Un nuevo estudio de McKinsey Global Institute estimó que la automatización con inteligencia artificial (IA) y robótica podría generar US$ 14.300 millones -más de cuatro puntos del Producto Interno Bruto (PIB)- de valor económico anual para Chile hacia 2030, considerando una adopción proyectada de solo el 14% de las horas de trabajo que hoy son técnicamente automatizables.
El informe Agentes, Robots y Nosotros: Cómo la IA está transformando el trabajo y las habilidades en América Latina, analizó 15 economías de la región y midió tanto el potencial técnico de automatización como los cambios en la demanda de competencias laborales, a partir de la descomposición de cientos de ocupaciones en sus actividades específicas y de un barrido de avisos de empleo entre 2023 y 2025.
Para el conjunto de la región, McKinsey calculó que el 57% de las horas de trabajo actuales podría automatizarse con tecnologías existentes, lo que, hacia 2030, se traduciría en unos US$ 450 mil millones de valor anual en un escenario intermedio de adopción. En Chile, el potencial técnico llega al 56% de las horas, levemente bajo el promedio regional.
“No es una predicción de contribución al PIB, sino que decimos cuánto de lo que se hace hoy en el trabajo se podría automatizar apalancando agentes, robots y tecnología existente”, explicó a DF el managing partner de la oficina de McKinsey en Santiago y coautor del estudio, Jaime Szigethi. “Decir que algo es automatizable no quiere decir que se va a automatizar. La adopción depende de muchas cosas”, agregó.
56% de las horas de trabajo podrían automatizarse con IA y robótica en Chile.

Jaime Szigethi, managing partner de la oficina de McKinsey en Santiago.
Un perfil de economía avanzada
Uno de los hallazgos que distingue a Chile es su mezcla ocupacional. El estudio lo ubica junto a Argentina, Costa Rica y Uruguay en el grupo de países cuyo perfil se asemeja más al de las economías desarrolladas, donde el 70% del trabajo automatizable no es físico. En el caso chileno, cerca del 80% del valor potencial proviene de agentes de IA aplicados a procesos cognitivos y el 20% de robots, mientras que en otros países de la región la proporción se acerca más a 60/40.
“Tiene que ver con el tipo de ocupación que hay en Chile”, señaló Szigethi. Los sectores con mayor potencial son finanzas, seguros, información y servicios profesionales, “porque tienen una alta proporción de trabajo cognitivo, documental, con datos”.
Minería y manufactura también presentan espacio para automatizar, con una mezcla de carácter más físico, en áreas como monitoreo y mantenimiento predictivo de operaciones.
El dato que más sorprendió al equipo de autores, sin embargo, está en el mercado laboral. La demanda por fluidez en IA -la capacidad práctica de usar y gestionar herramientas de IA en el trabajo diario- creció cerca de 29 veces en Chile entre 2023 y 2025, el mayor salto entre los cinco países con análisis detallado (Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México) y muy por encima del promedio regional, de 11 veces.
“Es altísimo comparado incluso con la región”, dijo Szigethi, aunque reconoció un posible efecto de base, pues en otros mercados la demanda partió antes. En total, los empleados en ocupaciones chilenas que exigen alguna habilidad de IA pasaron de 42 mil a 603 mil en dos años.
US$ 14.300 podría aportar la automatización a 2030.
Una estimación conservadora
Para Szigethi, los US$ 14.300 millones proyectados para Chile constituyen una mirada conservadora. “Solo incluye el valor económico de esas horas automatizables. No incluye todo lo nuevo que se puede generar y tampoco las nuevas labores productivas en que esas horas se pueden reutilizar”, explicó.
Ahí apunta, a su juicio, la principal lección de los casos de éxito que el informe documentó en la región, desde un banco que redujo en un 55% su tiempo de decisión crediticia con 45 agentes de IA hasta una aerolínea que disminuyó de horas a minutos la resolución de disrupciones operacionales.
“Esto no es un problema de tecnología. Si yo solo quiero hacer una tarea muy puntual con un agente y no cambiar nada de lo que hago alrededor, hay una probabilidad muy alta de que se transforme en un caso de uso que no captura nada (de valor)”, advirtió.
El estudio no modela el impacto en el empleo, una decisión metodológica que Szigethi justificó por la dificultad de estimar simultáneamente lo que se automatiza y el trabajo nuevo que surge. “Muchas de esas horas se reasignan en otras actividades dentro de la misma compañía”, dijo.
También adelantó que McKinsey evalúa una nueva investigación que aborde ese balance.
De cara al futuro, el socio identificó dos desafíos para Chile: definir cómo se reutilizan las horas liberadas, “algo que tenemos que pensar como sociedad”, y desarrollar talento a la velocidad a la que la economía lo demanda.
Según el informe, el 80% de las habilidades humanas seguirá siendo igual o más necesaria, porque los trabajadores deberán supervisar, interpretar y orquestar el trabajo de los sistemas automatizados.