Era poco después del mediodía de un día de invierno cuando Isak Andic, fundador de Mango, se detuvo para fotografiar las vistas desde un pico escarpado a las afueras de Barcelona. Jonathan Andic, el hijo mayor del multimillonario, era la única persona que lo acompañaba en la excursión. Después contaría que se adelantó unos metros, fuera del campo de visión de su padre.
Jonathan “oyó el ruido de piedras cayendo”. Se giró y “vio un cuerpo rodando por la maleza”. Isak, el hombre detrás de la cadena mundial de ropa, se precipitaba hacia la muerte. Su hijo “oyó un fuerte impacto y un gemido de dolor de su padre”. Esa fue la versión que Jonathan proporcionó a la policía el 14 de diciembre de 2024, el día en que una excursión a Montserrat acabó siendo mortal para uno de los hombres más ricos del mundo de la moda.
La muerte de Isak Andic, nacido en Turquía y afincado en España desde la década de 1970, se presentó inicialmente como un accidente. Sin embargo, esta semana sorprendió la decisión de levantar el secreto de sumario dado que Jonathan es ahora sospechoso en una investigación por homicidio.
También puso de relieve la turbulenta etapa de Jonathan al frente de Mango -un mandato al que Isak puso fin- y suscitó dudas sobre el futuro de la fortuna familiar, que ascendía a US$ 4 500 millones en el momento de la muerte de Isak y sigue siendo una de las mayores de Cataluña.
Las imágenes de Jonathan llegando esposado a un juzgado conmocionaron a Barcelona, donde la élite empresarial bulle de rivalidades e intrigas. La familia Andic ha defendido la inocencia de Jonathan, afirmando que no hay pruebas legítimas en su contra.
Pero la orden de la jueza Raquel Nieto Galván, en la que se exponen las pruebas que apuntan a un posible homicidio, también destapó una historia shakespeariana de rencor entre padre e hijo. Según Galván, su relación se vio envenenada por la gestión deficitaria de Jonathan como vicepresidente ejecutivo de Mango, su ansia de herencia y su “manipulación emocional” de Isak.
Las pistas
“Eran dos personas muy diferentes”, afirmó alguien a quien padre e hijo entrevistaron para un puesto de trabajo en Mango. “Isak era muy amable, muy simpático”, comentó esta persona. “Jonathan era más altivo, más arrogante, bastante engreído”.
Tras la muerte de Isak, Jonathan y sus dos hermanas heredaron el 95 % de Mango, quedando el 5 % restante en manos del director ejecutivo, Toni Ruiz.
Una personalidad catalana dijo que Jonathan era conocido por su “estilo de vida extravagante”. Su esposa, una influencer conocida como Paula Nata, llena Instagram de fotos de playas baleares, viajes en yate y de sí misma con atuendos de alta costura. Seis semanas después de la muerte de Isak, la revista Hola! informó que la pareja había pospuesto su fiesta de matrimonio debido al “terrible golpe”.
El abogado de Jonathan, Cristóbal Martell, ha condenado la resolución. “La teoría del homicidio carece de fundamento”, afirmó. “Pero, sobre todo, es dolorosa. Estigmatiza a un hombre inocente”. Jonathan quedó en libertad el mismo día de su detención tras pagar una fianza de un millón de euros.
Sin embargo, el juez señaló “contradicciones” en su relato de lo ocurrido durante la fatídica excursión. Jonathan dijo inicialmente a la policía que su padre se había detenido para hacer fotos, pero cuando se recuperó el cuerpo de Isak, su teléfono estaba en su bolsillo y no contenía ninguna imagen tomada en el último lugar en el que se había parado.
Jonathan dijo que había recorrido la misma ruta unas dos semanas antes, pero los datos de seguimiento del vehículo mostraron que había conducido hasta la zona tres veces durante la semana anterior. Su propio teléfono también desapareció en lo que el juez calificó de “circunstancias extrañas”.
Su secretaria dijo que se lo robaron durante un viaje de tres días a Ecuador en marzo de 2025, lo que, según señaló Galván, coincidió con las noticias de los medios de comunicación de que los investigadores habían reabierto el caso de la muerte de Isak.
Auge y caída
En 1981, el año en que nació Jonathan, su padre dirigía una empresa que comenzó vendiendo blusas importadas de Turquía. La empresa inició su expansión internacional en 1992. A finales de la década de 1990, Mango ya contaba con tiendas en más de 30 países. Jonathan entró a la empresa en 2005 y pasó a dirigir la división de ropa masculina, Mango Man, en 2007. En 2014 era uno de los dos vicepresidentes ejecutivos e Isak, entonces presidente, dijo que Jonathan “ejercía de” director ejecutivo.
Entonces las cosas se descarrilaron. La empresa se embarcó en un ambicioso plan para renovar las tiendas antiguas, abrir otras nuevas más grandes, y lanzar una serie de líneas de productos renovadas. Mango acumuló más de 600 millones de euros de deuda en 2016 y cayó en números rojos, con pérdidas de más de 100 millones de euros entre 2016 y 2018.
Testigos confirmaron que Jonathan cayó en una “crisis profesional, personal y familiar”. Isak retomó las riendas del negocio. Nombró a Ruiz director general en 2018, la empresa volvió a obtener beneficios en 2019 y Ruiz fue ascendido a CEO en 2020.
Jonathan fue enviado de vuelta para dirigir Mango Man y conservó su puesto en el consejo de administración. Sin embargo, siguió en desacuerdo con su padre, según escribió Galván. Jonathan tenía una “obsesión” por el dinero y quería asegurarse una herencia anticipada. En mensajes privados expresó “sentimientos de odio, resentimiento y pensamientos de muerte, y culpaba a su padre de su situación”.
Según la jueza, cuando Jonathan se enteró a mediados de 2024 de que Isak tenía la intención de destinar parte de su fortuna a una fundación filantrópica, su actitud dio un giro. La prioridad pasó a ser calmar las tensiones. Así surgió el plan de la excursión. “El padre, en un intento por reconciliarse con su hijo, accedió a la salida que éste le propuso”, escribió el juez, “para que los dos pudieran hablar a solas”.