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Carismas en los caminos de Colchagua

El pasado 13 de julio se celebraba la fiesta litúrgica de Teresa de Los Andes. El texto que se reproduce a continuación permite conocer más en profundidad la vida de la santa y otros carismas, y pone de relieve su relación con la cultura y el espíritu chilenos.

Por: | Publicado: Viernes 22 de julio de 2016 a las 04:00 hrs.
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En la ruta del vino que desde San Fernando lleva a Santa Cruz, se aprecia una gran variedad de vegetación que otorga al visitante la vivencia de un viaje gratificante. Resulta, sin duda, enriquecedor contemplar la belleza del campo chileno que no pasa desapercibido cuando es laborado adecuadamente por la bondad del suelo y por un clima favorable.

Las viñas reflejan que la relación del hombre con la vegetación y la naturaleza son la esencia misma de la vida de este campo. El vino constituye uno de los productos más antiguos de la civilización. La Biblia lo describe en muchas oportunidades con la característica de alegrar el corazón del hombre (Salmo 104). Se distingue además por acompañar fiestas y encuentros familiares y entre amigos.

La vid, planta de la cual se produce el vino, se surte hoy de nuevas variedades que siguen multiplicándose con la creación de nuevas cepas que tienen su origen en lo que el naturalista Carlo Linneo señaló como vitis vinífera.

Hay en esta ruta algo que también merece ser conocido porque es parte de la riqueza patrimonial y espiritual de Chile. Se trata de la casa patronal de la Hacienda del Huape, que perteneció a la familia Valdés-Ossa. Fue en esta casa que Juanita Fernández (futura Teresita de Los Andes) pasó los períodos de vacaciones que coincidían con la época de las misiones, cuyo centro neurálgico residía en la capilla que la familia hizo construir.

De los períodos de vacaciones de Santa Teresa en esta casa, se hace especial referencia a su carácter alegre y jovial. También a su capacidad de sano esparcimiento -cabalgaba con agilidad por el campo de la hacienda- unido al tiempo que dedicaba a la vida de oración. En esta casa, la joven Juanita se encontraba en búsqueda de su misión vital, que posteriormente la llevará a su ingreso en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de los Andes para después convertirse en una hija predilecta de Chile.

Cuando la familia Valdés dejó de utilizar la casa como residencia propia, decidió ponerla a disposición de las Hermanas de Santa Marta, una congregación dedicada a la acogida y formación de los jóvenes. Posteriormente, a mitad de los años 70, la escuela abandona su funcionamiento y la casa es confiada a la Congregación de las Adoratrices de María, que permanecerán en la misma hasta 1993, año en que el movimiento Obra de María (o Movimiento de los Focolares) establecerá allí un centro para la formación de sus miembros y simpatizantes.

El 11 de junio de aquel mismo año, la casa presencia un acontecimiento muy significativo cuando el obispo de la Diócesis, Monseñor Alejandro Goic, bendice la capilla de la casa con una reliquia de Santa Teresita que las religiosas carmelitas del monasterio de Auco habían donado a las focolarinas. Con esto, la casa se convierte para los visitantes en un espacio de reflexión histórico-cultural y espiritual sobre los diversos caminos espirituales que ofrecen los grandes carismas en la Iglesia.

La alegoría de una única especie de vid que se ramifica en numerosas variedades de cepas nos hace pensar en el único Evangelio que a lo largo de la historia, por la intervención divina, ha suscitado variadas y numerosas maneras de vivirlo e interpretarlo al ritmo del mundo y del hombre que cambia. En este contexto, cabe también señalar cómo el ambiente verde y simétrico del campo que rodea a la casa, con sus frondosas palmeras y el estilo de la fachada que recoge el arte español e italiano, elevan la mirada y el espíritu a la contemplación de la belleza como parte integrante del mensaje cristiano.

Si por carisma se entiende la riqueza espiritual y la luminosidad que se desprende al comprender las incursiones de la historia de Dios con la humanidad, un encuentro con Teresita sin duda invita a mirar a Dios que se hace presente en lo más íntimo de cada hombre y mujer, tal como lo describía la gran Teresa de Ávila:

“Considera nuestra alma como un castillo todo de diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos: así como en el cielo hay muchas moradas…y en el centro y mitad de todos estas tiene la más principal que es adonde pasan las cosas de muchos secretos entre Dios y el Alma’’.

La casa de Teresita de los Andes es un libro abierto que narra una historia que aún sigue escribiéndose. Actualmente ocupan sus páginas el grupo de focolarinas que detentan la estancia.

Chiara Lubich

En el año 1920, al tiempo que Teresita se encontraba terminando su viaje interior, nace en la ciudad de Trento, en Italia, Chiara Lubich, una joven que también por ese entonces se encontraba en búsqueda de su vocación. Tendrá sus primeras intuiciones en el año 1939, en el Santuario de Loreto, situado sobre la costa adriática italiana. Allí, la joven intuye que su camino cristiano deberá realizarse en medio de la sociedad, junto a todos los hombres y en las vicisitudes y dolores de la vida diaria: “Hombre al lado de hombre y sumergido en la más alta contemplación”, dirá en uno de sus escritos años después.

De esta manera, Chiara irá configurando el camino de la Comunión como la plena realización de la vocación humana bajo la luz y la felicidad que genera la presencia de Cristo cuando se pone a la base de la convivencia humana el más grande de los mandamiento: el del amor recíproco. La de Chiara será la espiritualidad del “castillo exterior”, por el que la experiencia de la paternidad de Dios en la comunión con el prójimo genera la fraternidad universal.

En su discurso en el Palacio de las Naciones Unidas en el año 1997, Chiara presenta la “reciprocidad” como el principio que llevará a “amar la Patria ajena como la Propia”, superando así los conflictos y las diferencias, y construyendo la justicia y la paz. La fraternidad es un principio cristiano y, por ende, no puede estar ausente del ADN de las naciones que se inscriben al paso de los tiempos sus cartas constitucionales.

Más cercana a nuestra época vale recordar la homilía del 18 de septiembre del año 1974, en la que el entonces arzobispo de la Arquidiócesis de Santiago, Monseñor Silva Henríquez, colocaba tres pilares del alma del pueblo de Chile como punto de encuentro de las diferentes sensibilidades presentes en la Nación: el primado de la Fe sobre toda forma de idolatría; el primado de la Libertad sobre toda forma de opresión; y por último el del Orden Jurídico sobre toda forma de anarquía. El mismo cardenal Silva, al atardecer de su vida, en su emblemático Sueño de Chile (19 de noviembre de 1991), expresa con gran pasión la dignidad de toda persona; el amor y la solidaridad como los grandes principios sobre los cuales construir el Chile que soñaba. Se trata, en definitiva, del desafío de construir sociedades fraternas para que al mismo tiempo sean solidarias, un verdadero reto para las democracias modernas.

Los caminos espirituales de Teresita en Chile y de Chiara Lubich en Italia merecen ser conocidos también en el interior de nuestra sociedad chilena. Penetrando en la vida de los carismas, es posible sacar propósitos y energías que permitan reencontrar la centralidad de la fe que ilumina la razón y que va en búsqueda de la verdadera libertad. Este complejo desafío parece estar muy en sintonía con lo que describe el sacerdote y teólogo español Javier Prades en su libro Dar testimonio. La presencia de los cristianos en la sociedad plural, recientemente presentado en la Pontificia Universidad Católica de Chile. En este contundente volumen, el autor manifiesta que la modernidad está próxima a rechazar el valor del testimonio “a consecuencia de la supra valoración moderna de la razón que desemboca en su concepción absoluta”. Prades también advierte del peligro de que ‘’la Fe quedará enclaustrada en el ámbito de la mera subjetividad, quedando con ella reducida a simple omisión’’.

Los encuentros con los carismas de la Iglesia son un estímulo para alejar el peligro de los relativismos y la intolerancia que hoy día muy a menudo se adueñan de los comportamientos humanos y alimentan la cultura del individualismo, en contra de los principios de la fraternidad y la comunión cristiana.

Un recorrido pensado por esta ruta del vino, con un alto en esta casa de Santa Teresita de los Andes, será una buena excusa para una meditación capaz de afinar el espíritu.

 

Chiara Lubich (1920-2008)

Algunos datos cronológicos


1920 Nace en la Ciudad de Trento (Norte de Italia).


1939 En el Santuario de Loreto tiene las primeras intuiciones de lo que será su camino de vida. Pronto se manifestará como un cuarto camino para vivir la entrega total a Dios sin tener que dejar la vida ordinaria en medio de la sociedad.


1943 En la Ciudad de Trento nace la primera comunidad de vida que se llamará Focolare.


1948 Chiara conoce a Igino Giordano, escritor y periodista, de larga trayectoria en Italia y en los ambientes Vaticanos. A partir de una profunda experiencia de unidad espiritual en el mes de julio del año 1949 comenzó un periodo de especiales iluminaciones que en el transcurso de los años sentarán las bases del Movimiento que será aprobado luego por la Iglesia también con el nombre de Obra de Maria.


1950 Entre los primeros Jóvenes que siguen a Chiara, está Pasquale Foresi (nacido en 1929). Chiara le pedirá de compartir con ella la responsabilidad del movimiento que está naciendo. Foresi y Giordani serán considerados cofundadores del Movimiento.


1958 Comienza la expansión del Movimiento más allá de las fronteras de Italia. Los países detrás de la Cortina serán los primeros en los cuales el espíritu del carisma penetra, generando comunidades con fuerte sentido del testimonio.


1961 Se abrirán los primeros centros estables del Movimiento en America Latina. En 1967 será el momento de Chile con el Primer focolar en Osorno, solicitado personalmente por el entones Obispo de Osorno y hoy Siervo de Dios, Mons. Francisco Valdés Subercaseaux.


1964 En la localidad de Loppiano, a 30 Km de Florencia, nace la primera Mariapolis Permanente, con el estilo de una verdadera ciudadela y que será un lugar de testimonio y formación de las diferentes ramas del Movimiento que han ido surgiendo en el transcurso de los años. Hoy en esta ciudadela tiene su sede el Instituto Universitario Sophia de especialidades y post-grados en las áreas especialmente de la Economía y de las Ciencias Sociales.


1965 Papa Montini completa la aprobación del Movimiento ya comenzada por sus predecesores. Juan Pablo II encontrará a Chiara en varias oportunidades y permitirá que una mujer fuese siempre la Presidenta de esta Obra.


1966 Con la tribu Bangua (Camerún) comienza el dialogo interreligioso. El rey de la tribu recibe a Chiara y la colaboración con la construcción de un Hospital; Escuelas; laboratorios para enseñar oficios se abre un camino de una provechosa colaboración que llevará en pocos decenios a la reducción de la fuerte mortalidad infantil.


1967 En Estambul, se realiza el primer encuentro con el Patriarca Ortodoxo Atenágoras I. Chiara tuvo un rol importante para facilitar la relación entre el Patriarca y Pablo VI. Ambos serán precursores de este dialogo para llegar a Celebrar en el ''Único Cáliz''.


1977 En Londres se le otorga a Chiara el premio para el progreso de la religión denominado ''Premio Templeton''. Un significativo y original reconocimiento que sigue animando el diálogo interreligioso en la línea trazada por el Concilio Ecuménico Vaticano II.


1987 Chiara participa en el Sínodo que afronta la vocación de los laicos. Es el momento que emerge el tema de los Movimientos y de los nuevos estilos de comunidades que surgen.


1991 En Brasil, en uno de sus viajes, nace el modelo de Economía de Comunión basado en la Fraternidad entre la Empresa y los Pobres. Será el comienzo de una serie de experiencias de numerosas empresas que permitirán una definición de este principio para la solución de problemas reales de pobreza. Más tarde, la encíclica Caritas in veritate mencionará el principio de la fraternidad como un camino para la humanización de la economía.


1996 En París se le confiere el Premio Unesco para la educación para la paz.


1998 En Stuttgart nace la iniciativa '' Juntos por Europa''. Chiara promueve un intenso servicio hacia el mundo político a partir de un fecundo dialogo entre las realidades carismáticas.


2008 Es el año de su partida. Se apaga el 14 de marzo en su casa de Rocca di Papa y saludando personalmente a sus primeras compañeras y a sus colaboradores. Transmitirá como herencia su original experiencia y el testimonio también de haber vivido la ''noche de la cultura" y la convicción que para el hombre de hoy también se abre un camino nuevo.


2015 -21de enero en la Catedral de Frascati (a 30 Km desde Roma), el Obispo titular de la Diócesis, Mons. Raffaello Martinelli abre el proceso de Beatificación.

 

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