Constanza Santa María: “Prefiero que la gente me reconozca como una periodista dura, inquisitiva, que como su mejor amiga”
En septiembre entró como rostro de noticias a Mega -después de una larga carrera en Canal 13 y cinco años en TVN-; y en abril debutará con dos programas en radio Infinita. En esta entrevista cuenta cómo ha visto al país en sus más de 30 años de carrera. Se hace cargo también de su particular estilo de entrevistadora, que varios aún califican de avasallador. “El rol de uno es hacer las preguntas incómodas”, dice ella. Y revisa su propia ruta profesional: “Hace muchos años, yo lloraba por una mala entrevista”.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 21 de marzo de 2026 a las 21:00 hrs.
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Su primera entrevista a un Presidente de Chile fue con Ricardo Lagos, en los primeros años del 2000. Para la periodista Constanza Santa María (52) esa experiencia fue una frustración y luego, con más distancia, una enseñanza. Le dieron ocho minutos, ella estaba empecinada a llevarlo al tema que consideraba importante -un cierto abandono de la clase media- y lo interrumpía constantemente cuando el mandatario se alejaba del asunto. Hubo cortocircuito. Lagos se molestó. Y la reportera terminó llorando en el Patio de los Naranjos en La Moneda.
“Lagos imponía autoridad, un poco como temor de Dios, como digo yo. No tenía mucha paciencia, no le gustaba que lo interrumpieran. Y yo era chica, me quería comer el mundo, hacer una entrevista distinta. Inexperta también. Al final no saqué nada, evidentemente lo hice pésimo. Lo volví a entrevistar al año siguiente, y fui con mi mejor sonrisa, fui un encanto. Ya no pensaba, como la primera vez, que siendo seria, tajante, bien dura iba a obtener más. Me fue mucho mejor”, cuenta la periodista, sentada en una sala de Mega, su casa televisiva desde septiembre. “Esos eran tiempos, hace muchos años, donde yo lloraba por una mala entrevista. Eso ya no pasa”.
Santa María tiene más de tres décadas de periodismo en el cuerpo: 25 años en Canal 13, cinco años en TVN y siete meses en Mega; señales televisivas donde ha sido rostro de noticieros y de programas políticos. Además, tiene recorrido largo en las radios. En marzo dejó Pauta y debuta en abril con dos programas en Infinita. ¿Qué ha visto en todo este tiempo como testigo en primera línea de un país que ha ido cambiando? ¿cuánto ha cambiado su estilo, que muchos siguen considerando avasallador? ¿qué costos le ha traído el oficio? Mientras bebe té verde -dice que hizo detox total de café cuando cumplió 50- se convierte en una entrevistadora entrevistada.
Cuestión de estilo
- Has reporteado Chile durante tres décadas. ¿Cómo definirías al país que has visto pasar delante de ti?
- Es un país que, como que le ha ocurrido a uno, ha pasado de la adolescencia a la adultez. Cuando empecé a trabajar, llevábamos cuatro o cinco años de democracia. Yo no soy de esa generación que le tocó trabajar en dictadura y me saco el sombrero por quienes en ese tiempo la vieron muy difícil y lucharon por decir lo que pasaba. A mí no me tocó eso, pero sí una democracia muy joven, reciente. Por eso tengo la sensación de que era como un adolescente, y lo veo porque tengo hijos adolescentes y reconozco esas características. Era una democracia muy joven aprendiendo a ser democracia. Y eso tuvo directa relación con los medios: como periodistas tuvimos que aprender a reportear en esta democracia, que también había que cuidarla. Nadie quería que ni siquiera tiritara. Me acuerdo cuando tomaron preso a Pinochet en Londres. Ese sábado 16 de octubre de 1998 yo estaba temprano de turno en el canal y vi el fax con la información. Me fui a la Cancillería; en ese minuto estaba ahí José Miguel Insulza. Fue mi primer móvil, muy nerviosa.
- ¿Y qué siguió cuando la democracia ya estuvo más firme?
- El periodismo siguió desarrollándose. Formo parte de una generación de periodistas que hemos hecho política y que aprendimos, cuando la democracia fue afianzándose, que nuestro rol era fiscalizar al poder, cuestionar, hacer todas las preguntas. El sistema político también lo fue demandando. Tengo el privilegio, por mi trabajo, de haber sido testigo en primera línea de la historia de la democracia chilena.
"Tengo el privilegio, por mi trabajo, de haber sido testigo en primera línea de la historia de la democracia chilena".
- Contabas lo de tu primera entrevista con Lagos. En tus inicios se hablaba de tu estilo avasallador, que interrumpías mucho. ¿Tenías conciencia de eso?
- Sí.
- ¿Eso se ha ido calmando?, ¿lo trabajas de otra manera?
- Es algo que me salía natural, no lo impostaba. Me apasiona lo que hago, las entrevistas. Cada una es un desafío. Siempre, hasta hoy, me duele la guata cuando voy a entrevistar. Tuve muy joven la oportunidad de hacer entrevistas a políticos en el programa Pantalla abierta en Canal 13, donde podíamos hacer lo que quisiéramos. Entrevistábamos a los políticos y los enfrentábamos, había gente que se paraba y se iba del estudio. Yo lo hacía de la manera que me salía: directo al hueso. Reconozco que era un poco impetuosa. Interrumpía mucho y no sonreía. Me costaba controlarme cuando sabía y sentía que no me estaban contestando.
- ¿Y qué queda de eso?
- Yo tenía un jefe en Canal 13, Jorge Cabezas, que me marcó mucho. Un día me dijo: “Te voy a explicar una cosa, en televisión esto se ve así (choca dos manos suavemente), pero se siente de otra manera (las estrella con más fuerza). Todo se amplifica. Y el que está viendo, solidariza con el entrevistado que se convierte en víctima. Terminas apareciendo tú un poco como el verdugo. Y eso no le sirve a nadie”. Eso me quedó muy marcado. Así que me concentré en eso, seguí haciendo política y tuve mucho tiempo para probar. ¿Y qué queda de eso? La pasión, la misma expectativa cada vez que hago una entrevista. Pero aprendí, maduré, la ansiedad se calmó y soy capaz de escuchar mucho más. Estoy igual atenta, porque mi naturaleza me lleva a eso. En Estado Nacional (TVN) hice muchas entrevistas y el productor me decía: “Coni, respira, suéltalo, suéltalo”.

La amenaza del ego
Bebe un sorbo de té verde. Y dice que quiere agregar algo más sobre su carácter y estilo: “Había también una cosa con ser joven y mujer. Esto de ‘la cabra chica’ excesivamente inquisitiva no correspondía, caía mal. Hoy tal vez no ocurre, porque hemos hecho una conquista importante, pero antes se nos permitía menos la dureza. Entonces tuve que trabajar mucho más esa parte que algún colega hombre que era igual de duro. Yo debía ser más dulce, porque era niña… Y yo no era dulce. Pero bueno, después de 30 años uno se toma todo con más calma, te das cuenta de que nada es tan dramático”.
Eso la aleja, dice, de situaciones que antes le pasaban cuando se tomaba todo más a pecho. “Alguna vez que una entrevista me salió mal, y esto no lo cuento con orgullo, me acuerdo haberle pegado de rabia una patada a mi auto y dejarlo abollado. Hoy eso me da risa, ternura y vergüenza”.
- ¿Ser una periodista inquisitiva te hace impopular? ¿hay costos?
- Es que a mí no se me ocurriría ser de otra forma. No me sale. La labor de los periodistas que nos dedicamos a la noticia, a la información, es fiscalizar al poder, incomodarlo. Uno tiene que hacer la pregunta pesada. Y para hacerlo de la manera más independiente y con distancia, uno no puede andar buscando la popularidad. Lo que sí creo es que los periodistas, y lo he ido creyendo cada vez más con los años, tenemos que buscar cercanía con el telespectador, el auditor, el que lee.
- ¿A qué te refieres?
- A veces si uno es una periodista con una imagen de mucha dureza es contraproducente para que la gente te vea cercana. Soy consciente de eso y es un trabajo que he tratado de hacer. Porque yo veo el periodismo como un servicio público, y para que eso pase la gente te tiene que querer ver y escuchar. Si no, no sirve de nada que yo haga una gran entrevista o un gran periodismo duro. Pero buscar ser popular por ser popular no es relevante para el periodismo al que me dedico y nunca ha sido mi preocupación. Si uno quiere hacer bien este trabajo, es imposible que todos te quieran. Prefiero que la gente me reconozca como una periodista dura, inquisitiva, que como su mejor amiga. Porque ése es mi rol.
"La labor de los periodistas que nos dedicamos a la noticia, a la información, es fiscalizar al poder, incomodarlo. Uno tiene que hacer la pregunta pesada. Y para hacerlo de la manera más independiente y con distancia, uno no puede andar buscando la popularidad".
- En las redes sociales a veces te pegan bastante…
- Al principio no tenía redes sociales, porque sentía que podía pesar demasiado lo que ahí aparecía y no quería dejarme influir para caerles bien a esas personas. Es muy fácil, muy humano, querer eso. Ahora tengo Instagram. Y hace unos días me llenaron de recetas de cocina por una entrevista que hice a María Corina Machado. Parece que no les gustó. Yo le pregunté a ella si no se arrepentía de haberle entregado el Nobel a Trump, considerando que era una persona que había atacado países, que en Irán habían bombardeado un colegio y se habían muerto 150 niños. Los comentarios decían que parece que yo no sabía que estaba entrevistando a una Nobel de la Paz… Pero yo tenía que hacerle esa pregunta, estaba ahí dando vueltas.
- ¿Te afecta?
- No, no me afecta. Sí me hace revisarme. Siempre reviso las entrevistas que hago y te diría que lo que sigo aprendiendo es a escuchar más. Pero cuando me dicen que fui demasiado dura, también me doy el trabajo de ver de dónde viene esa crítica. Pasa con los políticos; en un debate me dijeron que fui muy dura con Kast, y lo decía la gente de él. Y del otro lado pasaba lo mismo. Mientras me lleguen ataques o comentarios negativos de ambos lados, es que estoy haciendo bien la pega.
- ¿Estás en tu mejor momento profesional?
- Es un buen momento y estoy contenta.
- ¿Cómo es tu relación con el ego?
- Siempre digo que todos los que trabajamos en televisión tenemos un ego mayor que el resto. En mi caso, trato de tener el ego siempre controlado. Soy una persona súper terapiada, hice psicoanálisis durante 13 años. Lo digo sin problemas, porque creo que es una riqueza. Y uno de mis desafíos es estar siempre atenta a que el ego no me traicione. Es una amenaza para hacer un buen periodismo.
"Siempre digo que todos los que trabajamos en televisión tenemos un ego mayor que el resto. En mi caso, trato de tener el ego siempre controlado. Soy una persona súper terapiada, hice psicoanálisis durante 13 años".
El flanco personal
- Son años de trabajo demandante en tiempo. ¿Hay deudas en la vida personal?
- No soy tan autoflagelante. Creo que he dado lo mejor y hecho lo mejor que he podido. Por supuesto que me habría gustado estar más presente cuando mis niños eran chicos, pero tuve la suerte de tener un papá de mis hijos que estuvo poniendo el hombro siempre. Mis dos hijos (de 18 y 15 años) son muy generosos, muy comprensivos y crecieron con esta mamá así. Estoy súper segura de que están orgullosos de mí. Sí me pasa que todo el tiempo que no estoy trabajando, quiero estar con ellos, no quiero perderme ni un segundo más de sus vidas. Ese es mi esfuerzo hoy. Lo mismo con mis papás, que son dos personas maravillosas, muy presentes, y quiero estar más con ellos.
- ¿Hay tiempo para el amor? ¿estás en pareja?
- Sí. Y estoy contenta también. Alguien como yo necesita a un hombre que sea muy generoso y comprenda mi trabajo.
- En 2024 tuviste un accidente, te trituraste una rodilla. Diez semanas fuera de pantalla, regreso con muletas. ¿Leíste ahí alguna señal? ¿un recordatorio de fragilidad?
- Sí. Fue un llamado de alerta. Siempre he estado corriendo mucho en mi vida para poder hacer todo. Este accidente pasa en un momento en que venía la segunda vuelta de gobernadores y estaba planificado que yo estuviera todo el día en el canal. Yo pensaba en eso cuando la ambulancia me llevaba a la clínica. Cuando el doctor me dice que debe operar, me vino una sensación de angustia. Me pegué un lloriqueo, y pensé: “Qué ganas de retroceder el tiempo y que esto no pasara”. Me ocurrió igual cuando a los 15 años me atropelló un camión al bajarme corriendo de la micro y estuve a punto de que me amputaron la pierna izquierda. Pero una vez pasado el shock, solté. Ahora cuando siento que me estoy sobregirando, recuerdo el accidente.

Debut en Infinita
- A principios de abril debutas en radio Infinita, con dos programas. ¿Qué puedes contar?
- En la mañana (de 9 a 10) voy a hacer el programa económico Más que números, que era el que hacía la Cata Edwards. Ahí voy a estar con Pato Esquenazi, que hoy está haciendo el programa y es un economista seco. Estamos reacondicionando el programa porque yo no soy la Cata, somos diferentes, y ella era muy marcadora allí. A mí me gustan mucho las políticas públicas y este va a ser un año donde los temas económicos son fundamentales, entonces habrá mucho que comentar y cruzar información. Creo que hay que bajar esa información que a veces es demasiado técnica y alejada de la gente. Yo puedo tener esa mirada más del sentido común.
- ¿Y el programa de la tarde?
- Irá de 6 a 7 de la tarde. Yo soy la conductora, pero con voces que van entrando y saliendo. Voy a tener entrevistados, panelistas, y la idea es revisar la contingencia del día. Entregar las claves más importantes. Me tiene súper entusiasmada.
- ¿Qué te falta en tu carrera?
- Estoy en el lugar donde me siento cómoda, en la información, en el análisis, en el contexto. Quiero seguir teniendo la posibilidad de ser testigo de los hechos que ocurren en Chile y el mundo, y también de sentarme y conversar con sus protagonistas. Con eso me doy por pagada… Ah ¿sabes que me encantaría?, hacer una investigación periodística con tiempo, que podría ser un libro o algo así. Pero aún no tengo el tiempo ni la tranquilidad.
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