Ciencia, tecnología y bioética
Andrea Leisewitz Coordinadora de Ética, Bioética y Bioseguridad Vicerrectoría de Investigación U. Católica
Por: Andrea Leisewitz
Publicado: Lunes 21 de julio de 2014 a las 05:00 hrs.
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No hay duda alguna que los avances en ciencia y tecnología han permitido mejorar nuestra calidad de vida ofreciendo soluciones que antes no existían. Los nuevos desarrollos apuntan a potenciar y favorecer nuestro bienestar, sobre todo los generados en el ámbito de la biomedicina, donde siempre imaginamos que nos puede beneficiar directamente. Todos estos avances ocurren cada vez más de una forma tremendamente acelerada.
En la cultura de la inmediatez en la que vivimos, pareciera que esta rapidez es exigible, ejerciendo presión sobre los que producen investigaciones y nuevos productos. Esto lleva a una situación de permanente estrés. Pero, ¿hasta qué punto este deber de producir rápido es un aspecto que beneficia? Los investigadores y desarrolladores deben lidiar permanentemente con investigar y producir antes que otros, publicar en las mejores revistas de la disciplina, generar patentes, productos nuevos... respetando siempre los códigos de buenas prácticas y la forma adecuada de desarrollar su trabajo. Esto pareciera ser de sentido común. Sin embargo, el trabajar responsablemente, de alguna forma se presenta como una traba a la producción rápida, a generar impacto, a ser reconocido o simplemente al hacerse millonario.
Es así como nos encontramos con un número considerable de fraudes científicos, fabricación o falsificación de datos y resultados. Esto impacta enormemente a la sociedad, no sólo porque se han malgastado fondos públicos, sino que porque los resultados obtenidos no son válidos y todo lo que se ha basado en dichos resultados, tampoco lo es. La sociedad confía en que los avances se han producido de forma responsable en toda y cada una de sus etapas, las nuevas investigaciones confían y se basan en investigaciones anteriores, los gobiernos confían y generan políticas públicas. Y ¿cómo no confiar? Se debe confiar para progresar.
El desafío más grande entonces, junto con generar investigación y tecnología que impacte y beneficie, es honrar esa confianza puesta en investigadores y desarrolladores y mantener la integridad y las buenas prácticas asociadas. Sólo basta con preguntarse por el objetivo de nuestro propio quehacer y la importancia del trabajo responsable.
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