El Presidente Donald Trump ha dicho repetidamente que Estados Unidos e Irán están a punto de alcanzar un acuerdo para poner fin a su conflicto. La realidad ha resultado ser más esquiva, en parte debido a la propia naturaleza de las negociaciones.
La última confusión se produjo cuando Trump afirmó el jueves que un acuerdo era inminente y que podría firmarse incluso este fin de semana. Para el viernes, el Presidente publicaba en redes sociales que “no existe tal cosa como negociar de buena fe” con Teherán.
Si bien la tendencia de Trump a exagerar, amenazar y ofrecer incentivos ayuda a explicar parte de la confusión, hay otra razón por la que ha sido tan difícil alcanzar un acuerdo concluyente: la engorrosa forma en que Estados Unidos e Irán están llevando a cabo las negociaciones.
Funcionarios estadounidenses, analistas y personas familiarizadas con el asunto señalan que las negociaciones son menos conversaciones reales y más un proceso complejo en el que los mensajes tardan días en ir y venir. Las personas pidieron no ser identificadas al referirse al formato de unas conversaciones que se han desarrollado lejos de la atención pública.
Las propuestas de los negociadores estadounidenses recorren un sinuoso camino diplomático, que a menudo involucra correos humanos por el lado iraní para ocultar el paradero del líder supremo Mojtaba Khamenei, quien resultó herido al inicio de la campaña de Estados Unidos e Israel. Dado que las autoridades iraníes temen que sea un posible objetivo de asesinato, su ubicación es un secreto estrechamente resguardado.
La conectividad irregular en tiempos de guerra dentro de Irán ha complicado aún más las cosas. Según un diplomático que pidió no ser identificado para poder hablar públicamente, algunos mensajes de WhatsApp tardan hasta 48 horas en llegar. Las negociaciones también dependen de que funcionarios pakistaníes transmitan propuestas y respuestas estadounidenses mediante llamadas telefónicas y visitas presenciales a Teherán antes de que se despachen los mensajeros, señalaron las fuentes.
Un alto funcionario de la administración describió el sistema iraní como frustrantemente lento y opaco. Incluso si Estados Unidos concediera a Irán todo lo que desea, serían necesarios cinco días para firmar un acuerdo, indicó el funcionario, que pidió reserva de identidad para hablar con libertad.
El secretario de Estado, Marco Rubio, se ha quejado públicamente del lento proceso. La semana pasada dijo a legisladores que puede tomar “cinco o seis días” obtener una respuesta.
“Lo que estamos enfrentando en muchos casos son retrasos para hacer llegar las respuestas a las personas, y por eso se informa que podría haber un acuerdo en los próximos días”, señaló Rubio.
¿En qué va la negociación?
Es posible que Estados Unidos e Irán firmen un acuerdo para reabrir el estrecho de Ormuz al margen de la cumbre de líderes del Grupo de los Siete (G7) de la próxima semana en los Alpes franceses, dejando para más adelante las negociaciones más complejas sobre el programa nuclear de Teherán, según altos funcionarios. Ginebra, en Suiza, está cerca y se menciona como posible lugar para la firma.
Algunos aspectos del acuerdo entre Estados Unidos e Irán quedarán abiertos a interpretación, según personas familiarizadas con los términos. Una de ellas indicó que se trata de una flexibilidad habitual para permitir que cada parte presente el acuerdo como una victoria.
La falta de detalles cruciales plantea la interrogante de si los adversarios terminarán regresando a conversaciones cara a cara, necesarias para alcanzar un acuerdo más amplio.
“¿Se pueden llevar a cabo negociaciones exitosas a través de intermediarios o teléfonos celulares? No”, afirmó Aaron David Miller, asesor durante años del Departamento de Estado en negociaciones de Medio Oriente. “Cada tema que están abordando -sanciones, activos congelados, enriquecimiento nuclear de Irán- contiene un universo de detalles que tomaría semanas, si no meses, negociar”.
La administración Trump e Irán han evitado detallar cómo son las negociaciones. Sin embargo, las descripciones entregadas por personas familiarizadas con el proceso dejan claro que distan mucho de las conversaciones cara a cara que funcionarios de la administración Trump sostuvieron con Irán al comienzo de su mandato.
Tampoco se parecen al esfuerzo de meses que condujo al Plan de Acción Integral Conjunto durante la presidencia de Barack Obama. En aquella iniciativa, funcionarios estadounidenses e iraníes se instalaron durante casi tres semanas en el lujoso hotel Palais Coburg de Viena para resolver los detalles finales.
El enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, mantiene una comunicación directa vía mensajes de texto con el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi, un canal que Estados Unidos ha utilizado con mayor frecuencia, según las fuentes. Sin embargo, Witkoff no ha viajado a Medio Oriente desde las últimas reuniones presenciales entre Estados Unidos e Irán en Islamabad.
En contra de Trump juega el hecho de que la naturaleza engorrosa de las conversaciones podría ser intencional. Irán quiere evitar dejar un rastro digital que pueda revelar el paradero de Khamenei y conducir a su asesinato, señalaron otras personas familiarizadas con las negociaciones.
Las conversaciones también deben considerar a numerosos actores involucrados. En una publicación en redes sociales en la que anunció la cancelación de ataques contra Irán el jueves, Trump mencionó al menos a 10 países: “Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Turquía, Pakistán, Bahréin, Kuwait, Jordania, Egipto y otros”.
Las conversaciones también han generado frustración entre aliados de Estados Unidos, lo que llevó a Emiratos Árabes Unidos a sostener reuniones presenciales con Irán esta semana, según personas con conocimiento de la situación. Qatar también envió una delegación separada a Teherán para intentar reactivar las estancadas conversaciones entre Estados Unidos e Irán, informó la prensa iraní.
Diplomáticos y funcionarios del Golfo sugieren además que Teherán está retrasando deliberadamente el proceso para mantener la presión sobre la Casa Blanca.
“Eso favorece los intereses iraníes y parece ponernos más inquietos”, dijo Dennis Ross, otro exnegociador estadounidense de alto nivel en procesos de paz en Medio Oriente. “Ellos juegan con nuestra inquietud y cada vez que el Presidente Trump dice que estamos cerca, consideran que lo mejor es ganar tiempo. Están esperando que las presiones surtan efecto sobre él”.