Las esperanzas de un pronto fin a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán se enfriaron este miércoles en la noche, luego de que el Presidente Donald Trump reiterara que aún quedan dos o tres semanas más de conflicto y que no descarta golpear a la nación persa "con extrema dureza" durante ese tiempo, incluso hasta "devolverla a la Edad de Piedra, donde pertenece".
Por ello, los Países del Golfo activaron este jueves conversaciones para buscar ambiciosas alternativas que les permitan evitar el estratégico estrecho de Ormuz y seguir exportando petróleo y gas, al tiempo en que Teherán y Omán redactan en conjunto un protocolo para supervisar el tránsito sobre la controvertida vía marítima.
Según la agencia oficial de noticias IRNA, que citó al viceministro de Relaciones Exteriores de Irán, Kezem Gharibabadi, el país está elaborando el texto con el que buscan facilitar un paso seguro y proporcionar mejores servicios a los barcos, en lugar de imponer restricciones.
¿Por qué con Omán? Por ser una nación situada en la costa sureste de la Península Arábiga, clave geopolíticamente por controlar la ribera sur del estrecho a través de la península de Musandam. Esta ubicación le permite, así como a Irán, vigilar el paso de cerca del 20% del petróleo mundial que circula por la zona.
El plan de los vecinos
Mientras eso avanza y la incertidumbre se adueña del mundo, los países del Golfo pérsico están reconsiderando construir oleoductos para poder continuar con la principal actividad económica de la zona: la exportación de crudo.
Según reseñó el diario Financial Times, "funcionarios y ejecutivos de la industria afirman que los nuevos oleoductos podrían ser la única manera de reducir la persistente vulnerabilidad ante las interrupciones en el estrecho, a pesar de que dichos proyectos serían costosos, políticamente complejos y tardarían años en completarse".
Sin embargo, la situación actual ha puesto de relieve el valor estratégico del oleoducto saudí de 1.200 km que conecta el este y el oeste del país. Construido en la década de 1980 ante el temor de que la "guerra de los petroleros" entre Irán e Irak cerrara el estrecho, ahora es una vía de suministro vital que transporta 7 millones de barriles de petróleo al día al puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando por completo el estrecho de Ormuz.
El director ejecutivo de la estatal petrolera saudí Aramco, Amin Nasser, dijo el mes pasado a analistas que esa infraestructura es la "principal ruta que estamos aprovechando en este momento".
La apuesta por emprender este camino se ha estancado repetidamente por los altos costos y la complejidad. Sin embargo, Maisoon Kafafy, asesor principal de los programas para Medio Oriente del Atlantic Council, afirmó que el ambiente en el Golfo ha cambiado.
“Percibo un cambio de las hipótesis a la realidad operativa”, dijo. “Todos están viendo el mismo mapa y sacando las mismas conclusiones”.
En lugar de proyectos individuales, la opción más resiliente "no es un único oleoducto alternativo, sino una red, una maraña de corredores", agregó. Eso sí, reconoció que será una modalidad compleja de lograr.
"Se necesitan oleoductos, conexiones ferroviarias en toda la región, en tierra firme, sin crear cuellos de botella que nos obstaculicen", dijo Yossi Abu, director ejecutivo de la empresa israelí NewMed Energy, al abordar la idea.
La empresa privada libanesa Cat Group, de hecho, confirmó que ya ha "recibido consultas sobre diversos oleoductos".
Sin embargo, estas obras no escapan de los riesgos para la seguridad en la zona y la discusión respecto de quién las operará y controlará el flujo. Una red de oleoductos exigiría a los países del Golfo abandonar sus políticas individualistas y unirse.