POR ERIC ROBLEDO
Las firmas de private equity que invierten en América Latina han tenido que convivir en los últimos años con un fenómeno creciente y que parece haber llegado para quedarse: el descontento social.
Para muchas de ellas, esta variable, que se traduce en protestas y presión popular sobre los gobiernos, se ha transformado en un elemento más a considerar en el desarrollo de las inversiones en activos tangibles.
Así lo confirmaron representantes de un grupo de compañías de la industria en el foro anual que realiza en Chile la Latin American Private Equity & Venture Capital (LAVCA).
“Creo que la mayor agitación ha generado que desde el gobierno se tomen medidas que tal vez son más populistas”, señaló el socio de Linzor Capital, Tim Purcell, en uno de los paneles de discusión del evento. Si bien para Purcell no se trata de un fenómeno exclusivo de Chile, puesto que tiene -señaló- una escala global, no es menos cierto que en el país “el ambiente ha cambiado bastante en los últimos dos o tres años”.
De igual manera, el socio fundador de la firma de private equity Victoria Capital Markets, Alejandro Sorgentini, señaló que la agitación social es algo que dificulta el desarrollo de los negocios, puesto que obliga a incurrir en mayores gastos con la comunidad para integrarla a los proyectos, disminuyendo así la resistencia a la intervención que provocan los negocios. “Este un desafío más, que afecta los retornos a la larga. Pero lo veo como algo que está pasando en todo el mundo.”, afirmó.
Por su parte, el socio del estudio de abogados Philippi, Yrarrázaval, Pulido & Brunner y director del fondo de private equity minero de LarrainVial ‘Minería Activa’, Juan Pablo Bambach, afirmó que el mayor riesgo en la industria minera es el geológico, pero que la agitación social se ha vuelto un tema relevante, no sólo para la exploración, sino que también en las etapas de desarrollo. Esto, explicó, lleva a la aparición de nuevos requisitos y barreras para la obtención de permisos.
“Estas fuerzas vivas se empiezan a transformar en variables que son difíciles de manejar y que en cierta forma pasan a ser un riesgo casi más importante que los riesgos mineros”, dijo.
Luz amarilla, no roja
Para las firmas de private equity, la mayor agitación social en Chile -que, entre otras cosas tuvo como efecto el cierre de la planta de cerdos de Agrosuper en Freirina- es sólo una “luz amarilla, no roja”.
Según Sorgentini, “los inversionistas extranjeros tienen que lidiar con esto en otros países todos los días. Entonces no lo veo como un factor que ahuyenta las inversiones”.