Quienes conocen los pormenores del funcionamiento interno de Palacio aseguran que Daniel Merino, pese a haber renunciado la semana pasada a la dirección de Programación de la Presidencia, mantiene su credencial de La Moneda. Eso, interpretan personas enteradas de la dinámica interna, significa que el ejecutivo y socio de Bizarro no ha cortado del todo los lazos con el equipo de Gobierno y que sigue disponible, para gestiones puntuales, a colaborar. Pero que su paso por la dirección de Programación no va más. En su cargo quedó el abogado Antonio Barchiesi.
Las razones de su salida son múltiples y se arrastraban desde hacía semanas.
Merino, de 35 años, llegó al entorno de Kast a mediados de 2025, en plena campaña. Quienes conocen su trayectoria cuentan que fue una “conocida figura” de la centroderecha la que terminó acercándolo al círculo republicano. La primera reunión fue en las oficinas de Rapallo, en Las Condes, sede del comando de campaña, donde Merino conoció al propio Barchiesi, exmiembro del Consejo Constitucional.
A Merino, dicen quienes lo conocen, le motivaba llegar a La Moneda por lo que representaba en su propia biografía. Nació y creció en una población callampa de San Pedro de la Paz, en la Región del Biobío, en una familia de escasos recursos: su abuela, con quien vivió buena parte de su infancia, era asesora del hogar. De ahí saltó, con apenas 20 años, a la productora Bizarro, donde partió manejando las redes sociales y terminó siendo socio, gerente de entretenimiento y director ejecutivo del Festival de Viña. En su círculo sostienen que Merino suele mencionar de dónde viene y repetir una idea: que alguien que partió en una población puede terminar trabajando codo a codo con un Presidente de la República.
Parte de esa mirada, agregan los mismos conocedores, explica también su perfil político, que en La Moneda era descrito por varios como “muy transversal”. Merino es cercano al exPresidente Gabriel Boric y a su hermano Simón, así como a la alcaldesa de Viña del Mar, Macarena Ripamonti, pero mantiene al mismo tiempo vínculos fluidos con el mundo de la centroderecha y del entorno republicano. Quienes lo conocen dicen que rehúye de los extremos y que comulga más con un sentir de centro derecha liberal y progresista.
Desde esa primera conversación en Rapallo, Merino asumió informalmente un rol en la puesta en escena de la campaña: giras, eventos, imagen, producción. Llevó además a parte de su equipo de confianza y recomendó a varios nombres que terminaron entrando al círculo estético del candidato, como el sastre Sergio Arias. Fue clave, dicen consultados, en el masivo cierre en el Movistar Arena -que en el entorno republicano apuntan como un momento que marcó un antes y un después en la recta final de la campaña- y de la celebración del 14 de diciembre en Las Condes, la noche en que Kast ganó la segunda vuelta.
Esa misma noche, según personas cercanas a la campaña, Kast agradeció al productor. Fue una mención que -relatan en su entorno- generó alguna incomodidad entre quienes llevaban años trabajando con el entonces candidato republicano.
Sin embargo, en otros círculos, como el que componen Felipe Costabal, la jefa de prensa María Paz Fadel y Cristián Valenzuela, la relación se mantuvo estrecha: fue justamente ese grupo el que la semana pasada se juntó con Merino en el restaurante Blue Jar, a pocas cuadras de La Moneda, para intentar que reconsiderara su salida.
Una vez instalado el Gobierno, Merino aceptó sumarse bajo un esquema particular: ad honorem y manteniendo su gerencia en Bizarro y la dirección ejecutiva del Festival de Viña. Conocedores del proceso relatan que el ejecutivo incluso evaluó renunciar a esos cargos y pidió que, de firmarse un contrato, fuera por una suma simbólica.
En La Moneda, sus roces se concentraron con el ala más republicana, como con la jefa de gabinete, Catalina Ugarte. Voces de Palacio describen las diferencias como un choque de visiones sobre cómo proyectar al Presidente. El episodio trascendental fue el almuerzo del Presidente con excompañeros de Derecho de la Universidad Católica. Personas al tanto sostienen que la actividad se organizó sin conocimiento del director de Programación, lo que profundizó su malestar.
El tuit que Merino publicó y luego borró -“los proyectos no fracasan por falta de ideas, sino por exceso de egos”- terminó siendo leído en La Moneda como el anticipo de una salida que, dicen, él mismo comunicó por teléfono el martes 14 de abril a Cristián Valenzuela.
Su última aparición pública junto a Kast fue el viernes 10, en Coltauco, región de O’Higgins.
En su círculo sostienen que no hay ninguna pelea con el Presidente. Sólo que el tránsito de lo privado a lo público resultó más áspero de lo previsto.