El 2025 no fue un buen año para las viñas chilenas ni para el negocio vitivinícola. A la debilidad del consumo mundial se sumó una caída de las exportaciones, mayores restricciones al comercio y un entorno productivo cada vez más incierto para la industria local.
A nivel global, el vino es la única categoría relevante de alcohol que ha caído en todos los rangos de precios, según la firma británica de investigación de mercado International Wine and Spirits Record (IWSR, su sigla en inglés).
En la misma línea, el último informe de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) mostró que el consumo mundial se ubicó en su nivel más bajo desde 1961. El organismo además reportó una brecha de 11,6 millones de hectolitros entre producción y consumo, 25% menor a la del año anterior, en un proceso que describió como de rebalanceo del mercado.
Pero más allá de los cambios en el consumo, el declive de la industria responde a una combinación de factores coyunturales y estructurales: la política arancelaria impulsada por Estados Unidos y su impacto en las exportaciones, el aumento de los impuestos a las bebidas alcohólicas en Reino Unido y un tipo de cambio que, en promedio, se ha mantenido más bajo.
Actores de la industria también apuntan a que el cambio climático está profundizando su impacto sobre la producción nacional. El avance de la desertificación está afectando a un sector que depende de condiciones climáticas muy específicas. En este contexto, los viñedos requieren un clima mediterráneo estable; de lo contrario, aumentan los riesgos sanitarios, se deteriora la calidad de la uva y se favorece la aparición de hongos. Este fenómeno provoca que las vendimias sean cada vez más inciertas y, muchas veces, menos productivas, lo que termina encareciendo el costo del vino.
Los datos de la OIV al cierre de 2024 indican que la producción mundial cayó a 226 millones de hectolitros, un descenso de 4,8% que la llevó también a su nivel más bajo desde 1961, explicado por eventos meteorológicos atípicos. En el caso de Chile, la producción fue de 9,3 millones de hectolitros, con una caída de 16% anual y de 21,4% frente al promedio de cinco años.
Caída en las exportaciones
El último año, las exportaciones chilenas de vino retrocedieron, al pasar de US$ 1.364 millones en 2024 a US$ 1.315 millones en 2025, lo que equivale a una baja de 3,6% en valor. El deterioro no fue uniforme durante el año, pero se intensificó en meses como febrero, agosto, noviembre y diciembre, que concentraron algunos de los mayores retrocesos del período.
Las cifras de Wines of Chile muestran que los embarques totalizaron 46 millones de cajas, con una caída de 1,3% en volumen y de 2,9% en valor. A esto se suma un precio promedio de US$ 27,4 por caja, cifra que se ubicó 1,7% por debajo de la registrada en el ejercicio anterior.
Entre los principales mercados, Brasil se mantiene como el principal destino del vino embotellado chileno, concentrando el 18% del volumen exportado y el 16% del valor total. Se enviaron 8,5 millones de cajas por US$ 206,8 millones, lo que implicó un crecimiento anual de 4% en volumen y 2,5% en valor. Estas últimas cifras posicionan al país como uno de los pocos que todavía muestra expansión.
Canadá también tuvo un avance importante, aunque más asociado a una mayor participación de mercado del vino chileno frente a los vinos californianos. En contraste, las exportaciones retrocedieron de forma marcada en Estados Unidos, Reino Unido, Japón, China y Holanda.
El caso más llamativo es China, que cayó al quinto lugar entre los principales destinos y acumula una contracción promedio anual de 20% en los últimos cinco años.
¿Y las viñas chilenas?
Si bien las cifras de exportación reflejan el debilitamiento del negocio, los resultados del cuarto trimestre de las empresas del sector también entregan señales de lo que fue el año para la industria.
Para analistas del mercado, el balance 2025 fue mixto, pero con una tendencia común de deterioro operacional. Entre las compañías abiertas a bolsa, Concha y Toro mostró mayor resiliencia, mientras que San Pedro Tarapacá, Santa Rita y Emiliana exhibieron caídas en ingresos y Ebitda. En el caso de Concha y Toro, la baja anual de 4,3% en volumen y de 4,4% en ingresos fue menor a la contracción de doble dígito que habría registrado la industria.
¿Quién gana?
“En general hemos visto que las compañías más resilientes son aquellas que presentan un grado de integración vertical con distribuidores más desarrollado”, explica el analista de Inversiones en BICE, Ewald Stark.
En ese contexto, añadió que “compañías como Concha y Toro, pese a la caída en resultados, están mostrando un desempeño relativo superior al de sus pares locales e internacionales”.
La productora de Casillero del Diablo fue la que más resiliencia mostró. Parte de ello, fue adelantarse a ciertos fenómenos, como la misma desertificación, invirtiendo en tecnologías de riego hace más de una década.
Desde la viña explicaron en su último análisis razonado que el desempeño del ejercicio de 2025 estuvo impulsado por la solidez de las marcas premium y superiores, cuyas ventas en valor aumentaron 4,3% durante el año. Esta estrategia de premiumización se implementó en 2017.
En el ámbito comercial, otra clave ha sido la diversificación de mercados. En ese frente, la firma resistió mejor el impacto de la guerra comercial gracias a una exposición relevante a Europa y Reino Unido, que en conjunto representan cerca del 44% o 45% de sus ventas y donde, pese a los cambios tributarios en Reino Unido.
A eso se suma el avance en Latinoamérica, donde marcas como Casillero del Diablo han ganado espacio en países como Brasil y México, mercados, que si bien aún son pequeños, tienen bajo consumo per cápita y espacio para seguir creciendo.
Lo que viene
Para 2026, el mercado no anticipa un cambio de tendencia de fondo para el negocio vitivinícola, sino más bien un año todavía exigente, con una demanda global débil y sin señales claras de recuperación del consumo.
De acuerdo a los datos del Servicio Nacional de Aduanas, la industria ya venía mostrando debilidad al inicio del año. En enero las ventas del sector habrían caído cerca de 11%, mientras que en febrero hubo una leve mejora.
El primer trimestre, además, enfrentaría una base de comparación exigente. En igual período del año pasado, el impacto de los aranceles aún no se reflejaba por completo y varios importadores adelantaron compras, lo que infló la base de comparación, especialmente en Estados Unidos.