Con cuatro reuniones de la Reserva Federal agendadas hasta diciembre, en el mercado crecían las expectativas de que no habría tiempo ni necesidad de un ajuste de las tasas de interés este año. Pero ese escenario positivo duró apenas 21 días. El mismo tiempo que le tomó a Irán y Estados Unidos terminar con el cese al fuego firmado el 28 de junio.
La firma del memorándum de entendimiento entre ambos países llevó el precio del petróleo de US$ 77 por barril (WTI) a US$ 68, cercano a su nivel previo a la guerra, en apenas 12 días. Más importante para la Fed y las expectativas inflacionarias, el precio promedio de las bencinas en EEUU cayó 7% a US$ 3,7 por galón en una semana.
“La caída de los precios del petróleo ha aliviado la presión sobre los principales bancos centrales, lo que reduce la probabilidad de que se produzcan efectos de segunda ronda apreciables en la inflación subyacente y contribuye a estabilizar las expectativas de inflación”, advertía Ryan Sweet, economista jefe de Oxford Economics.
Pero la trayectoria a la baja se vio interrumpida por el reinicio de los ataques. Irán disparó el pasado 6 de julio contra buques que desafiaron sus órdenes en el estrecho de Ormuz. EEUU respondió con tres días de ataques a casi un centenar de objetivos militares iraníes, después de que Donald Trump declarara por muerto el “cese al fuego”.
El precio del petróleo saltó un 6% en una sola sesión antes de moderarse en torno a US$ 72 por barril (WTI). El galón de bencina regular subió de US$ 3,6 a US$ 3,84.
Pero fueron las minutas de la reunión de la Fed del 16 y 17 de junio las que llevaron a un ajuste más claro en las expectativas de alzas de tasas. El documento confirmó que un número creciente de miembros del Comité de Mercado Abierto (FOMC) apoya al menos un alza este año.
Durante la última reunión, los miembros del FOMC señalaron que “tanto la inflación subyacente como la total han registrado un repunte y, en general, atribuyeron estos aumentos a los efectos persistentes de los aranceles, a las interrupciones en la cadena de suministro relacionadas con el cierre del estrecho de Ormuz y a la fortaleza de la demanda de algunos bienes y servicios derivada de la sólida inversión en inteligencia artificial”.
El texto confirmó el análisis de varios participantes del mercado, que apuntan a que, si bien en el largo plazo la IA puede tener efectos deflacionarios por las ganancias de productividad, en el corto plazo su impacto es inflacionario.
Los futuros de tasas muestran que el mercado asume un alza de al menos 34 puntos base en la tasa de referencia este año. El CME FedWatch le atribuye una probabilidad superior al 80% a un ajuste en la reunión del 28 de octubre. Sin embargo, la cercanía de la elección legislativa en EEUU arriesgaría que una decisión de este tipo aumente la presión de la Casa Blanca sobre la Reserva Federal.
Deutsche Bank cree que la Fed evitará un alza en octubre, pero anticipa un ajuste de 25 puntos base en septiembre y otro similar en diciembre, para cerrar el año con una tasa de 4,25%. Bank of America es aún más agresivo y proyecta tres alzas consecutivas de 25 puntos en las reuniones de septiembre, octubre y diciembre.
Pero no todos están de acuerdo. “Nosotros nos mantenemos en nuestra opinión de que la Fed optará por esperar. La bajada de los precios de la energía, el enfriamiento de los arriendos inmobiliarios, el débil crecimiento salarial y la disminución de la influencia de los aranceles deberían permitir que la inflación se modere gradualmente a lo largo del segundo semestre de 2026”, analiza James Knightley, economista internacional jefe de ING.
Según Knightley, aunque hay un aumento de precios de los productos tecnológicos, su peso en la canasta del IPC es mínimo (entre 0,3% y 0,4%). Una caída mayor del precio de los combustibles daría espacio a que el siguiente movimiento de la Fed sea un recorte, pero recién en el segundo trimestre de 2027.
Goldman Sachs se alinea con ING y apuesta por una pausa que terminaría recién en el segundo semestre del próximo año con un recorte. En EEUU se publicará el IPC de junio, que debería recoger ya la baja del precio de los combustibles. La medición subyacente será el foco de análisis, para confirmar si los halcones al interior de la Fed aciertan en su diagnóstico de una inflación más generalizada.
Además, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, presenta el testimonio semestral de política monetaria ante el Congreso. El mercado buscará señales de hasta qué punto llega el aparente malestar de Warsh y el FOMC con la inflación instalada sobre el rango meta ya desde hace cinco años.
En manos de expertos
Como parte de su plan de reformas, Kevin Warsh anunció la creación de cinco comisiones de trabajo que revisarán cómo se comunica la Fed, el manejo de su hoja de balance, qué datos considera en su análisis, el futuro de la productividad y el empleo, y cómo analiza y responde a la inflación.
Para liderar este último grupo, Warsh escogió a tres economistas con enfoques diferentes. El de mayor peso intelectual es probablemente Thomas Sargent, premio Nobel de Economía en 2011 y uno de los grandes referentes de la macroeconomía moderna. Sus investigaciones ayudaron a explicar por qué los efectos de una política dependen no solo de la decisión adoptada, sino también de cómo los hogares y las empresas la anticipan y ajustan su comportamiento.
Junto a Sargent estará Greg Mankiw, profesor de Harvard y autor de algunos de los manuales de economía de mayor difusión internacional. Es uno de los principales exponentes de la nueva economía keynesiana y realizó contribuciones fundamentales al estudio de la rigidez de precios.
El tercer líder será William White, con una perspectiva más centrada en la experiencia institucional y los riesgos financieros. White fue asesor económico y jefe del Departamento Monetario y Económico del Banco de Pagos Internacionales (BIS), y es reconocido como una de las voces que advirtieron tempranamente sobre los desequilibrios que precedieron a la crisis financiera de 2008.