El alza de los combustibles no impactará a todas las regiones de Chile por igual. En Arica, donde la mayoría de los bienes llega desde la zona central, el efecto se amplifica y se traslada rápidamente a toda la economía local, presionando costos, encareciendo productos básicos y ampliando brechas con el resto del país.
Así lo advierte Fernando Cabrales, profesor asociado de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Tarapacá, quien apunta a una característica estructural de estas regiones extremas, marcada por su alta dependencia logística.
En regiones como Arica, explica, la mayoría de los bienes no se producen localmente. “Sobre 90% de los productos que se consumen en los hogares en estas regiones vienen de Santiago”, señala, detallando que frutas, verduras y productos perecibles recorren más de 2.200 kilómetros antes de llegar al consumidor final.
Ese trayecto, en un contexto de alza de combustibles, se traduce directamente en mayores costos.
Fernando Cabrales, profesor asociado de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Tarapacá.
Mercados pequeños
A diferencia de otras zonas del país, donde existen economías de escala, el norte opera con mercados pequeños y fragmentados. Arica, por ejemplo, tiene cerca de 240 mil habitantes, menos de la mitad que Maipú, y representa menos de 1% del PIB nacional, lo que limita su capacidad de absorber shocks de precios, señala el economista.
El primer impacto se concentra en el transporte, una de las principales actividades económicas de la zona. “El transporte es una de las actividades que va a ser la más crítica de todas”, advierte Cabrales, apuntando a que muchas empresas operan con contratos previamente definidos, lo que dificulta traspasar rápidamente los mayores costos a sus clientes.
Esto genera un efecto en cadena, las empresas transportistas absorben inicialmente el alza, pero luego ese mayor costo termina reflejándose en el precio final de los productos. Sectores como el comercio, que dependen fuertemente del traslado de mercancías, enfrentan un encarecimiento que termina impactando directamente en los consumidores.
“El efecto más importante tiene que ver con el bienestar, con el consumo de las personas”, afirma el economista. En la práctica, esto se traduce en una presión sobre la canasta básica, con alzas en alimentos, productos de uso diario y servicios asociados.
Riesgo a la inversión
A esto se suma un elemento adicional, el riesgo. Cabrales advierte que más allá del nivel puntual de precios, lo que genera mayor preocupación es la incertidumbre en torno a su evolución. “El principal efecto va a venir por el lado del riesgo”, sostiene, explicando que la volatilidad obliga a incorporar mayores tasas de descuento en proyectos de inversión, reduciendo su viabilidad.
En ese contexto, el impacto no es homogéneo a nivel país. Las regiones extremas enfrentan un “doble castigo” por un lado, el alza del combustible en sí y por otro, el encarecimiento adicional del transporte de bienes hacia zonas alejadas. “Va a haber pérdidas proporcionalmente mayores en estas regiones”, enfatiza.
Efectos transfronterizos
El fenómeno también puede generar efectos transfronterizos. En ciudades como Arica, la cercanía con Tacna introduce una variable adicional en el comportamiento de consumo. Según explica Cabrales, en condiciones normales los precios de los combustibles en ambas ciudades tienden a ser similares, por lo que no existe un incentivo para cruzar la frontera. Sin embargo, advierte que el escenario cambia con la reciente alza.
“Es muy posible que haya gente que efectivamente se empiece a abastecer en Tacna”, plantea.
Por el paso de Chacalluta circulan cerca de 5 millones de personas al año, más de 20 veces la población de la ciudad.