del Banco Mundial y Bloomberg, respectivamente.
La población se ha beneficiado de una baja inflación, con un promedio de 4,9% entre 2007 y 2011. Esta cifra se da en una economía que se dolarizó en 2000, tras una década con un promedio de inflación de 38%, que concluyó con una crisis financiera (1998-1999). Correa, a pesar de criticar la dolarización, no la ha revertido.
El PIB ha crecido a un promedio de 4,2%, y pasó de US$ 45.000 millones a
US$ 72.000 millones, mientras el Producto per cápita de
US$ 3.216 a US$ 4.759. Sin embargo, las reservas cayeron de
US$ 3.520 millones a
US$ 2.482 millones, según el banco central, mientras la inversión extranjera directa se redujo un 25%.
Otro factor clave han sido los precios del petróleo. Representa la mitad de las exportaciones del país y ha estado durante su mandato a un promedio de US$ 85 el barril. Sin embargo, la producción ha caído de 511.600 a 500.000 barriles diarios entre 2007 y 2011, mientras las exportaciones cedieron de un máximo de 421.700 b/d en 2005 a 333.400 b/d en 2011, según datos del CIA World Factbook. Esto en un contexto en que las exportaciones totales su multiplicaron un 343% entre 2002 y 2011, al pasar
US$ 5.036 millones en 2002 a US$ 22.322 millones en 2011, según el banco central.
Criticas a la gestión
A nivel político, Correa ha enfrentado algunos episodios en donde su autoridad como mandatario, su estilo político y su administración han sido cuestionados. Uno de los episodios más recordados fue el incidente que protagonizó en medio de una huelga de la policía ecuatoriana en septiembre de 2010 por motivos salariales. Correo dejó en claro que no iba a ceder y en un confuso incidente terminó herido y custodiado por policías en el hospital. Correa acusó a la policía de secuestro y golpe de Estado. Sus opositores lo llamaron un motín.
Una de las repercusiones de este episodio fue la disputa entre el presidente y el diario “El Universal”. Correa inició el juicio por una columna de opinión que lo acusó de haber ordenado disparar a discreción contra el hospital donde estuvo retenido. La Corte Nacional de Justicia (CNJ) confirmó la condena a tres años de cárcel y el pago de US$ 40 millones contra tres directivos del diario.
Las últimas críticas de la oposición nacieron en la campaña. Se lo acusó de utilizar recursos del gobierno para fines electorales.
Las críticas también se extienden a las elecciones legislativas luego que la comisión electoral (CNE) creara dos nuevos distritos en Guayas y Pichincha, dos de las zonas más populosas del país. Según sus críticos, con ello Alianza País asegura mayorías al diluir la influencia de la clase media y las áreas ricas, que son propensas a votar por los rivales políticos de la coalición gobernante.