“Caso cerrado. Totalmente”. El jueves sacaban así un rotulador en tres escritorios premium de La Moneda, dando por conjuradas las potenciales astillas del sobresalto provocado el lunes por un artículo de Fast Check que narraba cómo Catalina Ugarte Millán (41, abogada) y sus hermanos obtuvieron el 2009 un subsidio habitacional “de clase media a pesar de cuantioso patrimonio inmobiliario”. Eso dice el titular. Y los posteos en redes sociales, mensajes reenviados, alertas y la espuma de etcéteras que hacen que uno tenga que encarar estas cosas.
No nos apuremos porque para sepultarlo falta -al menos- que Contraloría resuelva el requerimiento ingresado por el senador PPD Ricardo Celis (no, no fue Manouchehri) para que se pesquisen eventuales irregularidades. No hay tales, dice Palacio. La cosa es que activada la alerta a comienzos de semana, en el sector Presidencia y otros hubo que sacar otra vez el escáner, la caja de herramientas y demases.
Fue como sigue. El martes a mediodía Máximo Pavez -subsecretario del Interior y vocero de contingencia, léase incendios- sentenciaba que el beneficio entregado “hace 20 años” en “el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet a la hoy jefa de gabinete del Presidente de la República está con todos los requisitos legales cumplidos”. Y eso no más.
Pasaron unas horas para que el biministro (Interior y Segegob) Claudio Alvarado verbalizara la bajada oficial: entonces había subsidios “de renovación urbana”, no de “focalización de carácter social” que requerían “no tener viviendas previamente inscritas a su nombre y tener ahorros previos” y que ambos “se cumplieron”, por lo que todo era legal.
La línea había sido elaborada para instalar un mensaje de contramedida -explican en Morandé 80- a la narrativa adversa del titular (beneficio para clase media v/s muchas propiedades). Le llegó también al jefe de bancada de diputados del Partido Republicano, Benjamín Moreno, que la tuiteó en su propia versión avanzada esa noche.
Tal diseño y fraseo táctico se le atribuye a Cristián Valenzuela, director de Contenidos del Segundo Piso; Felipe Costabal, director de Secom, y María Paz Fadel, directora de Prensa de Presidencia. Kastólogos cuentan que con el correr de estos primeros 102 días la tríada -un círculo cerrado con kilometraje compartido en campaña- ha ido considerando a Ugarte de las suyas. Ella no integraba ese grupo histórico íntimo del Número Uno ni tampoco en campañas anteriores. Se le geolocaliza en ese lote y no en el del jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval.
Su confianza plena con el Presidente se fraguó recién en la última contienda electoral. Entonces la abogada UC, dos veces concejala por Las Condes, parte de la nómina fundadora del Partido Republicano, madre de cinco hijos, voluntaria misionera de los Legionarios de Cristo durante un año en Río de Janeiro, exalumna del Colegio Cumbres, pasó de opinar sobre aspectos programáticos y contenidos como jingles y logos a tomar más roles durante las giras de primera vuelta. Hasta que se ganó sus medallas, se recalca.
Obvio que no es tan simple como eso. No llegó de un viaje. Para leer las texturas que la tienen hoy en el despacho en La Moneda por el que hay que pasar sí o sí para acceder al del Presidente -y antes de entrar a otras cosas- hemos de atalayar la estela detrás suyo.
De tal palo
“Mi papá fue alcalde de Conchalí y mi mamá siempre estuvo muy cercana a la política, entonces lo que pasa en la situación país no me es indiferente”. Eso dijo en una entrevista (2021) citada por Emol cuando se anunció (25 de diciembre 2025) que Kast la había nombrado jefa de gabinete. Tiremos de ese hilo. Jaime Ugarte Frías fue alcalde de esa comuna en los ‘80 y entre especialistas en esta historia recalcan que su influjo es decidor, sin perjuicio de que el mérito es de ella.
Su padre y el Presidente trabaron amistad hace una buena cantidad de años. Cuando el abogado Jorge Barrera llevó a notaría el escrito de constitución del entonces Partido Republicano en formación (6 de junio de 2019), el otrora edil fue uno de los tantos firmantes junto con su hija, dos de sus hijos, y una pléyade de nombres más conocidos: Antonio y Chiara Barchiesi, Javier Leturia Mermod, Alejandro Irarrázaval, Vicente Bruna, Ignacio Dülger y varias otras decenas. También firmó el esposo de Catalina Ugarte, José Domingo González.
La familia, se recalca en el colectivo, ha aportado más de una vez a sus campañas electorales. Y sigue de cerca lo que pasa en Palacio. Dos días después del cambio de gabinete, el 22 de mayo último, la sección cartas de El Mercurio cerraba con un lacónico: “Señor Director. El que se nombren biministros no significa que falten personas, sino que sobran ministerios. Jaime Ugarte Frías”.
Lo de “100% de derecha” -su eslogan de campaña a concejal- también tiene otra hebra. El tronco familiar es comprometidamente pinochetista. Ugarte Frías ha integrado el directorio de la Fundación Pinochet. El 25 de noviembre de 2015 encabezó junto a Hernán Guiloff una ceremonia por el centenario del natalicio en Los Boldos, con misa, discursos del director honorario Gonzalo Rojas, inauguración de un mástil de 20 metros de altura, izamiento de la bandera, Himno Nacional. En el registro fotográfico aparece la hoy jefa de gabinete a la hora del cóctel en un grupo junto a su esposo y su padre.
Fast forward: 7 de marzo de 2024, Sesión Ordinaria Nº 1172 del Concejo Municipal de Las Condes. En su segundo período, la concejal republicana Catalina Ugarte vota en contra de renombrar la Avenida IV Centenario como Avenida Presidente Sebastián Piñera Echenique. Dejemos que hable ella:
“La municipalidad se equivoca en homenajear al exPresidente, generando un conflicto innecesario entre los vecinos. La decisión de homenajear al Presidente Piñera con el nombre de una calle es impulsiva y poco respetuosa con el reciente fallecimiento y más allá de lo que representa su figura, con sus luces y sombras, este tipo de decisiones requiere de una conversación más amplia”. Y “ya se podrá, si se quiere homenajear al ex Presidente en otras oportunidades (...) Voto en contra de este oportunismo”.
Perdieron 7 a 3 y ganó la iniciativa empujada por la entonces alcaldesa UDI Daniela Peñaloza.
Implacable
Sus dos períodos en Las Condes (2021-2026, renunció a comienzos de mayo, luego de varias semanas de cuestionamientos por no haberlo hecho cuando asumió su cargo en Palacio) fueron su escuela política dura. Aunque antes había trabajado en un organismo del Mineduc -durante Piñera I-, en el municipio Ugarte forjó sus armas republicanas, sumando puntos en fiscalización implacable durante una era corrosiva en las relaciones intraderechas.
Recordemos que al 2021 Las Condes y sus vecinas estaban bajo control UDI-RN. Pero para la megaelección de ese otoño (15-16 de mayo, municipales y constituyentes I) Republicanos asaltaron la Capital del Rechazo, aka Distrito 11. De un zuácate entraron a la comuna con cuatro concejales gracias a que Sergio Melnick sacó más de 23 mil votos (mayoría nacional), arrastrando a Ugarte (3.509), a la hoy senadora PNL Vanessa Kaiser y Marie Claude Mayo.
Conquistada esa cabeza de playa, los ánimos se caldearon. Un spoiler de la temporada de acusaciones de “derechita cobarde” que detonaría poco después. Para marzo de 2023 el concejo de Las Condes estaba quebrado entre partidarios y adversarios de la alcaldesa UDI Daniela Peñaloza, con Ugarte militando activamente entre los últimos.
Peñaloza era un símbolo para el ala dura: Joaquín Lavín la había elegido su heredera. Sus detractores la encararon por irregularidades que acusaban en la compra de terrenos para un nuevo Cesfam, articulados por la entonces concejala Evópoli (hoy alcaldesa independiente) Catalina San Martín. Ugarte se plegó. En sesiones emplazaba una y otra vez a la jefa comunal, pregunta tras pregunta, detalle tras detalle, a veces con tono pausado, sin jamás soltar la presa, tratando de pillarla en falta, soltándole preguntas cazabobos. “Era muy crítica con el error, no le perdonaba ninguna”, resumen testigos.
En la siguiente municipal (2024) Peñaloza no repostuló. San Martín ganó la alcaldía. Ugarte -ahora vicepresidenta del partido- fue de cabeza de lista. Kast, Arturo Squella y todo el aparato le grabaron material celebrando sus capacidades fiscalizadoras. Se reeligió con 23 314 votos. En uno de los videos reiteraba una frase que le han escuchado mucho: “Como decía Felipe Cubillos, no hay mayor caridad que el uso eficiente de los recursos”.
102 días después
Una buena porción de la más de docena de dirigentes, autoridades, conocedores de la carrera de Ugarte que colaboraron para este texto coincide en que es de carácter duro, de opiniones bien categóricas. De convicciones sin dobleces, expresiones sin términos medios. Incluso del ala más conservadora del Partido Republicano, afirman voces expertas. Y proclive al diálogo, leal, disciplinada, aplicada y conciliadora.
Tras estos 102 días de su cometido como jefa de gabinete presidencial quedan algunas escenas y comentarios internos. Como ya vimos acá antes, cuando la remoción de Mara Sedini y Trinidad Steinert estaba resuelta, fue ella -reiteran en Palacio- una de las voces que propuso o incentivó que Martín Arrau asumiera en Seguridad, justo cuando circulaban ideas de instalar a Enrique Bassaletti y otros. El Presidente aprobó. “Pasado un mes, uno ve que es una buena decisión. Fue un nombre acertado y no un búmeran”, afirma un testigo.
Pero, se aclara, ella lo propuso, no incidió en la decisión. Ugarte, relatan, no es una orejera política VIP ni dominante. Y tampoco es del perfil al otro extremo que se le suele colgar a estos cargos, el de la asesora obediente y eficiente, circunscrita a lo administrativo, de llevarle la agenda, o el maletín y poco más. Ni blanco ni negro, está en el rango de los azules, dicen. En pos de cuidar al jefe de Estado, le levanta alertas, participa en espacios con opinión política propia y -reiteran- se le adjudican dosis de olfato. Agregan que mantiene trato directo con varios de los ministros.
¿Se mete más allá de lo habitual? Hay testigos que relatan que no. Que una cosa es que exprese sus opiniones políticas en ciertas reuniones y espacios, pero no fuera de los márgenes normales. En el día a día, uno de sus nortes es cuidar a su jefe, que los asistentes a las audiencias vayan bien preparados, asegurarse de que Kast esté advertido de qué le llevan y especialmente que no le hagan perder tiempo. Y coordinar su agenda con la del Gobierno, para lo que se reúne cada jueves en la tarde con Valenzuela, Fadel, Costabal y el biministro Alvarado.
Antes de que el Caso Haití se tomara la agenda de esta semana, a Ugarte le tocó pasar por lo de Fast Check y ese subsidio habitacional que vino a buscarla. En Presidencia han chequeado los posibles flancos: las dudas que plantea el reportaje y el requerimiento a la Contraloría, que van más allá de lo que cubre la bajada comunicacional de Gobierno.
Por ejemplo, el escenario de que Ugarte no hubiese cumplido algunos requisitos del subsidio normado por el entonces vigente y hoy derogado Decreto Supremo N° 40, dado que nunca habría vivido con sus hermanos en el inmueble comprado y que la norma obligaba a no darle otro destino que no sea habitacional. En el Ejecutivo aseguran que la normativa apunta a que se tiene que habitar, no quién tiene que habitarlo; el sentido era fomentar que se repoblaran ciertas zonas, que no estaba asociado a requisitos de situación social y que en este caso era un subsidio individual.
En La Moneda cuentan que cuando supieron del caso fue incómodo para ella, pero que no habría alcanzado a sacarla de su centro. ¿Por qué? Por un lado, se cuenta que pese a la polvareda de críticas en redes sociales y que el caso haya forzado al Gobierno a tomar medidas, cortafuegos y bajar líneas, el daño medido no parece haber sido sensible. Y que por otro lado -para bien o para mal-, no es primera vez que queda expuesta en un rol que debe estar lejos de los focos: ya le pasó cuando se le cuestionó por no apurar la renuncia al Concejo. Insisten que cuando se tiene la seguridad de no haber vulnerado normas, se puede estar tranquila.
Otras voces del sector no piensan igual. Hacen ver que quizá -quizá- ahora vea con otros ojos el rigor que aplicaba en el Distrito 11.