En 2011, con el objetivo de potenciar la contratación de jóvenes, así como de engrosar el ahorro previsional de este segmento, es que se creó el subsidio a la cotización de trabajadores jóvenes, el cual consistía en un aporte estatal correspondiente a la mitad de la cotización obligatoria previsional de la persona, el cual se deposita directamente en la cuenta de la AFP del trabajador.
Por ser el grupo con mayor informalidad laboral, sumado al hecho de que las primeras cotizaciones en el sistema de pensiones son las con mayor efecto en la pensión, se creó el beneficio, el cual está dirigido a personas de 18 a 35 años de edad, con un sueldo igual o inferior a $ 289.500.
La idea parecía buena, sin embargo no ha alcanzado los resultados esperados. Según señaló la Superintendenta de Pensiones, en el seminario de Políticas Públicas de Santander, la iniciativa, junto al APV Colectivo, no han logrado la “masificación esperada”.
Aún así, los números no son del todo desalentadores. En casi un año y medio de funcionamiento del subsidio, los beneficiarios se han duplicado. De acuerdo a las cifras de la Superintendencia de Pensiones, mientras en enero de 2012 eran 24.129 jóvenes los que estaban recibiendo el subsidio, a enero de este año los beneficiarios superaron las 40 mil personas.
Este crecimiento también se refleja en los montos destinados al beneficio, los que en el mismo periodo pasaron de $ 167 millones a $ 291 millones.
Aún así, la cifra resulta no ser del todo auspiciosa hasta ahora. De acuerdo a cifras de INE, a enero de 2013 había 777.400 personas asalariadas con acuerdo de palabra, de los cuales 97,1% no tiene ninguna prestación laboral. Este grupo está conformado principalmente por personas jóvenes (cerca de 300 mil). La cifra está muy distante del número de beneficiarios del subsidio.