La visita a la ciudad de Buenos Aires de la ministra de Energía de Chile, Ximena Rincón, junto a una delegación de empresas del sector y autoridades de ambos países, dejó como principal resultado la definición de una hoja de ruta para avanzar hacia un futuro acuerdo de integración energética entre ambos países.
El entendimiento inicial no constituye aún un pacto formal, pero sí establece los primeros bordes de un proceso de trabajo bilateral que apunta a ordenar una agenda que durante los últimos años ha avanzado de manera intermitente.
El mecanismo acordado contempla la instalación de una instancia técnica entre las cancillerías y los ministerios de Energía, con una segunda reunión programada en Santiago dentro de las próximas dos semanas. Ese encuentro debería concentrarse en definiciones regulatorias y comerciales más precisas, que sirvan como base para un eventual marco jurídico de cooperación de mayor alcance.
Hoy el eje del acercamiento se concentra en gas natural y transmisión eléctrica. Argentina exhibe un aumento relevante en la producción de Vaca Muerta, mientras Chile enfrenta restricciones estructurales en su sistema eléctrico, en particular en el norte grande, donde la expansión de generación solar y eólica supera la capacidad de transmisión hacia los centros de consumo.
Ese desajuste ha derivado en episodios de vertimiento de energía renovable, es decir, en la pérdida de producción limpia que no puede inyectarse al sistema por limitaciones de red. El fenómeno, que ha ganado relevancia en los últimos años, abre una ventana para pensar esquemas de intercambio energético regional que permitan reducir desperdicios y mejorar la eficiencia del sistema en su conjunto.
En ese contexto, la ampliación de la demanda regional aparece como una vía para optimizar el sistema eléctrico, reducir pérdidas y aprovechar mejor la oferta disponible, abriendo la posibilidad de esquemas de intercambio energético y proyectos de desarrollo productivo binacional.
La expectativa es que un eventual acuerdo de integración energética no solo facilite el comercio de energía, sino que también habilite proyectos asociados en minería, infraestructura y desarrollo industrial en ambos países.
Dentro de las alternativas en evaluación surge la posibilidad de incorporar mecanismos de incentivo a la inversión inspirados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) vigente en Argentina, con esquemas de estabilidad tributaria y cambiaria aplicados a proyectos estratégicos. La idea, aún en etapa exploratoria, apunta a reducir incertidumbre regulatoria y facilitar la llegada de capital intensivo.
Oportunidades concretas
Alejandro Larrive, vicepresidente de la Cámara Chileno Argentina de Comercio, sostiene que la integración energética abre beneficios recíprocos apoyados en infraestructura ya instalada. “No estamos hablando de ideas abstractas, sino de infraestructura existente que puede utilizarse mejor en electricidad, gas, petróleo y logística”, señala.
En el norte de Chile, agrega, la alta disponibilidad de energía solar convive con restricciones de transmisión, lo que abre espacio para soluciones de integración regional. En ese marco, destaca el potencial de la línea InterAndes de AES Andes como herramienta para exportar energía hacia el norte argentino o profundizar la integración eléctrica.
Esto permitiría, además, aprovechar excedentes renovables chilenos y otorgar mayor flexibilidad al sistema argentino.
En gas natural, el foco está puesto en Vaca Muerta como plataforma de abastecimiento hacia Chile, donde ya existen gasoductos operativos hacia distintas zonas del país. El principal obstáculo, plantea Larrive, es regulatorio.
“El desafío ahora es avanzar en reglas y regulaciones que permitan que ese gas competitivo llegue efectivamente a los consumidores industriales y residenciales chilenos. Se requiere previsibilidad, contratos de largo plazo y marcos regulatorios modernos en ambos países”, afirma.
En petróleo, destaca el acuerdo entre ENAP y productores argentinos a través del Oleoducto Trasandino como una experiencia concreta en funcionamiento. El sistema transporta cerca de 70.000 barriles diarios, con potencial de expansión.
“Eso beneficia a Argentina como exportador y a Chile en seguridad de suministro, utilización de infraestructura y actividad logística”, subraya.
La integración, añade, también abre oportunidades logísticas más amplias vinculadas a la industria energética, especialmente en el contexto del desarrollo de Vaca Muerta y el rol potencial de los puertos chilenos como puerta de entrada desde el Pacífico para equipos e insumos.
En materia regulatoria, el énfasis está puesto en la estabilidad y la no discriminación como condiciones habilitantes para inversiones de largo plazo. La visión apunta a consolidar a Chile como un mercado confiable para contratos energéticos de largo plazo, con reglas claras, previsibles y mayor flexibilidad comercial.
Un caso concreto del impacto de esta integración se observa en Magallanes, donde la mayor disponibilidad de gas -tanto local como argentino- permitió a Methanex operar su planta a plena capacidad durante el último año, algo que no ocurría hace más de una década.
Para Larrive, ese ejemplo sintetiza el potencial del proceso en curso. “Cuando existen reglas claras y visión de largo plazo, la energía deja de ser un tema de tensión y se transforma en una oportunidad compartida”.
El gerente general de Transemel, Rodrigo Guerrero, subraya que esta iniciativa abre una ventana de oportunidad concreta para que Chile y Argentina pasen de estar simplemente conectados a una integración real en materia eléctrica y de gas.
“Eso se traduce directamente en menores precios, mayor seguridad energética y mejor calidad de vida para las personas. Lo que vemos hoy es que ambos gobiernos no se están quedando en el papel: la intención es materializar inversiones concretas, y eso es exactamente lo que se necesita”, indicó.