La presidenta del Banco Central, Rosanna Costa, se refirió este martes al efecto que tendrá en la inflación la guerra en Medio Oriente: en el seminario "Nuevos vientos de la economía 2026", organizado por Sofofa y la Universidad del Desarrollo (UDD), recordó que mañana miércoles se dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo, que se anticipa registrará el impacto del aumento en los combustibles derivado del alza del petróleo por el conflicto.
De esta manera, señaló que el actual escenario “es desafiante” y que en principio se puede pensar que la guerra sería un shock de oferta, significativo pero transitorio. “Su efecto permanece en el nivel de inflación por un tiempo, pero no necesariamente provoca una persistencia o propagación que cambie las presiones inflacionarias de mediano plazo”, explicó.
Y comparó la situación con la de 2024, cuando fue el alza de las tarifas eléctricas, lo que valió un incremento de 1,5 puntos porcentuales en la inflación.
En dicha ocasión se provocó un shock de la oferta, contaba con un plazo -que tuvo un período de siete meses- y su impacto estuvo concentrado principalmente en los hogares. Además, señaló, no comprometió el impulso externo para la economía chilena, por lo que su impacto en la actividad y la demanda fue más acotado que el shock global actual.
“En ese contexto, acomodamos el shock, permitiendo una inflación transitoriamente más alta y continuando la trayectoria esperada de la TPM hacia su rango de valores neutrales. De hecho, la inflación retornó a la meta en enero de 2026, antes del plazo de dos años, y la TPM se redujo en 150 puntos base entre junio de 2024 y diciembre de 2025”, explicó Costa.
Así, acerca del conflicto en Medio Oriente, la presidenta indicó que “provocará un aumento importante de la inflación en el corto plazo, pero no es tan evidente cuál será su efecto de mediano plazo”.
Costa aseguró que en el escenario central no pone en riesgo la convergencia de la inflación a la meta dentro del horizonte de dos años. No obstante, podría ocurrir otros dos escenarios.
El primero, en que la magnitud y persistencia impliquen una propagación mayor que la prevista y provoquen mayores presiones inflacionarias de mediano plazo. Mientras que un segundo escenario contempla que el impacto negativo de la guerra en la demanda sea mayor a lo considerado y/o se intensifique a través del canal financiero, lo que provocaría presiones inflacionarias de mediano plazo.
Además, existe una cuarta opción, donde las dos opciones previas convivan y se deba evaluar cuál es el efecto que prevalecerá en la inflación.
“Con la información disponible hasta ahora, no resulta evidente cuál será el camino que tome el escenario macroeconómico. Conducir la política monetaria en estas circunstancias tiene una dificultad adicional”, explicó.
Por lo que, en este contexto en el cual el escenario central está sujeto a mayor incertidumbre, dijo que resulta "especialmente relevante" monitorear su evolución y evaluar escenarios alternativos, "algo a lo que el Consejo estará particularmente atento a señales de mayor transmisión y/o persistencia de la inflación", cerró.