La industria vitivinícola chilena sigue intentando dejar atrás uno de sus ciclos más complejos de los últimos años. El desempeño en 2025 volvió a reflejar un sector que aún no logra consolidar un nuevo período de crecimiento.
Así lo mostró el informe anual de Humphreys sobre la evolución de la industria, que analizó el comportamiento de Viña Santa Rita, Viña Concha y Toro y Viña San Pedro Tarapacá, tres de las principales compañías del rubro con presencia en el mercado financiero local.
Al cierre de diciembre de 2025, el resultado final agregado de las empresas analizadas alcanzó los $ 79.685 millones, lo que implicó una baja de 21,1% frente al año anterior. La deuda financiera, en tanto, llegó a $ 663.386 millones, manteniéndose estable respecto de 2024, indicó el balance.
En tanto, según el diagnóstico de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) la industria continúa enfrentando un escenario desafiante, marcado principalmente por la “debilidad estructural del consumo mundial de vino, mayores presiones competitivas y un entorno comercial más exigente”. A esto se suman menores volúmenes vendidos y presión sobre los ingresos, factores que han seguido golpeando la rentabilidad del sector.
Recuperación acotada
El ajuste más fuerte para las viñas chilenas se produjo en 2023. Ese año, los ingresos reales agregados de las compañías analizadas cayeron 10,6%, llevando a la industria a niveles históricamente bajos, en medio de la normalización del consumo post pandemia, la desaceleración económica global y la corrección de inventarios en los principales mercados internacionales.
Sin embargo, durante 2024 hubo una mejora, tanto en volúmenes como en valor, pero el rebote no fue lo esperado y en 2025, el desempeño volvió a deteriorarse, afectado nuevamente por un consumo global más débil, restricciones comerciales y una mayor competencia internacional.
Para el asociado de estudios de BICE Inversiones, Ewald Stark, el problema responde a una tendencia más estructural que coyuntural. “El consumo mundial de vino ha mostrado una tendencia a la baja, impulsada por cambios estructurales en los hábitos de consumo”, señaló.
Según explicó, los consumidores, especialmente las generaciones más jóvenes, están privilegiando bebidas de menor graduación alcohólica o derechamente sin alcohol. "El vino ha perdido participación relativa dentro del mercado total de bebidas alcohólicas frente a categorías como la cerveza premium, licores y otras alternativas listas para consumir”, dijo.
Para Humphreys, también incidieron factores externos como la política arancelaria impulsada por Estados Unidos, el aumento de impuestos a las bebidas alcohólicas en Reino Unido y un tipo de cambio que, en promedio, se mantuvo en niveles menos favorables para la industria exportadora.
Concha y Toro resiste
En medio de este escenario, Concha y Toro aparece como la compañía que ha mostrado una mayor resiliencia relativa frente a sus pares. La firma se ha apoyado en su escala, diversificación geográfica y posicionamiento en marcas premium y superiores, lo que le ha permitido enfrentar de mejor manera el deterioro del mercado.
En términos de ingresos, la diferencia es amplia. Concha y Toro alcanzó ventas por US$ 975 mil millones en 2025, seguida por San Pedro Tarapacá con US$ 276 mil millones y Santa Rita con US$ 157 mil millones.
Para el gerente de estudios de Renta 4, Guillermo Araya, la ventaja relativa de Concha y Toro responde a una estrategia que la compañía comenzó a construir hace décadas y que volvió a reforzar en los últimos años.
“La resiliencia de Concha y Toro se explica porque la empresa ha tenido una focalización hacia vinos de alta calidad”, señaló.
Según explicó, aunque esa estrategia se había abandonado parcialmente, “alrededor de cinco años atrás nuevamente comenzó su estrategia de premiumización”.
La tesis, agregó, responde a un cambio de fondo en la demanda. “Desde hace alrededor de 10 años ha ido disminuyendo el consumo de vinos, pero las personas están consumiendo vinos de mejor calidad”, dijo.
Stark coincidió en que la "premiumización" ha sido uno de los factores centrales detrás del mejor desempeño relativo de la compañía y "la que le ha permitido aumentar el valor por litro exportado mediante una mejora sostenida en el mix de productos”.
A su juicio, ese foco “ha contribuido al fortalecimiento de márgenes y a una menor dependencia del crecimiento en volumen”, un atributo clave en una industria donde la demanda global sigue presionada.
La composición de los mercados también marca una distancia relevante. Mientras las ventas locales representaron el 52,5% de los ingresos de Santa Rita y el 44,6% de San Pedro, en el caso de Concha y Toro Chile explicó solo el 16,4% del total. Su principal mercado fue Europa, que concentró el 41,5% de sus ventas.
Araya sostuvo que esa diversificación también ha sido clave. “Ha sabido concentrarse en diversificar consumo” y en su visión, la empresa logró consolidar una imagen global que la diferencia del resto de las viñas chilenas.
El analista agregó que los vinos chilenos cuentan con una buena relación precio-calidad, aunque enfrentan un techo competitivo frente a países con marcas de origen más consolidadas, como Francia e Italia.
En el caso de sus pares, Araya señaló que San Pedro ha tenido en algunos periodos una estrategia más vinculada a elevar su capacidad de vinificación, lo que puede dejarla más expuesta a categorías de menor precio o a venta de vino a granel.
Respecto de Santa Rita, el analista la ubicó en una posición intermedia dentro del sector. “Es un intermedio”, afirmó, al compararla con el posicionamiento más premium y globalizado de Concha y Toro y con la exposición de San Pedro a otros segmentos de producción.
Márgenes bajo presión
BICE Inversiones advierte que el apetito del mercado por el sector todavía luce limitado. “El mercado hoy está favoreciendo sectores con mayor visibilidad de crecimiento, mientras que la industria del vino enfrenta desafíos estructurales asociados a la caída del consumo y, en consecuencia, a un entorno competitivo más exigente”, señaló Stark.
Además, sostuvo que las valorizaciones de Concha y Toro “no parecen estar a niveles de descuento atractivos frente a comparables internacionales”.
Por ello, afirmó que para que vuelva el apetito por estas acciones “probablemente será necesario observar señales más claras de inflexión, ya sea mediante una recuperación de volúmenes o mejoras relevantes en márgenes”.
Pese al menor dinamismo operacional, las principales viñas chilenas han mantenido un perfil financiero relativamente estable. San Pedro y Santa Rita presentan niveles de endeudamiento acotados, con una relación de pasivo total sobre patrimonio inferior a 0,8 veces.
Concha y Toro, en tanto, mantiene un leverage más alto que sus pares, aunque también contenido, situándose en torno a 1 vez al cierre de 2025. En su caso, la deuda financiera equivale a cerca del 57% del patrimonio, mientras que en Santa Rita representa un 48,9% y en San Pedro un 23,3%.
La liquidez también se ha mantenido sobre niveles considerados adecuados. De acuerdo con el informe, las tres compañías registraron razones corrientes superiores a 1,6 veces en 2025, lo que ha permitido mitigar parcialmente el deterioro operativo.
De cara a los próximos trimestres, el mercado estará atento a la capacidad de las viñas chilenas para recuperar volúmenes. Por ahora, la industria muestra balances manejables, pero con una recuperación todavía frágil y lejos de sus mejores años.