La Región de Atacama puso en marcha su mayor apuesta histórica en turismo, tras la aprobación de un programa financiado con recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional FNDR que supera los $ 4.600 millones. La iniciativa busca reactivar la industria y posicionar al territorio como un destino atractivo tanto a nivel nacional como internacional.
El plan aprobado por el Consejo Regional tendrá una duración de dos años, comenzando en 2026 hasta 2027 y marca un salto relevante frente a iniciativas anteriores, ya que el monto representa un incremento de 71,8% respecto del último programa turístico impulsado en la región.
Estrategia para atraer turistas
La estrategia se centrará principalmente en visibilidad y posicionamiento. Para ello, contempla campañas comunicacionales en medios tradicionales y digitales, generación de contenido promocional, participación en ferias nacionales e internacionales e incluso busca realizar campañas con creadores de contenido con el objetivo de instalar a Atacama en mercados estratégicos y ampliar su alcance.
A diferencia de planes anteriores, el programa también incorpora un componente directo de fortalecimiento de la industria local. Se incluyen capacitaciones y certificaciones para prestadores de servicios turísticos, orientadas a mejorar estándares de calidad y elevar la competitividad del sector en el mediano plazo.
La cartera de iniciativas se desplegará en comunas como Copiapó, Caldera, Bahía Inglesa, Vallenar y Chañaral, entre otras, combinando promoción, desarrollo de oferta y apoyo a comerciantes locales. Con ello, el Gobierno busca articular mejor el ecosistema turístico regional, donde conviven emprendimientos y servicios varios.
Potenciar atractivos de la región
El foco está en potenciar atractivos ya consolidados de la región, como las playas de Bahía Inglesa, el Parque Nacional Pan de Azúcar, el Desierto de Atacama -especialmente durante el fenómeno del desierto florido- y los valles interiores, que han ido ganando espacio en la oferta turística.
El foco apunta a diversificar la economía de Atacama, históricamente concentrada en actividades mineras y abrir espacio a sectores que generen empleo y movimiento local. En ese escenario, el desafío no es sólo atraer más turistas, sino mantener ese flujo en el tiempo, extendiendo la temporada alta y consolidando una oferta que funcione durante todo el año.