De esta manera, planteó que la próxima rebaja en el tipo rector -actualmente en 4,5%-, “si es que se justifica, no debería producirse antes de la reunión monetaria del 16 de junio”.
El planteamiento de Fernández, plasmado en el informe mensual de la entidad, hizo referencia a que el regreso de la inflación a la meta en febrero -de hecho, se ubicó en 2,5%, lo más bajo desde septiembre de 2019-, estuvo muy influida por la revaluación del peso, que se reflejó en los transables; y el comportamiento favorable de los precios volátiles.
Ambos factores, destacó, “pueden revertirse fácilmente, como de hecho ha sucedido con el tipo de cambio reciente luego del inicio de la guerra de Irán; y, en el caso de los precios volátiles, es su propia naturaleza la que hace impredecible y errático su comportamiento”.
De ahí que la tensión en Medio Oriente hace “recomendable esperar para bajar nuevamente la TPM”.
El economista señaló que si bien en un principio la guerra pareció una cuestión de “puro trámite, contra un rival disminuido y debilitado por los ataques del año pasado, impresión que se acentuó luego de que se eliminara toda la plana mayor del régimen el primer día del conflicto, la capacidad de reacción de Irán ha sorprendido, no solo a los observadores del conflicto, sino que a los actores directos del mismo”.
Por ende, como se ha visto, Fernández señaló que el cierre del estrecho de Ormuz, la obligada reducción en la producción por el agotamiento de la capacidad de almacenamiento y la destrucción de algunas instalaciones productivas, han presionado el precio del petróleo, del gas y de los fertilizantes, tal como sucedió al inicio de la guerra de Ucrania.
A su juicio, el escenario base es que, no obstante las declaraciones de Donald Trump en cuanto a que la guerra estaba por concluir, los bombardeos continuarán por dos o tres semanas más, es decir, hasta fines de marzo aproximadamente, sin que ello redunde en un cambio de régimen en Irán.
“Una vez que los ataques de Israel y Estados Unidos concluyan -y suponiendo que Irán también detendrá sus represalias-, puede tomar varios meses una normalización completa de la producción y transporte de energía, lo mismo que de los precios, lo que es suficiente para dejar secuelas negativas en la actividad productiva global”, expuso Fernández.