Paolo Bortolameolli, Romeo & Julieta y la fiesta electrónica sub30 en el Municipal de Santiago: “Hace un match muy virtuoso”
Por estos días el director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago está dirigiendo el ballet Romeo y Julieta, con coreografía de John Cranko y la música de Sergei Prokofiev. Es además el primer cruce entre dos de sus amores: el Teatro Municipal de Santiago y la iniciativa CNC Clásica no Convencional. Hoy debuta la primera Experiencia sub30 que tras la función del clásico de Shakespeare invita a los espectadores a disfrutar de una fiesta electrónica.
Por: Sofía García-Huidobro
Publicado: Jueves 9 de abril de 2026 a las 14:45 hrs.
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“Sigue siendo raro contar esta historia sabiendo cómo terminó, porque yo jamás pensé cuando tenía 7 años y fui a un concierto de la mano de mi papá que terminaría trabajando ahí. La ejecución de la 5ta sinfonía de Beethoven me produjo una emoción de muchas dimensiones y me puse a llorar. Mi papá se emocionó mucho con mis lágrimas, me llevó a conocer al maestro Michelangelo Veltri y él me preguntó por qué estoy llorando, me abrazó y me dijo: ‘Por esto hacemos lo que hacemos’. Y cuando me dijo eso, lo hizo en el camarín del director titular, que ahora es mi camarín. Esa persona cambió mi vida y terminé siendo él. Es super emocionante”, narra Paolo Bortolameolli.
-Este es tu primer año como director titular de la Filarmónica. Decías que era un sueño. ¿Cómo está siendo ese sueño hecho realidad?
-Estoy viviendo el sueño, súper contento. Realmente estoy disfrutando tanto, pero tanto. Con la orquesta tengo una relación muy linda, fluida, de mucha química, de humor, pero al mismo tiempo de gran trabajo. Esta es una orquesta que realmente admiro hace muchos años. Me gusta su sonido, su capacidad de trabajo, es muy rápida independiente del desafío. Imagínate que en marzo tocaron piezas de Bruckner, Shostacovik, Mahler y ahora Romeo y Julieta.
Realmente es una intensidad que habla increíblemente bien de una orquesta. Sólo admiración por ellos. Los ensayos son eficientes, pero al mismo tiempo relajados en el mejor de los sentidos. El ballet, lo mismo, es un orgullo para Chile y Latinoamérica realmente. Y por otra parte, con Carmen Gloria Larenas (directora ejecutiva del Teatro Municipal de Santiago) estamos super alineados en lo que queremos, tenemos conversaciones permanentemente, nos llevábamos muy bien. El trabajo de comunicaciones y de marketing digital, también, todo el contenido que está creando, ha generado muchísima atención de parte del público.
-También eres parte de CNC, Clásica no convencional, iniciativa que como indica su nombre organiza conciertos de música clásica en lugares no convencionales, como el estacionamiento de un edificio o una carpa de circo en un parque urbano. Por primera vez van a hacer un cruce entre CNC y el Municipal que tiene que ver con las funciones de Romeo y Julieta.
-Sí, uno de los proyectos nuevos del Teatro Municipal es una experiencia sub 30 y que es justamente para menores de 30 años: para los que se vayan por primera vez o para quienes lo descubran de otra forma. ¿Por qué menos de 30? Porque es un acercamiento específico a las nuevas generaciones. Esto conlleva un factor económico porque las entradas están a 50% de descuento y segundo, tiene que ver con que el espectáculo mismo, Romeo y Julieta, y algunos momentos previos, del intermedio y post función que estarán intervenidos con el imaginario de CNC. Es sorpresa entonces no puedo adelantar mucho pero finalmente termina con una fiesta a cargo de un dj y eso es muy CNC. Se trata de un match muy virtuoso.
Existe una especie de sinergia, porque hay gente que no había tenido acceso a la música clásica y a través de CNC la encontraron especialmente estimulante. Y viceversa. Siempre creí que era un crossover que tenía que pasar y está pasando.

-Recientemente fuiste nombrado próximo Director musical Virginia G. Piper de la Phoenix Symphony. ¿Qué significa este paso en tu carrera?
-Es parte del crecimiento. Quería hacerme cargo de una orquesta en Estados Unidos, de alguna manera lo tenía como meta porque me formé ahí; estudié Master of Music en la Yale School of Music y en el Conservatorio Peabody de la Universidad Johns Hopkins, después trabajé en la Filarmónica de Los Ángeles con Gustavo Dudamel. Se transformó en un lugar donde desarrollé gran parte de mi vida profesional. Entonces me pone contento y es súper complementario porque las temporadas del hemisferio norte y sur se alternan. Por otra parte, es una orquesta que está en un súper buen momento, hay un directorio que está con todas las ganas, trajeron un nuevo CEO. Además, Phoenix tiene un 48% de población latina y eso es increíblemente desafiante. Podría ser también un conector para esas audiencias latinas.
Una cofradía
-Ha pasado algo de agua bajo el puente, pero igual inevitablemente quiero preguntarte tu opinión sobre las polémicas declaraciones del actor Timothée Chalamet respecto de la poca popularidad que tendrían, según él, la ópera y el ballet.
-Francamente, me lo tomé como desde la otra vereda. Dije: ¡qué bonito que en 48 horas, o menos, hubo una especie de cofradía entre todos los teatros del mundo, las compañías, los cantantes de ópera, los bailarines, las orquestas, de decir: ‘acá estamos’. Uno podría pensar que él, viniendo de una familia artista, es muy probable que no quiso decir eso. Creo que fue una mala forma de expresar que él no quería que el cine cayera en una especie de nicho. Insisto, fue una oportunidad para poner la lupa a lo que significa dedicarse a esto, a los años de estudio, a la disciplina, a la cantidad de gente que trabaja para contar estas historias. Es súper importante tomar en cuenta que hoy en día los teatros del mundo están súper atentos a llegar a nuevas audiencias y mostrar procesos, que es algo que me encanta y que está haciendo el Municipal de Santiago. Fue una polémica importante, pero al mismo tiempo creo que fue algo positivo como una especie de constatación de que estamos en la misma.
-¿Te sorprendió lo apasionada y contundente que fue esta respuesta?
Totalmente, aparte que fue bien ocurrente. Hubo gente bien creativa que hizo memes, lo usó con humor y como herramienta de marketing. Diciendo: ‘nosotros también generamos contenido inteligente, lúdico, para traer gente a ser parte de nuestro mundo’. Creo que una de las cosas más de las primeras respuestas fue de la Ópera de Los Ángeles que dijo "Timothy. Nos encantaría que vinieras a una función de lo que estás haciendo, pero lamentablemente todas las entradas agotadas". Lo encontré genial porque es verdad. Efectivamente, la gente que no tiene mucho contacto con el mundo de la ópera, del ballet, pudiese tener una percepción un poco equivocada. Recibimos mucho un comentario que me parece súper válido: “la música clásica se dejó de escribir hace 100 años”. Yo les digo que hay gente estudiando composición todavía, siguen sacando obras nuevas que se están estrenando.
Finalmente el ejercicio de la música clásica tiene que ver con la realización in situ. No estamos solamente presentando una especie de curatoría de museo donde traemos permanentemente cuadros que fuese que fueron pintados hace 200 años, sino que lo que estamos haciendo nosotros es que esa música suene, es música viva y en ese sentido es sumamente vigente porque se sigue creando.
-Y en 100 años más podremos estar disfrutando obras que se están componiendo hoy.
Sin duda alguna. Hay compositores vivos que son tremendamente populares. Voy a nombrar un par de compositores norteamericanos salieron muchos memes: John Adams o Philip Glass. Se estrenan sus conciertos, sus óperas, están sus obras sinfónicas en todos los teatros del mundo. Una compositora latinoamericana importantísima en este momento es Gabriela Ortiz, una persona tremendamente cercana, pero al mismo tiempo sumamente talentosa y muy productiva. Acaban de ganar un Grammy con un disco que grabaron con la Filarmónica de Los Ángeles y Gustavo Dudamel sobre el ballet Revolución Diamantina. Esto fue escrito hace dos años entonces. A veces es simplemente falta de conocimiento porque hay una producción permanentemente llevándose a cabo.
-Te toca trabajar directamente con la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. ¿Cómo observas a estas nuevas generaciones?
Los últimos años se ha puesto mucha atención lo que está ocurriendo en Latinoamérica donde hay gente tremendamente talentosa, con una sensibilidad muy especial. Y en ese sentido, nuestra identidad latinoamericana es muy potente. En el caso de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil siempre destaco que vivimos en un momento como humanidad donde estamos un poco sumergidos ante las preocupaciones que tienen con el futuro, con la IA, qué va a pasar con los trabajos, cuántos van a caducar, cuántos van a ser reemplazados. Y no puedo más que admirar que haya todavía tanta gente joven que tiene la meta de dedicarse a algo que en esencia tiene que ver con el aquí y el ahora.
Porque finalmente los años de preparación, de perseverancia, de resiliencia, de trabajo en equipo, cuando se lo vas a presentar a un público, ese acto de aquí y ahora, está resignificándose de forma aún más profunda. Cuando los veo estudiando, repasando sus pasajes, siendo conscientes de que ensayo tras ensayo van perfeccionándose, lo siento emocionante porque hoy vivimos llenos de distracciones, con la amenaza de las pantallas, el haber perdido la capacidad de estar concentrados mucho rato en algo, estar así con el dedo todo el día haciendo scroll. De alguna forma estamos recableando nuestro cerebro para no estar enfocados y si alguien decide dedicarse a aprender un instrumento es como ir en contra la corriente, pero de una forma súper bella.
-Una manera de rebelarse. ¿Por qué crees tú que se instalan con tanta fuerza las visiones más negativas? No son pocos los niños y los jóvenes que se entusiasman con una disciplina deportiva, o en este caso con la música y se enamoran de un instrumento.
-Es una pregunta interesante. No tengo la respuesta, pero tengo reflexiones. Efectivamente es como un acto rebelde: ‘No voy con la tendencia, voy a hacer algo distinto’. Y es también un acto inevitable, de alguna manera estamos rescatando nuestra humanidad, pero de una forma instintiva. Es cierto que uno de los máximos logros humanos tiene que ver con tecnología y que hemos ocupado nuestra inteligencia para desarrollar elementos que nos faciliten la vida o que nos den placer. Pero creo que eso no es natural a nosotros, el estímulo que estamos viendo hoy en día no se alinea con nuestro hardware, por ende, esta enajenación en la que estamos viviendo nos empuja a reencontrarnos con actividades que sean intrínsecamente humanas. Y eso sí creo que tiene que ver con el encuentro. Vamos a darnos cuenta de que encontrarnos con el otro tiene una vitalidad irreemplazable. El arte escénico se trata de la acción, de estar sentado con un compañero de butaca observando a otros que son una extensión de nuestra propia expresión. Creo que estos actos de volver a convertirnos en una tribu son genuinamente humanos y por eso reivindico el que tengan todavía mucha fuerza. En el teatro el público está sintiendo lo mismo, la gente se ríe al mismo tiempo, se asusta, se emociona. Y eso te entra por los poros.
-Días atrás estuviste dirigiendo a la Filarmónica de Santiago interpretando a Gustav Mahler. ¿Cómo te levantas tú el día que toca función? ¿Hay algo distinto?
-Sí y no. Ser director titular de la Filarmónica y de la Sinfónica Juvenil implica un día a día muy sobrecargado, sea ensayo o función. Me ha tocado que estoy metido en una reunión de programación y me paro directamente a dirigir un concierto.
- No alcanzas a tener el momento en el camarín con la mente completamente en blanco.
-Lo intento por lo menos unos 15 minutos. Pero me refiero que lo vertiginoso, el día a día bastante independiente que haya ensayo o función. Finalmente, los ensayos son la preparación para cuando llega el concierto, sentir: ‘Listo, aquí estamos’. Y lo digo en plural siempre porque todos sentimos lo mismo. El público se queda en silencio. Yo salgo y comienza la primera nota. Hay una energía distinta.
- ¿Cómo podrías describir lo que pasa en tu cabeza mientras está dirigiendo? ¿Un trance? ¿Un torbellino?
-Es bien difícil de describir porque una parte sí. Hay un goce muy enorme, sobre todo cuando uno hace música y siente que hay una conexión real con los músicos. Pero también estás consciente de la responsabilidad, guiando un camión muy grande. No hay espacio de distracción. Cuando estás dirigiendo una ópera estás atento a los cantantes, al coro, a la orquesta, a los movimientos escénicos. Ahora estoy dirigiendo Romeo y Julieta y estoy súper atento a los bailarines porque es otro mundo. Ellos tienen una memoria muscular, entonces es muy milimétrico entender el gesto, el salto, la cantidad de vueltas que tienen que dar y que esto sea en sincronía con una velocidad exacta, porque si es más rápido no alcanzan, si es más lento el cuerpo se cae, entonces es otro tipo de atención.
-¿Y cómo bajas esa intensidad cuando se acaba la función?
-Los últimos años me ha tocado tener una agenda full. Es raro que no tenga una función un viernes o sábado. Obviamente es bello cuando se trata de un repertorio que te gusta mucho u obras que son particularmente complejas. Si llegamos a puerto de manera exitosa te queda el corazón lleno. Pero ya no me pasa como hace años atrás. Generalmente me cambio de ropa y me voy a mi casa o tengo una comida, o que volver al hotel para agarrar un avión.
-¿Siempre hay música en tu cabeza?
-Sí, me cuesta desconectarme.
-Otro aspecto de tu quehacer profesional tiene que ver con la divulgación. Eso requiere tiempo y energía, ¿por qué es relevante para ti no dejarlo de lado?
-Requiere tiempo y energía, pero me encanta. Me gusta porque creo que los artistas deben tomar esa responsabilidad de tomar contacto con el público, no solamente por estar viviendo mayores desafíos respecto de la generación de audiencias, sino porque creo que entusiasmar desde tu amor a lo que haces es recibido de una forma muy distinta. Inevitablemente contagia otra energía.
Y además estoy absolutamente convencido, y por eso me gusta mucho lo que está haciendo el Teatro Municipal, que a la gente le gusta mucho saber sobre el proceso. Eso en la música clásica fue ignorado por los mismos músicos, porque estaba esta fijación que te enseñan desde el conservatorio que uno solamente muestra el producto final, ojalá lo más perfecto posible. Siempre me pareció una pérdida de oportunidad, porque al final te humaniza mostrar que es difícil y que uno se equivoca. Y que ensayas de nuevo lo mismo. Y los bailarines saltan el mismo salto miles de veces. Esto no es magia y verlo creo que te motiva más.
-¿Hay alguna obra que sea particularmente importante para ti?
-Desde que estrenamos la 8ª de Mahler en Chile se transformó en un concierto inolvidable para mí. El proceso fue como una aventura, hacer una obra que no había sido tocada en Chile por lo grande que es, requiere de muchísima gente, cientos de personas en el escenario entre coro, solistas. Se quedó en mi corazón como uno de esos momentos imposibles de olvidar. Aunque la dirija de nuevo, no será como esa primera vez.
-¿Cómo te imaginas en 20 años?
A los 63 años, para un director de orquesta es joven todavía (ríe). Todavía muy vigente. Supongo que haciendo muchas cosas, como siempre. Una de las cosas que me gustaría mantener es el vínculo con las orquestas juveniles. La energía que uno recibe de los jóvenes no se compara a nada. El hecho de darles un poco de conocimiento a cambio de su curiosidad. El tema de la divulgación también quiero mantenerlo, escribir libros, tengo el segundo en mi cabeza. Y con respecto a dirigir, no hay nada que disfrute más que estar frente a una orquesta.
-¿Te imaginas disfrutándolo igual en 20 años más?
Absolutamente.
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