Además del centro de Santiago, la concurrida esquina de Pedro de Valdivia con Providencia concentra una de las zonas más tradicionales para el cambio de divisas, una actividad que por todo el país ha tenido de las semanas más movidas en el precio del dólar en casi un año. Una actividad febril entre los operadores que deben ajustar con inusitada frecuencia el tobogán de los precios del mercados, pero al mismo tiempo con una mayor cautela de los clientes nacionales ante la alta volatilidad del dólar.
"Estoy así todo el día", dice Claudio Miranda, operador de Casa de Cambio Providencia, sin despegar los ojos de una plataforma con las cotizaciones minuto a minuto de la divisa. Cerca, otras casas de cambio mantenían un cartel de "consulte" sobre las pizarras a público, sin un precio fijo de los valores para la compra y venta del dólar debido a la rapidez con que podían quedar desactualizados.
La guerra que lanzaron a fines de febrero Estados Unidos e Israel contra Teherán provocó una sacudida de proporciones en los mercados, por el alza en el precio del petróleo por el cierre del estrecho de Ormuz, que disparó el precio del dólar en el mercado chileno luego de un enero y febrero en que había caído sostenidamente. El 9 de febrero el dólar en operaciones bancarias marcó un mínimo en 2025 de $ 853,21, pero el 13 de marzo cerró a $ 920,11. A inicios de marzo, el tipo de cambio llegó a marcar una variación de casi $ 30 en solo un día.
“Antes subía el dólar y seguía la otra semana con alza. Ahora no: está un par de días al alza y se cae y, al día siguiente, empieza de nuevo a subir. No hay estabilidad en este minuto”, explica el operador Miranda.
Jonathan Maureira, operador de la casa de cambios Afex, concuerda con el relato de Miranda y menciona que el flujo de público chileno ha tendido a disminuir producto de la cautela ante las sacudidas de los mercados. “La mayoría de los días las personas nos preguntan por qué subió tanto el dólar y si va a seguir subiendo”, señala Maureira.
“Se trata de aguantar el precio lo más que se pueda dentro del alza que se ve”, comenta Maureira, sobre los movimientos en las pizarras, últimamente más bruscos que lo habitual. Sin embargo, advierte que esto depende de la magnitud de las variaciones, ya que “si son un par de pesos, quizás se puede aguantar; pero, por ejemplo el 3 de marzo varió hasta $ 20 en el día y eso no se puede sostener”.
Pero si bien hay cautela, los movimientos también han llevado a una mayor afluencia de extranjeros que envían remesas a sus familias en el extranjero. “Cuando sube el dólar no nos conviene (cambiar divisa) porque aumenta más el envío. Y si lo pagamos con débito igual te cobran más”, señala una mujer que prefirió no revelar su nombre, mientras cambiaba dólares a soles peruanos para mandar a su familia en Perú.
Con el tobogán de los precios en el día los ojos frente a la competencia están más atentos que nunca y eso también incluye las variaciones de otra divisa clave: el euro. "Si yo estoy vendiendo a 1.030 el euro y al frente está a 1.031, la persona va a cruzar por aunque sea por un peso", explica Miranda.
Una presión que tiende a suavizarse si la casa de cambio se encuentra más distante de alguna otra, como reconoce el dueño de una de las casas de cambio que opera en las proximidades del Metro Manquehue, que tiene menos que esquinas en Providencia o el centro de Santiago. "No mover tanto la pizarra es un lujo posible sólo porque tengo una clientela fiel", señala, sin revelar su nombre.