La construcción se imprime en tres dimensiones
La celulosa podría jugar un rol de alta relevancia en la impresión 3D, que en el futuro será tan indispensable como una excavadora o una hormigonera.
Por: Carmen Gloria Solís
Publicado: Jueves 26 de julio de 2018 a las 04:00 hrs.
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La política de vivienda en Chile anunció una serie de medidas en torno a la posible construcción de departamentos sociales en nuevas zonas de la Región Metropolitana, que ha causado comentarios desde diversas trincheras políticas. Mientras tanto, el MIT, Massachussetts Institute of Technology, se adelanta visionariamente al abordar investigaciones sobre la impresión 3D de construcción social y el uso de la celulosa como alternativa sustentable. Este viaje tecnológico no sólo estudia nuevos materiales sostenibles con el medio ambiente, sino que además espera diseñar una herramienta idónea para restaurar zonas devastadas por desastres naturales, que es una de las grandes problemáticas país.
Al pensar en construcción tridimensional, el primer acercamiento espontáneo se refiere al proceso propiamente tal y su relación con el uso de materiales amigables con la naturaleza, donde la celulosa podría jugar un rol de alta relevancia. Este producto de la madera, comúnmente utilizado para la elaboración de papel, ha demostrado según investigaciones del MIT, que cuenta con una serie de propiedades que la convierten en una alternativa sostenible.
Una impresión tradicional en 3D se realiza con polímeros sintéticos provenientes del petróleo, que al calentarlos es posible moldearlos a través de un computador. Sin embargo, el acetato de celulosa puede disolverse en acetona, distribuyéndose en la impresión a temperatura ambiente para finalmente solidificarse. De esta forma, el gasto energético es menor porque no requiere calentamiento, siendo un proceso potencialmente más rápido y una alternativa sustentable. La celulosa es el polímero natural más abundante en el mundo y además es biodegradable.
La construcción ya se imprime en tres dimensiones, revolucionando el sector hacia la rapidez de sus procesos, la mejora de su sostenibilidad y la baja de sus costos. De acuerdo a Joshua Pearce, profesor de la Universidad Tecnológica de Michigan, “la impresión 3D dio sus primeros pasos en la década de los ‘80. Después de que se patentaran varias tecnologías básicas, el progreso técnico se detuvo porque el costo era demasiado elevado hasta que apareció la impresora RepRap, de código abierto y que democratizó el concepto tridimensional”.
La construcción 3D hoy puede reducir los costos de producción hasta un 35%, minimizar los riesgos laborales y eliminar el material de residuo. Esta evolución ha derivado en una gran variedad de técnicas de impresión, donde tampoco existe el riesgo de la total automatización. Las máquinas pueden imprimir los muros, el techo y el aislante, pero se requiere de obreros calificados para sus terminaciones, como la instalación eléctrica, y las cañerías de agua y gas.
Desde otro punto de vista, la fundadora de Urban, Anielle Guedes, asegura que “puede ser realmente útil para reconstruir áreas después de una zona de desastres, donde existe el gran desafío de levantar viviendas en cortos períodos de tiempo”.
Por ejemplo, un joven emprendedor europeo, Talib Alhinai, ha desarrollado drones capaces de imprimir en 3D mientras vuelan, los cuales podrían ser enviados a zonas peligrosas, luego de un terremoto o una inundación, antes de que llegue la ayuda por tierra. Y la empresa Be More asegura poder enviar cinco impresoras a una zona devastada por un desastre natural y reconstruirla, dado que sus máquinas están pensadas para ser montadas y desmontadas en tres horas en cualquier lugar del planeta.
Robots colaborativos
En la actualidad, no es novedad construir casas de 100 metros cuadrados en 24 horas a través de la impresión móvil in situ. A nivel mundial, las empresas hoy disputan el honor de ser pioneras en la construcción de grandes oficinas, puentes y rascacielos mediante una tecnología denominada “impresión de grúas”, proyecto recientemente anunciado por la compañía Cazza Construction Technologies de Dubai.
Hasta ahora las dos grandes limitaciones son los materiales y la escala para una producción masiva. El proyecto Minibuilders se encuentra creando pequeños robots colaborativos que deberán ser capaces de construir a una escala mayor y Tecnalia está trabajando en robots con cables y un material de arcilla biodegradable.
Según Vicente Ramírez, CEO de Be More, “a medida que estas tecnologías terminen de madurar y se combinen entre sí, estaremos más cerca de edificios totalmente impresos. Llegará el momento en que cada obra tendrá una impresora 3D y será una herramienta más, como una excavadora o una hormigonera”.
Al mirar hacia el futuro, la impresión 3D probablemente no reemplazará en su totalidad al mundo de la construcción, pero sí ofrecerá alternativas más rápidas y sostenibles cuando sea competitiva, con precios más bajos y acelerando las velocidades del proceso productivo. Incluso, la NASA sueña con colonizar Marte con impresoras tridimensionales, abriendo el desafío “Habitat Challenge”.

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