Tech & Negocios
DF Lab Opinión/ Soberanía tecnológica y talento local
"Los países que no logren construir capacidades propias en datos, talento e infraestructura tecnológica quedarán expuestos a cuellos de botella estructurales y pérdida de valor económico".
Por: Por Luz María García, gerenta general de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información (ACTI)
Publicado: Lunes 6 de abril de 2026 a las 03:50 hrs.
Luz María García, gerenta general de la ACTI.
La independencia digital dejó de ser un concepto aspiracional para convertirse en una condición estratégica de competitividad, resiliencia y desarrollo económico. Cuando el mundo está viviendo tensiones geopolíticas, disrupciones tecnológicas aceleradas y una creciente dependencia de plataformas externas, los países que no logren construir capacidades propias en datos, talento e infraestructura tecnológica quedarán expuestos a cuellos de botella estructurales y pérdida de valor económico.
Hoy, la economía digital se sostiene sobre tres pilares inseparables. El primero es el talento especializado. Diversos estudios internacionales advierten que, hacia 2026, cerca del 90% de las organizaciones enfrentará escasez de habilidades en tecnologías de la información, con impactos económicos que podrían superar los 5,5 billones de dólares en retrasos y oportunidades perdidas de transformación digital. Sin una estrategia decidida de formación, atracción y retención de talento local, la innovación se vuelve frágil y dependiente de capacidades externas.
El segundo pilar es la infraestructura tecnológica confiable y soberana. La conectividad global ha avanzado de manera significativa, donde más del 75% de la población mundial ya tiene acceso a Internet, pero persisten brechas críticas de infraestructura que afectan la autonomía digital de los países. La soberanía tecnológica no implica aislamiento, sino la capacidad de operar, proteger y escalar servicios digitales críticos con control efectivo sobre los datos, las plataformas y las decisiones estratégicas que los sustentan.
El tercer eje es la gestión estratégica de los datos, entendidos como un activo productivo. Sin marcos interoperables, infraestructuras robustas y capacidades locales para procesarlos, los datos pierden su potencial de generar innovación, productividad y valor público. En este punto, la independencia digital se cruza directamente con la resiliencia ante riesgos globales, la ciberseguridad y la continuidad operativa de sectores críticos.
Desde el gremio hemos planteado que el desafío para Chile no es solo regular la economía digital, sino habilitarla. Esto requiere políticas públicas que equilibren protección de derechos con incentivos claros para la inversión tecnológica, una articulación efectiva entre Estado, empresas y academia, y una apuesta decidida por el desarrollo de talento y capacidades propias. La experiencia internacional muestra que los países que avanzan en esta dirección no solo mejoran su productividad, sino que fortalecen su posición estratégica en la economía global.
La independencia digital no se construye de un día para otro. Es el resultado de decisiones coherentes y sostenidas en el tiempo. Chile tiene las condiciones para ser protagonista de la economía digital regional. Transformar esa oportunidad en realidad dependerá de nuestra capacidad de invertir en talento, infraestructura y soberanía tecnológica como activos estratégicos de desarrollo.