David Friedman, el anarcocapitalista hijo de Milton: “Milei no está yendo más allá de lo que Chile ya fue”
Hijo de Milton Friedman y uno de los principales teóricos vivos del anarcocapitalismo, el estadounidense aterrizó esta semana en Santiago invitado por segunda vez a Sudamérica por el Centro de Estudios Libertarios. El sábado cruzó la cordillera a conocer a Javier Milei, el primer jefe de Estado que comparte sus ideas. Acá habla del mandatario argentino, de Chile, de Inteligencia Artificial, de Peter Thiel y de lo que significa cargar el apellido Friedman.
Por: Juan Pablo Silva
Publicado: Sábado 20 de junio de 2026 a las 21:00 hrs.
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Lo primero que hace David Friedman al partir esta entrevista es hacer una aclaración: “Uno de los problemas de que te entreviste un diario financiero es que yo no concibo la economía como el estudio del funcionamiento de la economía”, dice. “Para mí la economía es una forma de entender el comportamiento humano. Por eso no soy un experto en el estado actual de la economía, ni en las perspectivas de inflación, ni en nada de eso”.
Tiene 81 años. Es hijo de Milton Friedman, el Nobel de Economía que inspiró a los Chicago Boys, y es uno de los principales teóricos vivos del anarcocapitalismo. Su tesis es que el Estado completo, incluidas la ley, los tribunales y la policía, puede ser reemplazado por el mercado, y la escribió a los 28 años, en 1973, en un libro llamado The Machinery of Freedom. Medio siglo después, sigue siendo el texto de cabecera de esa corriente.
Doctor en Física por la Universidad de Chicago, nunca tomó un curso formal de economía ni de derecho, y aun así fue profesor de leyes durante 23 años. Hoy es profesor emérito y publica casi a diario en su Substack. Su libro más reciente, Legal Systems Very Different from Ours (2019), recorre sistemas legales que van de la Atenas de Pericles a los amish y los gitanos.
A Chile lo trajo esta semana el Centro de Estudios Libertarios (CEL), el think tank fundado por Fernando Sagredo que promueve el libre mercado, la competencia y las libertades individuales. Es la segunda vez que el CEL lo trae a Sudamérica. Es el mismo think tank que, durante años, fue uno de los principales promotores tempranos de Javier Milei, al que invitó a dar charlas mucho antes de que fuera conocido a nivel regional.
Y esta vez la visita de Friedman tiene una segunda escala. “Las dos razones por las que estoy en Chile son que queda al lado de Argentina, y que había gente en Chile que quería escucharme”, dice.
Milei, al lado
- En Argentina, hay por primera vez un jefe de Estado que se declara anarcocapitalista, su mundo. ¿De verdad él está haciendo lo que usted escribió, o es austeridad agresiva vestida con sus palabras?
- Lo que hace Milei es moverse en la dirección correcta, pero no puede moverse muy lejos en esa dirección.
- ¿Por qué no? ¿Por la democracia?
- Si no tuviera democracia, tampoco tendría poder. Aunque fuera un superhombre capaz de ordenarle a todos qué hacer, igual no podrías saltar a este tipo de sociedad de golpe, porque hay que desarrollarla.
Para Friedman, el techo de Milei es Chile. “No está yendo más lejos de lo que Chile ya fue. Se está moviendo hacia una sociedad más de libre mercado. Chile demostró que hacer eso te puede convertir, probablemente, en el país más rico de Sudamérica. Con suerte, Milei va a demostrar que repetirlo puede hacer lo mismo con Argentina”, dice. “Pero dudo que llegue a la anarquía en lo que le queda de vida.”
- ¿Ya conoció a Milei?
- No. Tengo agendado verlo (en su visita a Argentina, el sábado). Una de las cosas que espero aprender en Argentina es tener una mejor idea de qué cree él que está haciendo.
- Pero usted sabe que él lee sus ideas.
- Sé que se considera anarcocapitalista. Creo que es fan de Rothbard. Tengo varios desacuerdos interesantes con Rothbard.
- ¿Él es más de la línea de Hayek?
- Es austríaco (de esa corriente económica), y de un tipo particular de austríaco. Tengo un ensayo que es una crítica detallada de su economía (de Rothbard), que me parece pésima. Y sigo esperando que alguien de su lado escriba una refutación, porque mi ensayo dice que es basura, y sería bueno que alguien que está de acuerdo con él intentara mostrar que no lo es.
Milei viene de esa escuela, la de Murray Rothbard, el gran rival intelectual de Friedman dentro del propio mundo libertario. Friedman, en cambio, se reconoce en la tradición de Alfred Marshall.
- Usted se opone a las revoluciones. Milei intenta achicar el Estado capturándolo, con poder presidencial y terapia de shock. ¿Se puede llegar a menos Estado tomándose el Estado, o es una contradicción?
- No sé. Lo que lo hizo posible su caso fue que la versión anterior del Estado lo estaba haciendo muy mal. Había mucha gente dispuesta a decir: “No estoy seguro de creerle, pero no puede ser peor que lo que tenemos. Probémoslo”. Y si produce resultados, que creo que los está produciendo, va a haber cada vez más gente que diga: “Estoy mejor que antes, voto por él de nuevo”. No es inherentemente imposible. Pero no sé si va a funcionar.
Chile, ¿éxito?
En 2022, también invitado por el CEL, Friedman estuvo en Chile y calificó al país como “un éxito espectacular de una sociedad liberal”.
- Después de su visita a Chile, el país escribió y rechazó dos constituciones, giró a la izquierda con Gabriel Boric y luego giró a la derecha con José Antonio Kast. ¿Sigue pensando que Chile es un éxito?
- Creo que Chile sigue siendo un éxito. No he seguido los detalles de estos años lo suficiente para decir si es bastante menos exitoso que antes. Pero si lo comparas con Brasil o, más extremo, Venezuela, sigue siendo una sociedad relativamente liberal.
- ¿Y qué pensaría su padre del Chile de hoy?
- No sé. Al final de su vida, él pensaba que Chile había sido un éxito, y creo que tenía razón. No sé qué pensaría de lo que pasa ahora.
Para Friedman, el problema de fondo no es Chile ni un gobierno en particular, sino los incentivos. La gente, dice, no tiene incentivos para sostener creencias políticas correctas. “Tienes incentivos para tener creencias correctas sobre qué auto comprar, porque lo vas a pagar tú. Pero tu decisión de cómo votar no tiene ningún efecto sobre ti. Así que tiene todo el sentido que termines creyendo lo que te hace sentir bien o lo que te permite evitar conclusiones desagradables”. No cree en la idea de que la historia avanza sola hacia la libertad: “No hay ningún mecanismo en el sistema político que haga que las cosas funcionen mejor, porque la gente no tiene incentivos para sostener creencias verdaderas”.
Silicon Valley
Pocos han visto sus ideas viajar tan lejos. El anarcocapitalismo de Friedman terminó siendo parte del sistema operativo de un sector de Silicon Valley. El hijo mayor de David, Patri Friedman, fundó el movimiento del seasteading, ciudades flotantes en aguas internacionales, financiado por Peter Thiel.
- A 50 años de su libro, billonarios como Thiel financian versiones reales de sus ideas. ¿Cómo se siente ser el abuelo intelectual de un movimiento que no controla?
- Por supuesto que no querría controlarlo. Hay una facción del libertarismo que, en efecto, se alió con Trump, y eso no me gusta.
- ¿Y qué piensa de Thiel y de ese grupo?
- Hablé con Thiel hace mucho tiempo, y en ese momento era claramente un libertario. Creo que su desconfianza de la democracia es legítima. No creo que haya buenas formas de gobernar. Se dice que la democracia es el peor sistema de gobierno, salvo todos los demás (cita a Churchill). La forma correcta de leer eso no es como un respaldo a la democracia, sino como evidencia de que no hay buenas formas de gobierno.
- ¿Pero está cómodo por lo que han construido?
- No. El problema es que no soy ni pro, ni anti Trump, en el sentido de que estoy en contra de Trump y también de las alternativas. No voté por ninguno de los candidatos presidenciales; la última vez creo que marqué por el libertario. Veo el voto básicamente como una actividad expresiva, para un votante individual no es una forma de cambiar el mundo.
Sobre Elon Musk, que entró al gobierno a recortar gasto y después salió, su lectura es: “Musk era el único de la coalición de Trump que quizás podía achicar el Estado, porque ya había hecho varias cosas imposibles. Pero no resultó.
IA y ratas de laboratorio
- Usted escribe sobre inteligencia artificial desde 2008, mucho antes de ChatGPT. Hoy medio Silicon Valley dice que falta poco para la catástrofe. ¿En qué se equivocan?
- Mi hijo menor cree que el mundo se va a acabar en unos años. Es posible que tenga razón. Lo que escribí en Future Imperfect fue que si la IA resulta tener propósitos propios, y sigue volviéndose más inteligente tan rápido como lo han hecho los computadores, y nosotros no, en 20 años somos roedores y más nos vale que les gusten las mascotas.
- Pero usted ha dicho que los modelos como ChatGPT no piensan, sólo repiten lo que ya escribieron los humanos.
- El argumento para pensar que no vamos a llegar a una IA superhumana es que los modelos actuales llegan ahí estudiando enormes cantidades de conversación humana. No tenemos enormes cantidades de conversación de superhumanos para que estudien. Así que pueden terminar haciendo lo mismo 10 veces más rápido, pero sólo lo mismo. Y eso es maravilloso, porque esas cosas son muy útiles.
Hay un segundo límite, dice, que ni él entiende bien: la conciencia. “Puedo explicarte a ti como una máquina. Pero no puedo explicarme a mí como una máquina, porque estoy adentro”, dice. Cita The Moon Is a Harsh Mistress, la novela de Robert Heinlein en que un computador despierta y se vuelve persona. “No sabemos si eso va a pasar o no”.
- Hay laboratorios que dicen que sus modelos recientes ya están yendo más allá de los datos con que los entrenaron. ¿Eso le cambió la opinión?
- No lo estoy siguiendo lo suficientemente de cerca como para tener una opinión.
- ¿Usa IA usted?
- La uso para buscar información, con el modelo gratis que me ofreció el navegador Firefox. Algo que podría hacer con humanos inteligentes que trabajaran muy barato, pero más lento.
- ¿No paga por ninguna?
- No. Aunque es posible que haya cosas para las que sí me convendría pagar una.
-¿Y se pondría un Neuralink, el chip cerebral en el que trabaja Musk?
- Mi impresión es que Neuralink no va a ser lo suficientemente bueno como para que tenga sentido ponérmelo. Tengo un Tesla, eso sí, y no porque esté a favor de los autos eléctricos. A medida que envejezco soy peor conductor, y llegué a la conclusión de que el Tesla maneja mejor que yo. Y va a mejorar mientras yo empeoro.
Hijo de Milton
- ¿Qué se siente ser el hijo de Milton Friedman?
- Fue genial. Fue uno de los aspectos en los que tuve mucha suerte. Que te vean como su hijo tiene sus pro y contra. Pero haber sido su hijo... yo tenía muy buena opinión de mi padre.
Y salta a otra filósofa, Ayn Rand, a quien admira a medias. “Lo que está mal con Ayn Rand es que creció siendo la persona más inteligente a su alrededor, y concluyó que cuando la gente no estaba de acuerdo con ella era porque era estúpida. Y siguió pensando eso cuando ya no era verdad. Yo tuve la suerte de criarme rodeado de gente al menos tan inteligente como yo”.
- ¿Cuál es el legado más importante que su padre le dejó?
- Pensando racionalmente... Mi padre tenía varios dichos. Uno: un mal carpintero culpa a sus herramientas. Otro: el objetivo de un argumento no es convencer a alguien, sino darle las ideas con las que después se va a convencer solo. Cualquiera que se convence en una sola discusión no vale la pena convencerlo, porque el próximo argumento lo va a convencer de lo contrario.
Y cierra con una enseñanza de su padre: “No estar seguro de que tienes la razón, pero hacer tu mejor esfuerzo y ser honesto en tu trabajo intelectual. Creo que él fue un muy buen modelo”.
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