Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, tiene previsto recurrir por primera vez a inversionistas externos con el objetivo de recaudar US$ 10.000 millones en una ronda de financiación que valoraría al fabricante de cohetes en US$ 130.000 millones antes de la inversión, según un informe publicado este miércoles por DealBook del New York Times.
Se espera que Coatue Management, una importante gestora de activos, lidere la ronda con un compromiso de US$ 4.000 millones, según el informe, que añade que Bezos aportará US$ 2.000 millones adicionales.
El informe se produce en un momento en que el interés de los inversionistas por las empresas espaciales se disparó tras la salida a bolsa de SpaceX el mes pasado, lo que elevó las expectativas sobre las valoraciones de las empresas aeroespaciales privadas.
Blue Origin no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios de Reuters.
SpaceX, cuyas operaciones abarcan cohetes, satélites e inteligencia artificial, alcanzó una valoración de aproximadamente US$ 1,75 billones (millones de millones) en su debut en el mercado público, tras recaudar unos US$ 86.000 millones en la mayor salida a bolsa del mundo, luego de años de recaudación de fondos para financiar las ambiciones espaciales y de inteligencia artificial de Elon Musk.
La lucha de Blue Origin
Fundada por Bezos en septiembre de 2000, unos 18 meses antes de que Musk fundara SpaceX, Blue Origin fue financiada en gran medida por el fundador de Amazon. Se adjudicó contratos multimillonarios con la NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos, entre los que se incluyen trabajos para el programa lunar Artemis y lanzamientos relacionados con la seguridad nacional, pero sigue estando muy por detrás de SpaceX en cuanto a frecuencia de lanzamientos e ingresos.
A diferencia de SpaceX, cuyo negocio de Internet por satélite Starlink se convertió en una importante fuente de ingresos, Blue Origin sigue centrada en los servicios de lanzamiento, los motores de cohetes y los programas espaciales gubernamentales.
El cohete de gran capacidad "New Glenn" de Blue Origin explotó durante una prueba de encendido estático en su plataforma de lanzamiento en mayo, lo que complicó sus esfuerzos por competir con SpaceX en el mercado de los lanzamientos comerciales. La empresa espera reanudar los lanzamientos este año.
También se sumó a la carrera por construir una infraestructura de IA en el espacio a través del Proyecto Sunrise, una constelación propuesta de hasta 51.600 satélites diseñada para albergar centros de datos orbitales, lo que la sitúa en competencia directa con las ambiciones similares de SpaceX.
Sin embargo, los analistas señalaron que los importantes retos que plantea el despliegue de la computación con IA en órbita probablemente limitarán la escala de la tecnología en un primer momento, lo que hará que solo sea comercialmente viable en la próxima década.