El 30% de la producción y cerca del 80% de las reservas de crudo a nivel mundial están controlados por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), según el Annual Statistical Bulletin 2025 de la propia entidad. Estas cifras reflejan el poderío de un grupo que muchos califican como cartel, ya que, mediante las cuotas de suministro que acuerdan sus 12 integrantes, ejerce una influencia decisiva sobre el precio de uno de los commodities clave para la actividad humana.
Sin embargo, el 2026 podría marcar un punto de inflexión para el grupo, que cuando suma a sus aliados en OPEP+ -Rusia, Kazajistán,México y Omán, entre otros- abarca una cuota del mercado petrolero superior al 50%.
En su camino se interpuso, primero, la guerra que ha llevado al bloqueo del estrecho de Ormuz, y segundo, la sorpresiva salida de uno de sus principales socios: Emiratos Árabes Unidos (EAU).
Tras casi seis décadas en el organismo, la nación del Golfo Pérsico se retirará formalmente el 1 de mayo, según informó este martes su Ministerio de Energía.
“Esta decisión surge tras una revisión exhaustiva de la política de producción de los EAU y de su capacidad actual y futura, y se basa en nuestro interés nacional y en nuestro compromiso de contribuir eficazmente a satisfacer las necesidades apremiantes del mercado”, señalaron en un comunicado. “Reiteramos nuestro agradecimiento por los esfuerzos tanto de la OPEP como de la alianza OPEP+ y les deseamos éxito”, agregaron.

Suhail Al Mazrouei, ministro de Energía de EUA. Foto: Reuters
“Nuestra salida en este momento es la adecuada, porque tendrá un impacto mínimo en el precio y un impacto mínimo en nuestros amigos de la OPEP y la OPEP+”.
Aunque en el pasado otros países han renunciado a su membresía en el cartel fundado por Arabia Saudita en 1960, el peso de EAU hace de éste un episodio de particular relevancia.
Los emiratíes cuentan con la tercera mayor cuota de producción dentro de la OPEP, equivalente a 3,4 millones de barriles por día (mb/d), quedando solo detrás de los sauditas con 9 mb/d y los iraquíes con 4 mb/d. De acuerdo con el OPEC Monthly Oil Market Report (MOMR) de marzo de 2026, el último previo al comienzo del conflicto bélico, EAU logró una producción diaria de 2,93 millones de barriles de petróleo.
Se trata de cifras muy superiores a las que ostentaban al momento de retirarse de la OPEP Indonesia, Ecuador, Qatar y Angola, con estos últimos dos superando el umbral del millón de barriles por día.
Conscientes de su importancia, tras el anuncio, el ministro de Energía, Suhail Al Mazrouei, destacó en declaraciones a Financial Times y CNBC que eligieron este difícil momento del suministro petrolero global para retirarse de la OPEP y la OPEP+ bajo la consideración de que la noticia tendría “un impacto mínimo en el precio” del crudo, teniendo presente las restricciones que enfrentan todos los países del Golfo Pérsico para suministrar petróleo a los mercados internacionales, debido a la guerra.

Impacto en perspectiva
De hecho, el jefe de Análisis Geopolítico en Rystad Energy, Jorge León, plantea que “a corto plazo, el impacto puede ser limitado, dado que la geopolítica, especialmente en torno al estrecho de Ormuz, es determinante”. Así, sentencia: “Lo realmente importante es lo que viene después”.
De acuerdo con el análisis compartido en LinkedIn por el también exfuncionario de la OPEP y de British Petroleum, la salida de los EAU “significa que uno de los pilares fundamentales del grupo se retira”, dado que “junto con Arabia Saudita, poseen una importante capacidad de producción excedente, la verdadera palanca que la OPEP+ utiliza para influir en los mercados y estabilizar los precios. Si se elimina, el sistema se debilita estructuralmente”.
El experto detalla que “la OPEP+ ha demostrado que puede actuar con decisión, principalmente, en respuesta a perturbaciones temporales. Recortar ahora, añadir después. Suavizar el ciclo”. En ese marco, destaca que “los EAU cuentan con una capacidad de aproximadamente 4,8 millones de barriles diarios”, por lo que “están bien posicionados para lograr precisamente eso: monetizar más rápido, actuar de forma independiente y maximizar el valor”.
“Ahí es donde la situación trasciende a los Emiratos Árabes Unidos. Si un productor se adelanta, otros podrían empezar a hacerse la misma pregunta”, subraya León.

Un análisis similar hacen en Capital Economics, donde precisan que “en el muy corto plazo, no habrá impacto”, detallando que por el cierre de Ormuz “la capacidad de EAU para exportar petróleo está limitada por la capacidad de su oleoducto hacia Fujairah”, el cual -según la Agencia Internacional de Energía- tiene una capacidad de 1,5 mb/d.
Sin embargo, la misma consultora británica plantea que el escenario puede cambiar drásticamente ante una futura normalización de los flujos de crudo en el Medio Oriente. Anticipando un incremento cercano a un millón de barriles diarios, señalando que “EAU está bien posicionado para aumentar la oferta y soportar precios más bajos del petróleo, dado que tiene una economía más diversificada, menor dependencia de los ingresos petroleros y grandes reservas en divisas”.
Esa posición destaca frente a sus vecinos del Golfo. De hecho, para EAU, el precio del petróleo necesario para equilibrar su cuenta corriente (break-even) era de apenas US$ 10 – US$ 15 por barril, valores muy inferiores a los US$ 60 -US$ 80 que requieren Arabia Saudita, Omán y Bahréin.
“Los EAU cuentan con una capacidad de aproximadamente 4,8 mb/p”, por lo que “están bien posicionados para lograr monetizar más rápido, actuar de forma independiente y maximizar el valor. Ahí es donde la situación trasciende a los EAU. Si un productor se adelanta, otros podrían empezar a hacerse la misma pregunta”, dice un exfuncionario de la OPEP.
Una decisión geopolítica
Por otra parte, en el contexto de una guerra en desarrollo en Medio Oriente, resulta relevante considerar que el país que abandona la OPEP y la OPEP+ es uno de los principales aliados de Estados Unidos e Israel en el Golfo Pérsico. En 2020, Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el primer Estado de la región en normalizar relaciones diplomáticas con Tel Aviv, tras firmar los Acuerdos de Abraham impulsados por la administración de Donald Trump.
Se trata de una posición desde la cual EAU ha mostrado diferencias sustantivas con sus vecinos, especialmente en el contexto del conflicto bélico, donde junto a los otros cinco integrantes del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -Arabia Saudita, Bahréin, Omán, Qatar y Kuwait- fue blanco de los ataques de Irán, que optó por esa vía para tomar represalias por los ataques estadounidenses e israelitas.
El director para Medio Oriente de Eurasia Group, Firas Maksad, señaló que “algunas de las diferencias políticas se han acentuado debido a las distintas posturas sobre la guerra en respuesta a la amenaza iraní: los Emiratos Árabes Unidos han redoblado su apoyo a Estados Unidos e Israel, mientras que otros países están diversificando sus inversiones y buscando cobertura”.
En tanto, en Capital Economics, relatan que “EAU ha mostrado frustración a medida que el conflicto se ha prolongado, criticando la respuesta del resto del CCG”. En ese contexto, indican que “el anuncio es otra señal de que EAU está dispuesto a generar tensiones dentro del CCG, especialmente en su relación con Arabia Saudita”.
Según detalla la consultora británica, “ambos países estaban estrechamente alineados cuando el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman ascendió en la jerarquía real hace una década. Más recientemente, sin embargo, han tenido crecientes diferencias en diversos asuntos regionales, incluidos los conflictos en Sudán y Yemen. Arabia Saudita también ha intentado desafiar el papel de EAU como centro empresarial y financiero de la región”.
Negociaciones estancadas
Durante la jornada de este martes, los ojos del mercado siguieron puestos en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para terminar con la guerra.
Ante el evidente estancamiento del diálogo, este martes el petróleo escaló en torno a 3%, de manera que el Brent cerró la sesión en US$ 111,26, mientras que el WTI lo hizo en US$ 99,93.
Washington se ha manifestado disconforme frente a la más reciente propuesta de Teherán, la cual considera poner fin a las hostilidades con un levantamiento de los bloqueos de sus puertos y del estrecho de Ormuz dejando para una etapa posterior la negociación nuclear.
En línea con trascendidos respecto a la inconformidad de Trump, el secretario de Estado, Marco Rubio, argumentó en Fox News que Irán solo está dispuesto a reabrir el estrecho al tráfico marítimo si mantiene el control de la ruta.
“Eso no es abrir los estrechos. Son vías navegables internacionales. No pueden normalizar, ni podemos tolerar que intenten normalizar, un sistema en el que los iraníes decidan quién puede usar una vía navegable internacional y cuánto hay que pagarles por usarla”, señaló el jefe de la diplomacia estadounidense.