La Reserva Federal de Estados Unidos se vio sacudida por discrepancias, de manera que no fue la tasa de interés la que acaparó la atención del mercado.
Siguiendo lo esperado por el mercado, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) mantuvo la tasa de referencia de los fondos federales entre un 3,5% y un 3,75%, siendo esta la tercera reunión consecutiva en la que el comité no la modificó a pesar de haber calificado la inflación como “alta”.
“Los acontecimientos en Medio Oriente están contribuyendo a un alto nivel de incertidumbre sobre las perspectivas económicas”, informó la institución en el comunicado.
Bajo ese contexto incierto es que la reunión más reciente del FOMC estuvo marcada por los mayores disensos en la institución desde 1992.
La primera oposición a la política monetaria que se definió provino, para sorpresa de pocos, del gobernador Stephen Miran, uno de los asesores económicos y arquitectos de las políticas arancelarias del Presidente estadounidense, Donald Trump, quien se mostró a favor de realizar un recorte de 0,25 puntos, algo por lo que se había inclinado anteriormente.
Los otros tres votos en contra fueron de los presidentes regionales Neel Kahskari de Minneapolis, Beth Hammack de Cleveland y Lorie Logan de Dallas, aunque los fundamentos de su disenso fueron completamente diferentes.
Los tres consideraban apropiado mantener las tasas de interés estables, pero votaron en contra de la decisión porque se oponían al “sesgo expansivo” de la declaración de política monetaria, es decir, a la redacción que sugiere que la Reserva Federal acabaría reanudando la bajada de tasas.
Para el economista de la región de Norteamérica de Capital Economics, Thomas Ryan, esta oposición “resalta una división renovada entre los funcionarios en Washington D.C. y aquellos fuera de la capital, siendo estos últimos los más preocupados por los riesgos de una inflación al alza”.
Al ser consultado sobre si su decisión busca contrarrestar la influencia de Trump en la Fed, Powell respondió: “Sí, eso es realmente lo que está impulsando esto”, aunque aclaró que no será un disidente de alto perfil.
Powell como contrapeso
Justo en medio de estas divisiones, en la que fue su última conferencia de prensa al mando de la Fed, Jerome Powell informó que continuará en la institución como gobernador.
Al ser consultado sobre si esta decisión se puede entender como una forma de contrapeso ante la influencia de Trump en la Reserva Federal, Powell señaló: “Sí, eso es realmente lo que está impulsando esto”, aunque matizó señalando que su intención no es ser un “disidente de alto perfil”.
Con Jerome Powell aún presente en la Reserva Federal, el exbanquero y abogado de 73 años le niega la mayoría en la Junta de Gobernadores a Donald Trump y las posibilidades de nombrar a otro miembro.
Si se cuenta a Kevin Warsh, pronto a ser confirmado como sucesor de Powell (revisar recuadro), el Presidente estadounidense tendría en total a tres de siete personas designadas en la junta directiva, con los gobernadores Christopher Waller y Michelle Bowman.
Stephen Miran, otro seguidor de Trump, deberá dejar su cargo el 15 de mayo, lo que significa que “la incorporación de Kevin Warsh al FOMC no alterará el equilibrio entre los partidarios de una política monetaria expansiva y los de una política monetaria restrictiva, ya que Warsh ocupará el puesto de Stephen Miran, dado que el puesto de Powell no estará vacante por el momento”, dijo a CNBC Josh Jamner, analista sénior en ClearBridge Investments.
Powell versus Trump
De todas maneras, en lo que refiere a la permanencia de Powell en la Fed, según sus propias palabras, la motivación principal fue una serie de “ataques ilegales” contra su persona. “Me quedo debido a las acciones del gobierno”, alegó, y calificó las críticas de Trump como personales en muchas ocasiones y “sin precedentes en nuestros 113 años de historia”.
“Dejaré la Fed cuando crea que es apropiado”, declaró, y reiteró que “la independencia de la Fed está en peligro”.