“Más que desviaciones puntuales, lo que se observa es un patrón persistente de sobreestimación”, indica Isaac Paredes, chief operating officer de la consultora y autor del estudio “Perspectiva ¿Qué tan realista es el plan 2026 del cobre chileno?”.
A la luz del análisis, el informe advierte que la probabilidad de cumplimiento de la meta de 5,61 millones de toneladas de cobre fino para 2026 “es extremadamente baja, del orden de 0,6%, incluso bajo escenarios relativamente favorables”.
De acuerdo con cálculos de GEM, en base a un modelo estocástico propio, el desempeño de la industria nacional se ubicaría en 5,49 millones de toneladas este año, unas 120 mil toneladas por debajo del pronóstico oficial.
Desde una perspectiva económica, la desviación productiva implicaría una baja de US$ 637 millones de beneficio económico neto, considerando que la estimación oficial generaría US$ 28.186 millones, según GEM.
La probabilidad de que se cumpla la estimación de producción de este año es “extremadamente baja”, de 0,6%.
Desde 2009, en algunos periodos críticos las diferencias se ubicaron entre 7% y 9% -ver tabla- , mientras que en 2025 la brecha fue de 6%, en un contexto en que cualquier variación en el principal productor de cobre del mundo impacta el equilibrio del mercado.
El estudio plantea que, tras una fase de crecimiento sostenido hasta fines de la década de los 2000, la producción nacional entró en un periodo de estancamiento prolongado, con niveles que han mantenido un promedio en torno a las 5,5 millones de toneladas anuales. En dicho contexto, “las proyecciones han sido sistemáticamente optimistas”, dice GEM.

Problema estructural
El informe no apunta directamente a los cálculos de Cochilco, sino que a los planes mineros del sector. Así, menciona que la mayor parte del desfase de las cifras se ha originado en la etapa extractiva del cobre, debido a restricciones de extracción, menor rendimiento de equipos o problemas en la preparación de frentes.
A esto se suman factores asociados a la calidad del mineral, como la disminución de leyes y la variabilidad en la recuperación, además de eventos geotécnicos que pueden afectar la continuidad de las operaciones, como el fatal caso en El Teniente.
También destaca el envejecimiento de los activos, la creciente complejidad técnica de las operaciones y retrasos en expansiones y proyectos.
“Estas desviaciones no responden a eventos aislados, sino a una tendencia estructural derivada de la complejidad creciente de la minería moderna”, dice el texto y expone que el principal desafío para el sector no es reducir las metas de producción, sino mejorar la forma en que se planifica.
Paredes agrega: “En un mundo donde la demanda por minerales críticos seguirá aumentando, la capacidad de planificar con mayor realismo será clave para mantener la competitividad del país y asegurar la estabilidad de las cadenas de suministro globales”.
Cochilco defiende sus estimaciones
Consultada sobre las conclusiones del informe, la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) respondió que “no corresponde hablar de ‘optimismo’ en las proyecciones de Cochilco”, las que se construyen sobre la base de la cartera de inversiones e información de producción pública actualizada, detalló.
“La estimación no se limita a reproducir las cifras informadas por los titulares, sino que utiliza una metodología probabilística con escenarios de producción máxima, más probable y mínima, y una simulación de Montecarlo para estimar la producción esperada”, detalló el órgano y recordó, eso sí, que en 2024 ajustó parte de su metodología al actualizar los ponderadores determinísticos de producción futura más probable con información histórica 2006-2023.
Agregó que “precisamente porque las empresas pueden presentar proyecciones optimistas, la metodología de Cochilco corrige ese sesgo (...). El escenario ‘máximo’ sí recoge una visión optimista, pero la producción esperada que reporta Cochilco la corrige con información histórica y con una modelación explícita del riesgo y la incertidumbre”.